Ojete Calor
Barts Festival, Barcelona
Organiza: The Project
Por Irene Kilmister
Si venías al Barts el sábado buscando uno de esos conciertos que buscan emocionar, impresionar por sus destrezas y no simplemente hacer que el público se olvide de todo durante un par de horas, estabas completamente equivocado. Ojete Calor pertenece, sin lugar a dudas, a esta última categoría, donde los móviles está en el bolsillo, el tiempo pasa sin que te enteres y las risas están mas que aseguradas. El dúo formado por Carlos Areces y Aníbal Gómez volvió a demostrar en Barcelona que su particular universo, donde el humor absurdo, la ironía y la música conviven sin complejos, sigue funcionando como un reloj. Porque cuando ellos se suben al escenario, cualquier intento de buscar lógica queda completamente descartado.

Desde la bienvenida inicial quedó claro que aquello iba mucho más allá de un concierto convencional. «0,60», «Extremismo Mal», «Morreo» o «Amiga en las Estrellas» fueron cayendo entre algun cambio de vestuario, coreografías imposibles y un público completamente entregado, que conocía cada letra como si se tratara de auténticos himnos generacionales.
Uno de los momentos más originales llegó con «Vintage», donde la pantalla proyectaba un videojuego mientras Areces y Gómez simulaban ser los propios jugadores, integrando el contenido audiovisual con la interpretación de una forma tan absurda como brillante. Poco después, «Cuidado con el Cyborg» elevó aún más el espectáculo gracias a unas pistolas de humo que terminaron de convertir el escenario en una auténtica fiesta.
El desfile de invitados fue otro de los grandes atractivos de la noche. Tino Fernández, de Parchís, apareció para interpretar «Comando G», despertando una enorme ovación cargada de nostalgia. Más adelante dos de los mejores humoristas de nuestro país (en mi opinión, como todo claro), Berto Romero y Andreu Buenafuente sorprendieron al público participando en «Mocatriz», uno de los grandes clásicos del grupo, mientras que la Niña de Shrek, referente humorístico de cualquiera que pertenezca a la generación X o millenial, hizo acto de presencia en «Vete a tu Casa», confirmando que cualquier cosa puede suceder en un concierto de Ojete Calor.

Entre tanto disparate también hubo espacio para pequeños guiños musicales, como Aníbal Calor empuñando la guitarra durante «Sinceridad No Pedida», antes de afrontar un tramo final absolutamente desatado con «Agapimú», «Viejoven», un delirante mash-up entre «Que Viva España» y «Tonta Gilipó» que remataban con alas incluidas una despedida por todo lo alto.
Ojete Calor no pretende revolucionar la música, eso lo dejan más que claro. Lo que consigue es algo mucho más difícil: romper cualquier prejuicio a base de humor, autoparodia e ingenio, demostrando que la diversión también puede ser un arte. Y viendo la respuesta del público barcelonés, el subnopop sigue gozando de una salud envidiable.
Mi nombre es Irene, y todo el mundo me conoce por mi apellido Kilmister adquirido por el que ha sido y será mi mayor ídolo en esta vida. Lo cierto es que yo empecé en esto de la fotografía sin pensarlo mucho. Era la típica amiga de la cámara, pero de que me quise dar cuenta me propusieron entrar a colaborar en un medio profesional en 2017 y desde ahí he pasado de ser esa amiga de la cámara a evolucionar y coinvertirme en lo que conocéis ahora.
Apasionada de la música en todos sus géneros y amante de la lectura y los conciertos, aunque mi verdadera profesión no tenga nada que ver con todo esto.
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