EVO — La redención del fénix

75/100

1 de octubre de 2026

Autoeditado

 

Viajemos al año 1981. En el programa Musical Express de Àngel Casas, que emite uno de los dos únicos canales de televisión del país, aparece un grupo tocando una canción llamada «Súbete al globo». Esa banda es EVO, viene de El Clot (Barcelona) y su bajista es Pedro Bruque, figura clave del heavy metal español de los ochenta. También están ahí Ramón Solà (batería) y «Richard» (guitarra). Pero hay alguien que llama mucho más la atención: la cantante es una mujer. Para más señas, se trata de Carmen García, hermana de Manolo García (El Último de la Fila). ¡Mil novecientos ochenta y uno! Detengámonos a imaginar cuántas mujeres podrían estar cantando heavy metal en televisión en aquel momento. Por si sirve de algo el dato: los Warlock de Doro Pesch y los Santa de «Azuzena» se fundan, ambos, en 1983.

 

Para entonces, EVO ya estaba publicando su primer elepé, Animal de ciudad (1983). Nada menos que bajo el sello de una multinacional británica: EMI. Quien no se ha estrenado discográficamente todavía es Tigres, grupo en el que ya ha recalado Bruque. El nuevo bajista que grabará el debut de EVO responde al nombre de «Zippy». Al frente de la banda se ha producido otro cambio: Carmen García ha sido reemplazada por «Stimula». Este (en palabras de nuestro director) «leñador loco», curtido como trabajador en una fábrica de preservativos, repetiría al micrófono en el segundo trabajo de los barceloneses, Duración de lo eterno (1985). 

 

Y de esta forma breve e intensa podría haber acabado la historia, porque el grupo se disuelve en 1986. «Stimula» trató de resucitarlo casi un cuarto de siglo más tarde, pero aquello apenas sirvió para añadir a la discografía de EVO un tercer disco poco memorable, en cuya grabación no participó ningún otro miembro clásico de la banda (Puta pasta, 2011).

 

Yo no hubiera apostado por una reunión, convencido de que Mojinos Escozíos, el grupo que «Zippy» cofundó tras la disolución de EVO, consumía todo su tiempo. Así que fue una sorpresa que recientemente se juntara con Solà y «Richard», fichando este trío de históricos al cantante César Serrano y al guitarrista Pol Barja. Esta nueva EVOlución nos ofreció el año pasado dos adelantos del disco que ahora nos ocupa.

 

 

El primero fue «Maloik», deudor de la escuela de Barón Rojo pero con el alma de speed metal que siempre estuvo latente en EVO. Su letra nos remite a la famosa génesis de la mano cornuta como símbolo del heavy metal, cortesía de Ronnie James Dio a sugerencia de Geezer Butler (ambos, por entonces, en Black Sabbath). Y el segundo single fue «Aún así lucharé», continuación temática de la macabra «Chica sexy» (Duración de lo eterno). Es una canción engañosa, cuyo inicio insinúa una balada pero que explota reventando metrónomos, con varios cambios de ritmo incluso en el propio estribillo. Este verano cubrimos el concierto de EVO en Leyendas del Rock y nos convenció lo que escuchamos, especialmente la voz de Serrano en directo. Así que aguardábamos expectantes la llegada de La redención del fénix.

 

Su portada podría parecer inspirada en aquella recordada campaña electoral de 2006 del partido Ciudadanos, pero nada más lejos de la realidad. El sujeto protagonista no es otro que el animal de ciudad que ya figuraba en su álbum debut. Como le sucede a Riot, seguramente esta mascota no ayudará a EVO a vender discos, pero es la que le tocó en (des)gracia hace cuatro décadas. Abrazarla sin complejos es una indudable muestra de valentía.

 

«Malditos bastardos», además de los singles, es uno de los temas que más me han convencido, incluido su políglota estribillo pronunciando «guerra» en ocho idiomas. Creo que refleja las virtudes y defectos de La redención del fénix en su conjunto.

 

Cabría preguntarse cómo es posible que un disco de sólo ocho canciones tenga una duración que roza la hora. La respuesta es sencilla: ninguna baja de los cinco minutos y la mayoría supera los siete. Y el estilo de EVO no es tan complejo estructuralmente como para justificar esto. Así que muchos temas (paradigmáticamente, «Busca en Google») hubieran agradecido más de un tijeretazo.

 

Lo que también sucede, y este es su mayor atractivo, es que en el disco brilla la guitarra solista, digna de Accept. No en vano, «Richard» es el único autor y compositor. Al solo de «Malditos bastardos» no le recortaría ni un segundo y, claro, eso también justifica (en parte) la duración total de las canciones.

 

Es este un álbum poblado de agradable speed metal. En «La ruta del diablo» incluso llega a adentrarse en el thrash. También hay lugar para el heavy metal más clásico. Sin ir más lejos, uno de los momentos destacados de La redención del fénix es el midtempo, y tercer single, «Hoy sin ti». Otros cortes efectúan escarceos por el rock urbano, no sólo por algún ritmo de batería, sino por su temática social. De indudable actualidad son, por desgracia, las dificultades del protagonista de «Viva yo» para pagar el alquiler. Y «Queremos más cerveza» («que el metal nunca desaparezca; porque no hay justicia ni hay nobleza: más cerveza») es un tema aparentemente festivo que, en realidad, como le sucede a «Viva yo», contiene una crítica al inmovilismo.

 

Este es el marco en el que nos movemos. EVO ha vuelto para ofrecer lo que domina desde antes de que yo naciera. Por mi parte, no sé de qué tendrían que redimirse estos pioneros: puede que hayan sido muchos años de ausencia formal, pero su legado ya era materialmente eterno. Lo que sí puedo confirmar es que ahora el fénix vuela libre tras resurgir de sus cenizas. Aunque sea bajo la forma de un nudista alado con un casco en llamas. Nadie es perfecto.

 


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