Flotsam and Jetsam — Rats in the Temple

90/100

28 de agosto de 2026

Napalm Records

 

El resurgir de estos thrashers de Arizona roza lo paranormal. Hagamos memoria. En 1986, su debut Doomsday for the Deceiver, cuya portada era un retrato poco agraciado de su mascota Flotzilla (nombre también de una canción instrumental de ese disco), obtuvo en la revista Kerrang! la puntuación imposible de seis sobre cinco. Tal fue su calidad que Metallica se fijó en la banda de Phoenix y le levantó al bajista. Flotsam and Jetsam no se desanimó e imitó a Exodus. Si Metallica te roba un músico, lo que tienes que hacer es dar lo mejor de ti. Aprovechando alguna composición que le dejó en herencia Jason Newsted, su segundo trabajo, No Place for Disgrace (1988), fue incluso mejor que el primero.

 

Hasta aquí, teníamos todos los ingredientes para contar una feliz historia en la que este grupo pasaba a integrar el Big Four del thrash metal. Sin embargo, en los mundos de Disney, Flotsam y Jetsam son las dos malvadas morenas de La sirenita (1989). Y, en esa película, esos peces no acababan muy bien. El grupo fue encadenando discos mediocres hasta tocar fondo con Ugly Noise (2012), un título muy apropiado. Un par de años después, el guitarrista Steve Conley se incorporó a la banda. Nadie anticipó que se obraría el milagro.

 

El homónimo Flotsam and Jetsam (2016) fue toda una declaración de intenciones y, a golpe de temazos como «Iron Maiden», hizo que el grupo saliera del pozo. No se quedó ahí la cosa. Llegó Ken Mary y renovó la batería en The End of Chaos (2019). Completaría la actual formación la entrada de Bill Bodily al bajo, y vendrían Blood in the Water (2021) y I Am the Weapon (2024). Cualquiera de esos cuatro álbumes del siglo XXI puede mirar a los ojos a sus dos clásicos ochenteros, lo cual explica que Napalm Records fichara a Flotsam and Jetsam el año pasado.

 

 

Las portadas, de las que se ha encargado Andy Pilkington desde que empezó esta sorprendente edad de oro, están conectadas. En The End of Chaos, una versión adecentada del Flotzilla de su debut emerge de las aguas. Y en Blood in the Water, hace lo propio un dragón, al que da nombre una de las canciones de ese álbum («Grey Dragon»). En I Am the Weapon, el dragón gris se alzaba amenazante ante Flotzilla. Yo lo interpreté como una representación de las dos caras del grupo. Flotsam y Jetsam, Flotzilla y el dragón: thrash y power metal. En la portada de este Rats in the Temple ya sólo vemos al dragón, expulsando a unas ratas de un templo. Espero que Flotzilla sobreviviera a su encuentro y reaparezca en la siguiente.

 

Esta banda de thrash, conviene recordarlo, nació con más galones de power metal que Blind Guardian. Su nombre (una expresión que se refiere a desechos que flotan en el mar) es un homenaje a El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien. Concretamente, los estadounidenses se bautizaron así porque «Flotsam and Jetsam» es el título del noveno capitulo de Las dos torres (1954). Aunque su música siempre fue algo melódica, desde su resurrección Flotsam and Jetsam decidió potenciar ese aspecto y se adentró en arenas movedizas. La frontera entre el power y el thrash. Algunos dirán que eso es speed metal europeo o United States Power Metal, sin más, pero no es lo mismo.

 

Pocos grupos, más allá de Rage o de Iced Earth (y no siempre), han logrado transitar esa difícil senda con éxito. Flotsam and Jetsam lo consiguió, en gran medida, gracias a Eric Andrew Knutson, cantante de la estirpe de Joey Belladona (Anthrax) y único miembro que permanece en el grupo desde 1984 junto al guitarrista Michael Gilbert. Eric A.K. sabe cantar y tiene buena voz, rara avis en esto del thrash. Para valorar si su fórmula todavía funciona, hay que comprobar si los estadounidenses son capaces de integrar riffs agresivos y estribillos épicos y pegadizos con buenos puentes melódicos.

 

Arranca el disco confirmando que dominan esa ecuación, con las ominosas «Harvesting the Hate» y «Damnation». Esta última, con su puesta en escena a lo «Halloween» (Helloween, Keeper of the Seven Keys: Part I, 1987), es paradigmática de su propuesta. Unos coros pensados para deleite de quienes gustan de cantar cuernos en alto nos arrastran, sin solución de continuidad, a un pogo. El thrash sigue brillando entre concesiones melódicas: «Absolution», «The Edge of Nowhere» o el tema título son tremendamente disfrutables. Me convencen todas las mencionadas, especialmente «Damnation» y «Absolution», pero la perfecta alquimia de power/thrash la sublima Rats in the Temple en «Anthem for the Broken». Todo un himno, dedicado a los aficionados al metal.

 

Las hibridaciones son magníficas, pero me seduce por igual el álbum cuando su brújula apunta claramente hacia uno de sus dos polos. Impera el power metal en «The Ghost Behind My Door», con su maravilloso estribillo, y en «Her Blood Your Pain». Este tema merece todos mis elogios, con su letra denunciando la violencia de género y su guitarra repartiendo melodías que me recuerdan a Randy Rhoads (Ozzy Osbourne). Ahora bien, Rats in the Temple es ante todo un álbum de thrash, y se encargan de recordárnoslo «Last Rites», un trallazo digno de un museo de la Bay Area, o «A Taste for War», más relajada y con una base rítmica muy protagonista, que podría haber firmado el mejor Megadeth (es decir, el que contaba con David Ellefson).

 

Por desgracia, la perfección es muy esquiva. «Blame the Knife» tiene algún interesante riff bordeando el death metal, pero es demasiado machacona. «First on the Spike» es algo plana, cosa de la que parece ser consciente, atendiendo a cómo fuerza un bridge, sin apenas cambio de ritmo, antes del solo. Me gustan las transiciones en limpio de «Not Going Down That Way», pero tampoco me acaba de enganchar, y menos como tema de cierre. Viniendo justo después de «Her Blood Your Pain» y «Anthem for the Broken», es un postre que desluce el conjunto. Su temática, sobre el derecho a una muerte digna, es loable, pero las comparaciones que propone su letra no me parecen nada acertadas. Por cosas como estas no voy a calificar Rats in the Temple con un 6/5, pero eso no impide que vaya directo a mi lista de lo mejor del año.

 

Kreator, ExodusMegadeth: unos cuantos grandes nombres nos han golpeado este año con nuevos trabajos. Anthrax se unirá en breve a la fiesta, pero, de momento, en el templo del thrash metal es Flotsam and Jetsam quien preside el sermón de 2026. Si yo fuera una de esas ratas, me quedaría a marcarme un circle pit.

 


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