Crónica Leyendas del rock (jueves 6) – Día 2 – La cuarta era de Arch Enemy supera las expectativas en el Leyendas

Creeper, Ekyrian, Mushroomhead, Aneuma, Northlane, Lándevir, Dark Tranquillity, Injector, EVO, Arch Enemy, Dartagnan, Bolu2death

Jueves 6 de Agosto de 2026

Polideportivo municipal de Villena (Alicante)

Redacción por Jordi Tàrrega, Yolanda Sabater, Irene Kilmister y J. A. Díaz

Fotografías por Irene Kilmister.

Si la primera jornada se caracterizó por unos colosales Savatage y una propuesta totalmente innovadora como la de Slaughter to Prevail, es innegable que el legado del festival seguirá apostando por propuestas más cercanas al extremo y por bandas más modernas, algo que nos parece genial. Todo ello, sumado al gran avance de bandas que anunciaron durante el día de ayer, entre las que, por cierto, falta añadir a Therion.

 

Creeper abrió la jornada y nos dejó a todos boquiabiertos, mientras que Mushroomhead se metió al público en el bolsillo con una propuesta interesante y arriesgada. Dark Tranquillity es siempre una apuesta segura, junto con muchas otras bandas que contribuyeron a hacer de este día una jornada inmejorable.

Creeper piden paso con los dientes afilados (Jordi Tàrrega)

Ya me habían avisado que no me podía perder a la banda de horror-punk 80ero Creeper, y vaya… los de Southampton dejaron claro a las 16:50 de la tarde que van a ser algo más allá que una promesa. Llevan peleando desde 2014, llevan cuatro discos y están capitaneados por el enérgico y presencial Will Gould, que visitó parche en los primeros compases. La imagen de vampiros con las patillas pintadas convenció desde “Lovers Led Astray” y por composiciones que navegan entre el rock gótico, el punk clásico y los dejes 80eros.

 

 

“Headstones” y especialmente la 80era “Prey for the Night” pusieron a los presentes a bailar, y luego emergió la presencia de la teclista-vocalista Hannah Greenwood. Tienen pistas pregrabadas en coro, pero Will hace la voz principal y Hannah una voz por e encima de lo grabado, lo cual es impresionante. Will le pasa el micro a la teclista y ella canta como frontwoman, demostrando posibilidades, originalidad y un show medido y preparado.

 

“Mistress of Death”, con su larga intro, “Crismon Bride” y los coros angelicales de “Cry to Heaven” les acercan a bandas como The 69 Eyes, Unto Others, Cemetery Skyline y demás, pero ese ramalazo glam que destilan, unido a la imagen y a cómo manejan las audiencias les hacen tener un futuro más que prometedor. A mí me encantan las bandas citadas como influencias, pero ninguna de ellas tiene ese magnetismo de directo que Creeper.

 

Ekyrian (Yolanda S.)

Reivindicando el folk metal y llegados desde Madrid, Ekyrian fueron los encargados de poner la nota más festiva y medieval de la jornada. Llegué con el concierto ya empezado y aquello era un auténtico hervidero de gente, con un público más que animado y completamente entregado a la propuesta de los madrileños.

 

 

Ocho músicos sobre el escenario, con teclados, violín, dos guitarras, bajo y flauta acompañando a la voz principal, conforman una formación tan numerosa como llamativa. Su estética, a medio camino entre el imaginario celta, medieval y pirata, también se traslada a sus seguidores: en las primeras filas pudimos ver a varios asistentes caracterizados para la ocasión.

 

Tras una breve intro, «Ekyrian» y «Alza la Vista» sirvieron para poner en marcha una actuación que fue ganando intensidad con temas como «Valor» o «Kaguya». El repertorio se centró especialmente en canciones de su anterior trabajo, Cuentos junto a la Hoguera, y uno de los momentos más celebrados llegó con «Colores en el Viento», inspirado en la conocida canción de Pocahontas y reconvertido por Ekyrian en un potentísimo himno ecologista pasado por su particular filtro folk metalero.

