Sun & Thunder
27 de agosto de 2026 – Marenostrum, Fuengirola
Z! Live
Fotos: Tigran Grigorian
Crónica: Maria Grigorian
En la Costa del Sol uno viene preparado para el calor. Camiseta, pantalones cortos, algo para protegerse del sol y, quizá, una botella de agua. Lo último que espera encontrar al llegar a un festival de metal a finales de agosto es un viento frío capaz de hacerte buscar una sudadera. Pero el Mediterráneo decidió jugar su propia partida durante la primera jornada de Sun & Thunder 2026.
A orillas del mar, en el espectacular recinto de Marenostrum Fuengirola, el metal volvió a encontrarse con las vacaciones, la playa y ese ambiente tan particular que hace que este festival sea diferente a muchos otros.
La primera jornada se vivió con un público relativamente reducido. Pero quizá precisamente por eso el ambiente resultó especialmente agradable. No había sensación de agobio. La gente se encontraba, hablaba, compartía espacio y, sobre todo, parecía disfrutar sin prisas. También llamaba la atención la cantidad de niños que habían venido con sus familias.

Siddharta: misión cumplida
Con Siddharta la jornada adquirió un carácter todavía más local. La banda, vinculada a la escena malagueña, aportó una propuesta de rock con una personalidad diferente a la de los grupos que la rodeaban en el cartel.

Su concierto fue también una especie de puente entre el ambiente de una banda de proximidad y la dimensión internacional del festival. Después de los sonidos más clásicos de Tempest Saint, Siddharta permitió bajar ligeramente las revoluciones y concentrarse en las canciones. Y entonces llegó uno de los cambios más interesantes de la tarde…

Débler: violines, metal y espectáculo
Si algo dejó claro Débler es que el metal puede ser muchas cosas a la vez. La formación madrileña mezcla heavy y power metal con elementos sinfónicos, electrónica y, sobre todo, el violín como uno de sus elementos característicos. Su propuesta tiene una dimensión casi cinematográfica y teatral, algo que se percibe especialmente bien sobre un escenario de festival.

Después de varias horas en las que las guitarras habían llevado el peso del sonido, la aparición del violín aportó un color completamente diferente.

Eivør: el Mediterráneo se encuentra con las islas Feroe
A las nueve de la noche llegó probablemente el momento más singular de la jornada. Eivør no necesita encajar fácilmente en una etiqueta. Su música nace de las tradiciones de las Islas Feroe y se mueve entre folk, electrónica, elementos experimentales y una interpretación vocal extraordinariamente expresiva. La propia organización la situaba como una de las propuestas más especiales del cartel. Y en Fuengirola su música adquirió un significado especial.

El mar Mediterráneo estaba allí, a pocos metros. El viento había enfriado la noche. Y sobre el escenario aparecía una artista procedente de un territorio situado a miles de kilómetros, llevando consigo sonidos que parecían venir de otro paisaje. El concierto de Eivør no se construye únicamente a base de canciones. Se construye a través de atmósferas. Hay momentos en los que la voz ocupa todo el espacio y otros en los que la electrónica, la percusión y los sonidos tradicionales crean una sensación casi hipnótica.

Harakiri for the Sky de cabezas de cartel
A las 23:30 llegó el turno de Harakiri for the Sky, los austriacos que tenían la difícil tarea de cerrar la jornada. Su propuesta de post-black metal, cargada de atmósfera, melancolía e intensidad, era casi el extremo opuesto al ambiente soleado que uno asociaría con Fuengirola.

Procedentes de la escena de Viena y Salzburgo, Harakiri for the Sky han construido una identidad basada en canciones largas, emocionales y densas. El viento seguía soplando, pero ya daba igual.

Valoración
La primera jornada dejó también una conclusión clara sobre el nuevo formato de Sun & Thunder. Este año el festival apostó por un único escenario, eliminando los solapamientos entre conciertos. La organización planteó precisamente esta fórmula para que el público pudiera ver a todas las bandas completas, sin tener que elegir entre actuaciones simultáneas.
Y hay que reconocer que funciona. No hay que correr. No hay que mirar constantemente el reloj. No hay que abandonar un concierto a mitad para intentar llegar al otro. Todo sucede en el mismo lugar.

Pero existe un precio: las pausas entre actuaciones se sienten más. Cuando solo hay un escenario, el público tiene que esperar a que termine el montaje y llegue el siguiente grupo. En determinados momentos, esos espacios muertos resultan largos.
Aun así, la sensación general de la jornada fue positiva. Quizá porque el festival todavía conserva algo que en los grandes eventos masivos resulta cada vez más difícil de encontrar: la sensación de estar entre amigos.
No había una marea humana. Había familias. Había niños descubriendo el metal junto a sus padres. Había seguidores que conocían cada canción y espectadores que acababan de descubrir a alguna de las bandas. Y había una comunidad compartiendo el mismo espacio frente al mar.
Sun & Thunder todavía tiene camino por recorrer. Pero la primera jornada de su segunda edición dejó una imagen difícil de olvidar: un festival de metal en plena Costa del Sol, con el Mediterráneo de fondo, un viento inesperadamente frío y cientos de personas que, pese a todo, seguían levantando las manos frente al escenario. Porque quizá ese sea el verdadero espíritu del metal.
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