The Screamin’ Cheetah Wheelies – Magnolia: 30 años de una obra maestra en tierra de nadie

Magnolia 

9 de abril de 1996

Atlantic Records

Mike Farris es una de las grandes voces del blues-soul de toda la vida, y cuando toca en nuestro territorio, todas y todos somos muy felices de tenerlo porque es un superdotado a la altura de Glenn Hughes. Empezó con los Screamin’ Cheetah Wheelies, un nombre horrible para tanta calidad y en 1996 crearon un disco muy especial y querido, una de esas obras maestras que no llegaron a despuntar como merecería.

 

Hard rock de alma sureña con voz soul y muchas raíces americanas que incluyen el góspel. Eso sería una posible aproximación a lo que es esta maravilla, una obra que no entra a la primera y que necesita de diferentes escuchas. La gracia, y lo que lo hace especial, es que la producción, que es deliciosamente 90s, a cargo de Michael Barbeiro y que sitúa este material en el especio-tiempo del momento. Y es que todo podría sonar más soul, más sureño, pero… Nirvana, Soundgarden y Pearl Jam tenían tanto peso que, impregnó todo aquello la musicalidad de los Wheelies.

 

El disco

Todo empieza realmente bien en “Backwoods Travelin’”, con armónica y un groove estelar en el que Mike canta comedido, pero… es que tampoco puedes cerrarle puertas al campo: es todo impoluto en un tema en el que los arreglos de percusión brillan por parte de Bashiri Johnson y en los que la producción de Michael Barbeiro lo lleva a buen puerto. Es un disco muy 90’s y la calidad está allí, fuera de todo estilo, a pesar de que el efecto Nirvana se nota y lo opaco y el negativismo lucha con lo que pretenden. Suena a banda libre de ataduras con calidad a explotar.

 

El teclado de Larry Hoppen en “Gypsy Lullaby” dota a la canción de un plus absoluto, pero es la batería de Terry Thomas quien pone ese algo diferente a uno de los temas fundamentales en los que la guitarra de Rick White solea libre, consiguiendo algo de aires sureños capaz de hacerte despegar. Feeling y calidad a raudales en un grupo inclasificable. “Good Time” es intrincada y arriesgada. Un poco muestra todas las posibilidades de la banda y la voluntad de francotiradores, haciendo un disco tan personal. El estribillo es de los más logrados del trabajo y encaja en el grunge.

 

La demostración de que estás ante algo sumamente especial lo pone esa maravilla que lleva por nombre “Hello from Venus” y que directamente te eleva hasta lo más alto. No es que sea el tema más recordado por ellos, que lo es, es que hay mil detalles de calidad, empezando por el bajo de Steve Burguess y terminando por la enorme voz de Farris. Buenrollismo en una canción antémica y preciosa, deliciosamente 90era, pero capaz de poner tierra de por medio ante todo lo que se estilaba en la década. Es su tema más popular, y si la escuchas, lo palpas al momento.

 

La guitarra funky y ese inicio tan detallista de la batería abren un “I Found Love” divertida y sinuosa en la que brilla especialmente la voz de un Farris, único en su especie. Y luego está ese teclado que lo apoya todo y el solo de guitarra, muy original, que da paso a un final repleto de feeling y fuerza hasta ese grito final. El tema que da título al disco es otro de los grandes momentos. Aquí hay rock sureño, con presencia de harmónica y los ecos de los Black Crowes como influencia. Pero la gracia de todo es que suena muy 90’s, con esa pátina de esos años impresa en su música. Un tema como este puede hacerte despegar en directo.

 

En “Messenger’s Lament” las guitarras son puramente sureñas y la cosa se va elevando de una forma impresionante. Hay juegos de subidas y bajadas, pero la intensidad se mantiene en una pieza épica con la demostración de que los músicos tienen un altísimo nivel. Y es que aquí Farris no lo eclipsa todo… “Father Speaks” es una especie de conversación entre un adicto y Dios. El tema va creciendo con los guitarrazos de Bob Watkins y con interludios oníricos que reposan en los redobles de caja.

 

“I Dreamed” es guitarrera y llena de groove. Excesos musicales que irían en consonancia con las sustancias, y sin ser de lo mejor, cumple perfectamente. Echa el pestillo la calmada “You Are”, de alma soul y con un Farris arrebatador. Preciosos detalles técnicos de Terry en la batería y ese teclado que da el envoltorio final a una pieza más libre con algo de jazz. Da la sensación de que el grupo no sabía realmente el potencial de Magnolia y que cumplía los plazos aportando música, pero… es que esto es impresionante. La industria no lo entendió, ellos no eran conscientes y todos miraron en términos de números. Así nacen los discos de culto…

 

Veredicto

30 años después vuelven The Screamin’ Cheetah Wheelies de gira para devolver a la vida esta obra tan inmortal como desconocida. Mike Farris escribió todas las canciones en unos tiempos complicados en los que la fiesta y las adicciones estaban a la orden del día. La banda había sacado el primer disco con Atlantic Records, y pese a vender bien, vieron que este Magnolia no tenía futuro, por lo que les echaron. Farris estaba exhausto de girar y de componer en su apartamento. Para un segundo disco, como el que nos ocupa, el tiempo apremiaba… Lo que es alucinante es que esas mismas prisas y la presión de todo fue lo que elevó esta obra a lo que es. Y es mucho…

 


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