 

 

La segunda mitad mantuvo el carácter festivo con «Volverte a soñar», «La Danza de los Muertos» y «El Alquimista», dejando patente el protagonismo que adquieren las melodías folk dentro de su propuesta. Tras «El Rey Blanco», llegaría el momento álgido con «La Balada de Wilfred el Enano», un tema tremendamente festivo que convirtió el espacio del festival en una celebración colectiva, con el público saltando sin descanso y resistiéndose a abandonar el recinto.

 

Con el violín ganando protagonismo y el público formando incluso un círculo durante los últimos compases, Ekyrian cerraron su actuación demostrando que el folk metal todavía tiene mucha fiesta que ofrecer.

 

Mushroomhead: un concierto muy esperado (Yolanda S.)

Lo de Mushroomhead es un fenómeno fuera de serie. La propuesta de los estadounidenses resulta innovadora, divertida y cercana a una suerte de shock rock moderno que dejó al público completamente encandilado. Y eso que hablamos de una segunda jornada que, al menos por la impresión que nos dio, contó incluso con una mayor afluencia que el primer día.

 

La formación de Cleveland lleva en activo desde 1993, más de treinta años de trayectoria, y, sin embargo, en España no parece haber terminado de pegar el pelotazo hasta hace relativamente poco. Mushroomhead es una de esas bandas difíciles de encasillar, porque a lo largo de su carrera ha combinado metal industrial, groove, nu metal, elementos electrónicos, pasajes atmosféricos e incluso ciertos detalles progresivos.

 

 

Uno de sus rasgos más reconocibles es, por supuesto, su puesta en escena. Máscaras de aspecto tribal, maquillaje, uniformes y una estética bastante siniestra han formado parte de su identidad prácticamente desde sus comienzos. Todo ello provocó durante años inevitables comparaciones con Slipknot, aunque Mushroomhead nació antes y musicalmente existen bastantes diferencias entre ambas formaciones. Su propuesta es más experimental, con un peso importante de los teclados y las percusiones, además del constante contraste entre sus diferentes voces.

 

Precisamente, el juego vocal fue uno de los grandes protagonistas de la actuación, con Steve Rauckhorst, Scott “Strike” Beck y Jackie LaPonza (Ms. Jackie) alternándose al frente. Esta última tuvo también su momento de protagonismo en solitario, aportando un registro diferente a toda aquella locura. No tardaron demasiado en lanzarse sobre el público y el crowdsurfing acabó convirtiéndose en una constante durante buena parte del concierto, con algún que otro salto y voltereta incluidos.

 

 

Musicalmente, el concierto fue avanzando como una apisonadora. «Eye to Eye» y «Fall in Line» sirvieron para arrancar la maquinaria, pero fue con canciones como «Qwerty» o la imprescindible «Sun Doesn’t Rise» cuando la respuesta del público subió varios enteros. «Solitaire/Unraveling», otro de sus grandes clásicos, tampoco podía faltar.

 

Sin embargo, lo que realmente me voló la cabeza fue su despliegue de percusión. A ambos lados del escenario aparecieron sus espectaculares tambores con agua, iluminados por focos. Más que un simple elemento visual, los tambores forman parte de una coreografía perfectamente integrada en el espectáculo.

 

 

También hubo espacio para «The Heresy», «Seen It All» y su particular versión de «When Doves Cry» de Prince, antes de afrontar una recta final en la que 12 Hundred volvió a desatar al público. El cierre con «Born of Desire» y «War Pigs» con el recuerdo que no podía faltar a Ozzy, que puso el broche a una actuación tremendamente física.

 

Mushroomhead ofrecieron, en definitiva, uno de esos conciertos que no esperas que vayan a impactarte tanto y que terminan dejándote un magnífico sabor de boca. No es precisamente sencillo verlos por Europa, así que la ocasión era perfecta para descubrir a una banda que convirtió su actuación en uno de los grandes bolazos de la jornada.

Aneuma toman el Leyendas con invitada especial (Jordi Tàrrega)

De Aneuma tenía las referencias de que eran una banda ganadora de la Metal Battle en Wacken y demostraron sobre escena que están en una forma envidiable y que su material es rotundo. Empezaron con Laura vestida de duelo en una intro pomposa para luego arrancar con “Your Doom”. El sonido era muy mejorable de inicio, pero en temas como “Fall Apart” de verdad que me sonaron muy a Tribulation, lo cual es toda una garantía de calidad. El quinteto está rodado y la sensación de dinamismo y movilidad era constante.

