Judas Priest en Valencia: una noche de heavy metal bajo la lluvia

Judas Priest + Dirkschneider + Airbourne

20 de agosto de 2026

Roig Arena, Valencia

Fotos y texto: Jesús Martínez

La lluvia fue la protagonista inesperada de la tarde en Valencia. Mientras el agua caía con fuerza en las calles, miles de seguidores se dirigían hacia el Roig Arena con una única idea en la cabeza: disfrutar de una noche de heavy metal de las que cuesta olvidar. Y el cartel no podía ser más atractivo, con Dirkschneider, Airbourne y, como plato fuerte, unos Judas Priest que siguen demostrando que más de cinco décadas sobre los escenarios no son suficientes para bajar el volumen.

 

El Roig Arena fue además un magnífico escenario para una noche de estas características. El recinto respondió muy bien a una cita de gran formato, tanto por sus dimensiones como por la comodidad para el público. Un espacio moderno y preparado para grandes espectáculos que, pese a las condiciones meteorológicas del exterior, permitió disfrutar del concierto con absoluta tranquilidad.

 

 

Dirkschneider

Dirkschneider fue el encargado de abrir la noche. Udo Dirkschneider, leyenda del heavy metal alemán y voz histórica de Accept, salió al escenario con una actitud envidiable. A sus 74 años, sigue teniendo esa presencia que no necesita demasiados adornos. Su repertorio sirvió para calentar al público y recordar algunos de los grandes clásicos que ayudaron a construir el sonido del metal europeo.

 

 

Airbourne

Después llegó Airbourne y el cambio fue inmediato. Los australianos salieron dispuestos a convertir el Roig Arena en una auténtica fiesta de rock. Joel O’Keeffe estuvo especialmente activo, moviéndose continuamente por el escenario y transmitiendo esa energía casi salvaje que caracteriza a la banda. No hubo demasiado espacio para respirar: riffs, actitud y una conexión constante con el público.

 

 

Y lo mejor es que las dos bandas demostraron algo importante: aunque fueran los grupos invitados, ninguno salió al escenario a cumplir el expediente. Tanto Dirkschneider como Airbourne mostraron una actitud fantástica y se entregaron completamente al público valenciano.

 

 

Judas Priest: la leyenda sigue en pie

Pasadas las nueve de la noche llegó el momento esperado. Las luces bajaron y, tras la introducción de Faithkeepers, Judas Priest apareció sobre el escenario con “You’ve Got Another Thing Comin’”. Una elección que sorprendió por su posición dentro del repertorio, pero que funcionó desde el primer segundo.

 

Rob Halford apareció con esa imagen que ya forma parte de la historia del heavy metal. Al principio se le notó algo más contenido, especialmente en las primeras canciones, pero la actuación fue claramente de menos a más. Con el paso de los minutos fue ganando confianza y fuerza hasta terminar ofreciendo una actuación realmente sólida.

 

 

Después llegaron “Metal Gods” y “Breaking the Law”, dos canciones que no necesitan presentación. El público se sabía cada palabra y convirtió el Roig Arena en un enorme coro. Halford apenas tenía que pedir participación: las voces llegaban desde las gradas y la pista de manera constante.

 

Con “The Ripper” llegó uno de los momentos más interesantes de la noche. El regreso de este clásico al repertorio es una de las novedades de la actual gira Faithkeepers, y escuchar de nuevo una canción que llevaba años fuera de los conciertos fue un regalo para los seguidores más veteranos. Le siguieron “The Sentinel” y “Desert Plains”, dos temas que permitieron a Judas Priest recorrer diferentes etapas de su extensa trayectoria.

 

 

“Lightning Strike” puso sobre la mesa la etapa más reciente de la banda, demostrando que Judas Priest no vive únicamente de la nostalgia. Y entonces llegó “Turbo Lover”, uno de esos temas que cambian inmediatamente el ambiente de un concierto. Las luces, el público y el característico ritmo de la canción hicieron que el recinto volviera a saltar.

 

El repertorio continuó con “Steeler”, otra de las sorpresas de esta gira y una canción especialmente celebrada por los seguidores más fieles. Después llegó “Delivering the Goods”, recuperada también para esta gira después de varios años sin formar parte habitual de los conciertos. “Panic Attack”, perteneciente a Invincible Shield, demostró que el material más reciente puede convivir perfectamente con los clásicos. Y cuando parecía que el concierto ya había alcanzado uno de sus puntos más altos, llegó “Victim of Changes”.

 

 

Aquí Rob Halford tuvo uno de sus momentos más destacados. La canción exige mucho vocalmente y el cantante volvió a demostrar que, aunque evidentemente los años pasan factura, conserva recursos suficientes para defender temas de enorme dificultad. No se trata de comparar al Halford actual con el de hace treinta o cuarenta años; se trata de valorar que, con 74 años, sigue siendo capaz de salir delante de miles de personas y enfrentarse a canciones que han marcado la historia del heavy metal. “Halls of Valhalla” mantuvo la intensidad y preparó el terreno para uno de los momentos más esperados: el “Painkiller”.

 

Y ahí no hubo concesiones. Judas Priest atacó el tema con toda la contundencia posible y la respuesta del público fue inmediata. La batería de Scott Travis volvió a demostrar por qué su manera de tocar es tan reconocible, mientras Richie Faulkner y Andy Sneap se encargaron de mantener ese muro de guitarras que forma parte del ADN de Judas Priest. Ian Hill, siempre más discreto, sostuvo desde el bajo la base sobre la que se construyó todo el espectáculo.

 

 

Parecía que la noche había terminado, pero Judas Priest todavía tenía preparada una última descarga. La introducción de “The Hellion” dio paso a “Electric Eye”, una combinación que hizo reaccionar de nuevo al público. Después llegó uno de los momentos más clásicos de cualquier concierto de Judas Priest: “Hell Bent for Leather”. Para cerrar, “Living After Midnight” puso a todo el Roig Arena a cantar y bailar. Era el final perfecto para una noche en la que Judas Priest había recorrido buena parte de su historia musical sin necesidad de convertir el concierto en una simple colección de canciones antiguas.

 

Judas Priest ofreció en Valencia un concierto sólido y muy completo. Rob Halford fue claramente de menos a más, terminando mucho más cómodo y demostrando que, a pesar de los años, todavía sabe defender un escenario con personalidad y presencia. Richie Faulkner y Andy Sneap estuvieron muy activos durante toda la actuación, aportando la fuerza de las guitarras; Ian Hill cumplió con la discreción que siempre le ha caracterizado y Scott Travis volvió a ser una pieza fundamental detrás de la batería.

 

 

Pero quizá lo más destacable de la noche fue la actitud de todos. Dirkschneider, Airbourne y Judas Priest entendieron perfectamente lo que necesitaba el público valenciano: canciones, energía y ganas de disfrutar. Y el público respondió. Mientras fuera seguía lloviendo sobre Valencia, dentro del Roig Arena se vivía una tormenta completamente diferente. Una tormenta de guitarras, cuero, clásicos y miles de voces cantando juntas. Judas Priest volvió a Valencia para recordar algo muy sencillo: hay bandas que envejecen y hay bandas que se convierten en historia.

 


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