Plays Metallica by Four Cellos – Apocalyptica
12 de junio de 1996
Zen Garden Oy
Cuatro chelos contra todas las reglas… un poco de contexto
Cuando Apocalyptica publicó Plays Metallica by Four Cellos en 1996, nadie podía imaginar el impacto que acabaría teniendo aquel experimento nacido casi como una broma entre estudiantes de la prestigiosa Academia Sibelius de Helsinki. Formados por Eicca Toppinen, Paavo Lötjönen, Antero Manninen y Max Lilja, los finlandeses compartían una pasión común por Metallica y decidieron reinterpretar sus canciones utilizando únicamente los instrumentos que dominaban: los violonchelos.

La idea parecía destinada a convertirse en una simple curiosidad para círculos reducidos. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. En una década donde el metal vivía una constante expansión estilística, Apocalyptica abrió una puerta completamente nueva. No se limitaron a versionar a Metallica, si no que además demostraron que la agresividad, la tensión y la emoción del metal podían sobrevivir sin guitarras, batería o voces.
Aquella apuesta rompió barreras entre música clásica y metal mucho antes de que las fusiones orquestales se convirtieran en tendencia. De repente, cuatro músicos armados únicamente con chelos estaban compartiendo escenarios con los propios Metallica apenas unos meses después de publicar su debut.
Los temas y cuando Apocalyptica desafió todas las reglas
Uno de los mayores logros de Plays Metallica by Four Cellos fue entender qué hacía especiales las composiciones originales. Apocalyptica no buscó copiar los temas, sino trasladar su esencia a un lenguaje completamente distinto.
«Enter Sandman», elegido como sencillo, se convirtió en la carta de presentación perfecta. Su riff principal mantenía intacta toda su personalidad incluso sin electricidad. «Master of Puppets» representó probablemente el mayor desafío técnico del disco, trasladando la complejidad de la composición a un formato donde cada matiz debía ser reconstruido desde cero.
La oscuridad de «Harvester of Sorrow», la melancolía de «The Unforgiven» y el peso casi mecánico de «Sad But True» encontraron una nueva dimensión gracias a los registros graves del chelo. Mientras tanto, «Creeping Death», «Wherever I May Roam» y «Welcome Home (Sanitarium)» demostraban la enorme capacidad narrativa del grupo para transformar canciones icónicas sin perder ni un ápice de identidad.
Lejos de sonar como simples versiones instrumentales, aquellas interpretaciones adquirían personalidad propia y sentaban las bases de lo que posteriormente sería el sonido característico de Apocalyptica.
La repercusión actual, 30 años de historia
Treinta años después, resulta imposible entender la historia de Apocalyptica sin este disco. Lo que comenzó como un homenaje acabó convirtiéndose en una de las carreras más singulares del metal contemporáneo. Más de seis millones de discos vendidos, colaboraciones con artistas como Corey Taylor, Till Lindemann, Ville Valo o Dave Lombardo y una identidad propia que terminó trascendiendo completamente el concepto original.

Pero quizás el mayor éxito de Plays Metallica by Four Cellos fue demostrar que la creatividad sigue siendo la herramienta más poderosa dentro de la música. Apocalyptica encontró una voz propia precisamente reinterpretando la obra de otros.
La prueba definitiva de su legado llegó recientemente con Plays Metallica Vol. 2, una secuela publicada casi tres décadas después que no nace desde la nostalgia, sino desde el respeto mutuo construido entre ambas bandas durante todos estos años. Lo que comenzó como la admiración de cuatro jóvenes músicos finlandeses terminó convirtiéndose en una amistad real con los propios Metallica.
Pocas veces un debut transforma una carrera. Menos aún consigue transformar un género. Plays Metallica by Four Cellos hizo ambas cosas.
Y treinta años después, sigue sonando tan improbable como revolucionario.
Mi nombre es Irene, y todo el mundo me conoce por mi apellido Kilmister adquirido por el que ha sido y será mi mayor ídolo en esta vida. Lo cierto es que yo empecé en esto de la fotografía sin pensarlo mucho. Era la típica amiga de la cámara, pero de que me quise dar cuenta me propusieron entrar a colaborar en un medio profesional en 2017 y desde ahí he pasado de ser esa amiga de la cámara a evolucionar y coinvertirme en lo que conocéis ahora.
Apasionada de la música en todos sus géneros y amante de la lectura y los conciertos, aunque mi verdadera profesión no tenga nada que ver con todo esto.
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