 

 

“Chain Reaction” fue otro de los buenos momentos de un set que combinó death metal melódico con unas guitarras realmente espectaculares a manos de Abel y Borja Suárez. Tras “Breakout from Hell” Laura presenta a Hynpheria de Death & Legacy, momento en que el micro de la segunda suena y no el de la primera. Algunos detalles de sonido fueron mejorables, pero dentro de lo (muy) bueno fue que presentaron a Marco, el batería, que lleva con ellos dos semanas y se había aprendido trallazos como “Under the Spell” y “Guide Them to the Light”.

 

Se pidió un circle pit para “Light the Torch” y buen final en una intensísima “Violet” dejando el escenario del Leyendas temblando y satisfecho. Los astures reparten influencias de todo tipo pasando tanto por The Halo Effect como por Arch Enemy, pero la gracia es que han conseguido algo propio, exportable y muy lucido. Y la bajista Red Jane no paró ni un minuto sobre escena.

 

Northlane: Solidez sin demasiadas sorpresas

Los australianos Northlane llegaban a Leyendas del Rock como uno de los grandes representantes del metalcore contemporáneo. Su concierto fue impecable a nivel técnico, con una banda perfectamente engrasada y un sonido que permitió apreciar cada detalle de temas como «Bloodline», «Carbonized», «Talking Heads» o «Clockwork».

 

Sin embargo, la sensación general fue la de una propuesta demasiado lineal. Su estructura compositiva, basada en canciones muy directas y esquemas previsibles, terminó restando capacidad de sorpresa a un repertorio que cumplió con las expectativas de sus seguidores, pero que difícilmente logró conquistar a quienes buscaban algo más.

 

 

Aun así, la contundencia de la banda y la entrega de los fans demostraron que Northlane sigue ocupando un lugar cada vez más privilegiado dentro del metalcore actual, aunque el género parezca avanzar por caminos cada vez más ambiciosos.

Lándevir (Yolanda S.): folk metal desde la provincia

Muchas ganas teníamos de volver a ver a los paisanos Lándevir. Su último trabajo data de 2024, Un viaje en el tiempo, para mí su disco más cuidado hasta la fecha, tanto a nivel compositivo como de producción, y en el que además han contado con colaboraciones de auténtico lujo.

 

Toda una alegría que el Leyendas quisiera contar nuevamente con ellos, así que hasta el escenario New Rock nos acercamos para disfrutar de los afincados en Elda. Durante los primeros compases del concierto apreciamos ciertos problemas de sonido o, más bien, algunos desajustes en la cohesión del conjunto que, afortunadamente, se solventaron con rapidez.

 

 

No dejamos que estos pequeños contratiempos ensombrecieran el concierto, porque Lándevir nos tenían preparadas unas cuantas sorpresas en una actuación en la que se notaba que habían querido poner especial cariño. Con un protagonismo evidente de su último trabajo, arrancaron con «Recuerdos», «El espíritu del viento» y «Deuda eterna».

 

La combinación de las guitarras de Francisco Gonzálvez y José Jérez, junto a Iván Martínez al bajo, conforma un trío perfectamente engranado, sin olvidarnos de Pablo Guerra a la flauta, fundamental para aportar ese característico componente folk a su sonido. Desde su posición trasera, José “JF” a la batería no dejó de interactuar con sus compañeros ni de transmitir su energía al público.

 

Al frente, José Macheño ha ganado mucha seguridad sobre el escenario, algo que demuestra cada vez que tenemos ocasión de verlos en directo. Cada vez tiene más interiorizado su papel de frontman y sabe perfectamente cómo meterse a la audiencia en el bolsillo. Además, para esta gira se ha unido a la formación la talentosa violinista Sara Ember, cuya presencia aporta todavía más riqueza y fuerza a las melodías de Lándevir.

 

Buena parte del setlist continuó recorriendo Un viaje en el tiempo, aunque tampoco faltaron composiciones de sus trabajos anteriores. Así pudimos escuchar temas como «Creencias del ayer», «Nunca dejes de soñar», «Amor prohibido», «Leyendas del Medievo», «Buscando el paraíso» o «Reina Alhama».

