Un verdor terrible
Eva García Benjamín Labatut
Editorial: Anagrama
Año: 2020
Cuando mi amigo Néstor me habló tan bien de este libro no sabía muy bien lo que iba a encontrar y lo cierto es que pensaba que iría por otros derroteros. Viniendo de él tenía que ser existencialista, metafísico, denso pero a la vez que con mucha moraleja, aprendizaje e introspección. Nada más lejos de la realidad, este libro cayó en mis manos a finales de marzo y la verdad que se me atragantó un poco y sólo la inspiración divina y la calma del verano me han hecho acabarlo. No quiero decir que no valga la pena, sólo que no está pensado para un momento de desconexión, no. Tanto me gustó que se lo he regalado a otro de mis mejores amigos.
Un verdor terrible compila diferentes historias basadas sobre todos en hechos científicos del siglo XX desde dos puntos de vista. Desde el punto de vista de los elementos químicos que jugaron un papel esencial en el siglo XX, como aquellos que ayudaron a desarrollar pigmentos, sustancias explosivas, bombas atómicas a los científicos que estuvieron a cargo de los mayores descubrimientos de este siglo. Es cierto, como científica que soy, debió de ser una época convulsa y maravillosa de vivir por todos los avances que se dieron en tan poco tiempo, pero bueno, que me voy de foco.
El primer capítulo, “Azul de Prusia”, aborda el descubrimiento del cianuro, una sustancia que inicialmente se utilizó como pigmento para la pintura, pero que con el tiempo adquirió aplicaciones mucho más trascendentales y destructivas. Labatut parte de hechos científicos para mostrar cómo compuestos como el azul de Prusia desempeñaron un papel clave en la historia de la humanidad, desde sus primeros usos conocidos hasta sus consecuencias más devastadoras. En este recorrido destaca la figura de Fritz Haber, quien, además de contribuir al desarrollo del método Haber para fijar el nitrógeno, un avance que revolucionó la producción de fertilizantes y pesticidas, favoreciendo el crecimiento exponencial de la población mundial, participó en el desarrollo de gases basados en cianuro que posteriormente dieron origen al Zyklon, empleado por el régimen nazi tanto en la guerra como en los campos de exterminio. De este modo, el capítulo evidencia el doble rostro del progreso científico, capaz de generar enormes beneficios para la humanidad y, al mismo tiempo, convertirse en un instrumento de destrucción.
Es cierto que quizá la primera mitad se me antoja más realista, mientras que a medida que avanza el libro nos presenta a personajes clave en la historia del avance de la física del siglo XX y el segundo capítulo habla de Karl Schwarzschild, un científico alemán, que en medio de la Primera Guerra Mundial, intercambiaba correspondencia con Einstein. Y entrelaza con Alexander Grothendieck, el personaje del tercer capítulo. Ya empieza a mezclar un poco de fantasía en las historias de estos personajes, algunos de alta cuna, otros plebellos, otros simples obreros y de cómo desarrollaron su carrera brillante batiéndose en duelo con la locura, la pobreza y el aislamiento.
Y llegamos al capítulo más escabroso y denso del libro, el que funde la física cuántica y de todos los descubrimientos que se dieron. Encontramos las historias de Heisenberg, Schöringer, De Broglie, Dirac, Paul Langevin (vaya, qué casualidad volver a encontrarnos), Niels Bohr y tantos otros, y vuelve a poner latente como todos estos personajes vivieron un tormento entre ser brillantes y vivir una vida sosegada. Spoiler: en ninguno de los casos eso pudo ser así. Termina el libro con la eterna lucha que tuvo Einstein con la física cuántica y su famosa frase: «Dios no juega a los dados con el Universo».
Me ha parecido un libro interesante, con el que aprendes y entretenido a ratos, de ahí a catalogarlo como uno de los mejores 100 libros del siglo XXI… Pues creo que ahí nos hemos pasado de listos.
Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
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