 

La recta final terminó convertida en toda una celebración, canciones como «Leyendas del Medievo» o «El mañana ya vendrá», destinadas ya a convertirse en auténticos clásicos dentro del repertorio de Lándevir, sirvieron para culminar un concierto muy especial.

Dark Tranquillity: si Stanne sonríe, el público responde (J. A. Díaz)

Tocaba recibir en este vigésimo aniversario del Leyendas del Rock al único miembro activo de los tres pilares que pusieron al death metal de Gotemburgo en el panorama global. Al segundo, por desgracia, difícilmente volveremos a verlo en directo. Y el tercero ahí sigue, aunque… En fin, ya habrá tiempo de hablar de él en la crónica de la tercera jornada.

 

 

Llevaba una buena racha viendo en nuestro país a Mikael Stanne, exvocalista precisamente de In Flames, pero al frente de The Halo Effect. Hacía tiempo que no presenciaba al carismático cantante con su banda principal. Esta visita se produce en un momento inmejorable. Su (todavía) último álbum, Endtime Signals (2024), es lo mejor de Dark Tranquillity en mucho tiempo. Tanto es así que, aun sonando dos temas de ese disco, me dolió el sacrificio de «The Last Imagination».

 

En efecto, se produjo alguna modificación respecto de lo que venía presentando el grupo en esta gira para amoldarse al poco tiempo disponible. Podría seguir maldiciendo mi suerte por no haber interceptado jamás a Dark Tranquillity tocando «Lethe», que en este 2026 ha sonado esporádicamente, pero no creo que proceda quejarse de lo que ofrecieron. Todas sus épocas quedaron representadas. La recta final, que arrancó con «Punish My Heaven» de esa obra maestra que es The Gallery (1995), seguida de una muy bien recibida «Phantom Days», fue para enmarcar. El público se animaba a cantar apoyándose en la pantalla, que a modo de teleprompter mostraba parte de las letras, y quedó satisfecho cuando «Misery’s Crown» puso fin a la actuación.

 

 

Sin embargo, hubo un problema con el sonido. La mezcla comenzó muy saturada. Y aunque a partir de la cuarta canción (que fue «Atoma») mejoró la cosa, el teclado quedó soterrado. Veíamos a Martin Brändström, pero costaba intuir lo que tocaba. Este lunar, aunque me vea en la obligación de mencionarlo, no aborta una buena actuación general. Además, a Stanne, derrochando su habitual simpatía, le bastaba con mostrar un par de veces su sempiterna sonrisa para que nos olvidáramos de esos detalles.

 

Injector: thrash thrash thrash

En los últimos años Injector ha ido abriéndose paso y dejando su nombre dentro del thrash metal de nuestro país, y es que los murcianos, que venían presentando parte de «Endless Scorn», confirmaban la evolución de una banda capaz de combinar la agresividad del thrash más clásico con melodías muy bien construidas y una ejecución técnica sobresaliente.

 

 

Desde el primer riff quedó claro que lo suyo es la intensidad. Dani MVN lideró una actuación llena de actitud, acompañado por una formación que sonó compacta y tremendamente precisa. Sin artificios ni pausas innecesarias, Injector construyó un concierto directo y contundente, apoyado en un repertorio que alternó material reciente con algunos de sus temas más conocidos. El público respondió con bastante entrega, como buenos fans del thrash, y confirmaron que el grupo atraviesa uno de los mejores momentos de su trayectoria, sobre las tablas y tras ellas.

EVO(lucionando) con el pasado y el futuro (Jordi Tàrrega)

Los catalanes Evo volvían al Leyendas como animales de ciudad, para rememorar el pasado mítico del grupo, pero también con ganas de ofrecer esperanza de futuro, con una alineación muy potente y compenetrada y con un César Serrano a la voz que llega a los registros de Estímula y va más allá. “Maloik” representa el futuro, pero los veteranos presentes en el segundo escenario disfrutamos de gemas como “Rock & Roll Barcelona”.

 

El grupo jugó con elementos de producción como máscaras, copas o las protecciones del protagonista de la portada de su ópera prima, cosa que agradecimos, como también los posters con imágenes de las portadas del grupo y de una Barcelona más actual. “Piso gas” sonó rotunda igual que “Aún así lucharé”, momento tras el cual Richard tomó el micro y agradeció la presencia de un público muy entregado y participativo.

 

 

Solos de guitarra doblados en “Aprieta el botón” y recta final con “Sangre y metal” de su segundo disco y la esperada “Animal de ciudad”, con un gran Ramón Solà a la batería y con la promesa de que este 2026 habrá un nuevo disco de Evo, lo cual es una inmensa noticia. Pueden parecerte algo muy del pasado, pero la formación actual arrasa con todo y defiende futuro y pasado con agallas y electricidad.

Godsmack: hard rock con mucha clase

Otra de esas oportunidades de ver a una banda que no se prodiga demasiado por España era la de Godsmack. Aunque no sea mi estilo predilecto y tampoco sea un grupo al que haya escuchado demasiado, tengo que reconocer que disfruté mucho de su propuesta, a medio camino entre el hard rock y el metal alternativo, con pinceladas de stoner y ese característico sonido de rock americano.

 

Desde el primer momento, su cantante, principal compositor y alma mater de la banda, Sully Erna, se mostró muy cercano con el público. Es todo un frontman y durante el concierto interactuó constantemente con los asistentes, dirigiéndose a nosotros en numerosas ocasiones y agradeciendo especialmente el cariño del público español. Incluso hubo tiempo para felicitarnos por haber ganado el Mundial.

 

 

Godsmack entró en escena con “For Those About to Rock (We Salute You)” de AC/DC como introducción, antes de arrancar con toda su artillería. El escenario se presentó bastante sobrio, con una iluminación oscura y sin demasiados artificios. Aquí lo que primaba era la música. Habían venido a tocar y a demostrar la contundencia que pueden alcanzar sus canciones en directo.

 

Y es que, pese al carisma de Sully Erna, en ningún momento el espectáculo terminó imponiéndose sobre lo verdaderamente importante: la música. Sonaron temas como “Voodoo”, uno de sus grandes clásicos, además de “Surrender” y “You and I”, pertenecientes a Lighting Up the Sky. Me sorprendió, de hecho, que no recurrieran demasiado a su trabajo más reciente y que el repertorio estuviera bastante repartido entre diferentes etapas de su carrera.

 

 

Musicalmente encontramos toques de stoner, hard rock americano de ritmos pesados y pausados y ciertas influencias del southern rock, todo ello acompañado por una presencia especialmente contundente de la batería. Godsmack tiene ese sonido grueso y musculoso que en directo gana muchos enteros.

 

Uno de los momentos más brillantes llegó precisamente con el duelo de baterías, con Sully Erna sentándose también tras los parches para enfrentarse musicalmente al batería de la banda.

 

La única pega, y esto es una apreciación completamente personal, fue su posición dentro del cartel. Colocar a Godsmack entre dos actuaciones como las de Dark Tranquillity y Arch Enemy quizá no fuese la mejor combinación. El cambio de estilo fue considerable y reconozco que por momentos desconecté un poco. Es una pena, porque probablemente habría disfrutado muchísimo más de su actuación en otro contexto y con un cartel más acorde con su propuesta.

 

En cualquier caso, Godsmack demostraron ser una auténtica apisonadora en directo y una banda con muchísimo potencial sobre el escenario. Si antes del concierto no estaban entre mis grupos habituales, después de verlos en acción quedan apuntados en el radar. Un concierto muy completo y, sobre todo, una muy grata sorpresa.

Arch Enemy: Lauren Hart supera la prueba de fuego (J. A. Díaz)

Más o menos desde que Johan Liiva dejó de ser el cantante de Arch Enemy, se popularizó en la comunidad del metal un deporte (de combate) consistente en vapulear a estos suecos hasta dejarlos a la altura del betún. Hay modalidades para todos los gustos.

 

La más trve consiste en decir que Michael Amott, en tanto que padre espiritual del death metal melódico durante su etapa en Carcass, es un vendido que convirtió a su criatura en un remedo de power metal facilón (nada de «pure fucking metal», lema que mostraba la lona del escenario antes de que empezara este concierto). Una derivada de la anterior: el grupo debe arder en el infierno por desaprovechar el potencial del guitarrista Jeff Loomis. Y, claro, también está la menos imaginativa. El éxito de Arch Enemy se explicaría porque sexualiza a sus cantantes, que ni siquiera son pioneras en esto del metal y el growl. Ahí está Sabina Classen (Holy Moses) desde la década de 1980.

 

Yo no me cuento entre los archienemigos de Arch Enemy. Pero creo que es importante ser consciente de esas críticas porque nos encontramos en un momento delicado para el futuro de la banda de Halmstad y mucha gente tiene ganas de que se estrelle. Loomis ya se fue a reflotar Nevermore y Alyssa White-Gluz se ha unido ahora a DragonForce, además de montar Blue Medusa.

 

 

En esta nueva etapa, nadie espera que alguien distinto del virtuoso guitarrista Amott lleve el peso compositivo. Y la estadounidense Lauren Hart (ex-Once Human) habrá de asumir que será (odiosamente) comparada con sus predecesoras al micrófono, la alemana Angela Gossow y la mentada canadiense de pelo azulado. Le pese a quien le pese, dos mujeres que han dejado su huella musical en la historia del heavy metal, al margen de su mayor o menor sex appeal y aunque ciertamente no fueran las primeras en hacerlo. El plato estrella de esta segunda jornada de festival era mucho más que otro mero concierto de Arch Enemy y por eso esta crónica también tiene algo de ensayo.

 

Vayamos por partes. Nadie en su sano juicio puede poner en duda que Arch Enemy sea un cabeza de cartel de pleno derecho después de asistir a su último directo. La banda sonó y rindió a un nivel altísimo, con un empaque y una compenetración dignos de loa. Quién diría que está inmersa en tiempos convulsos… Su capacidad de convocatoria fue igualmente asombrosa: el público se vio obligado a inundar el espacio del escenario contiguo. También cubrió el cupo de la parafernalia exigible a un nombre de primera fila: llamaradas constantes, decenas de pelotas gigantes botando sobre el público, etc.

 

Hablemos ahora de Hart. Su registro como growler es más agudo que el de sus predecesoras y eso seguramente termine obligando al grupo (i.e., a Amott) a adaptarse a su voz en futuras composiciones. Dicho esto, se enfrentó a un repertorio que incluyó un repaso de toda la historia de Arch Enemy y jamás pareció superada.

 

 

No sé si es aventurado afirmar que su llegada anticipa un retorno a la esencia más death de la banda. Habrá quien diga que un indicio es la recuperación en este concierto de «Bury Me an Angel», de la época de Liiva. Puestos a ver señales, podría también mencionar que de la nada surgió entre las masas un gran flotador hinchable que hizo las delicias de gran parte del público. Tenía la forma de ese ser mitológico que, con sorna, ha acabado tan vinculado al death metal (el unicornio arcoíris). Ya veremos.

 

Lo que es innegable es que Hart tiene presencia y movilidad en el escenario, y que transmitió la idea de que estábamos ante un concierto duro, generándose espontáneamente tanto circle pits como walls of death. Lo anterior es meritorio y habla bien de su carisma, porque su carácter es afable, más cálido que agresivo. Tampoco se enredó en discursos.

 

 

Mientras sonaba «The Eagle Flies Alone», la pantalla mostraba la imagen de un eclipse. Aunque resultaba muy oportuna atendiendo al que veremos la semana que viene, no lo es tanto aplicada al relevo en el micrófono. Hart es una cantante, tanto por voz como por estilo, distinta, y por eso no va a eclipsar a White-Gluz. Precisamente por sus diferencias, se abre un camino interesante para Arch Enemy. De momento, su incorporación no le ha sentado mal: fue el gran triunfador de esta segunda jornada.

 

Celtibeerian: Folk, cerveza y una auténtica fiesta

Los problemas durante la prueba de sonido no hicieron más que retrasar lo inevitable: Celtibeerian terminó poniendo el escenario New Rock completamente patas arriba. La banda volvió a demostrar que su combinación de folk metal y metal extremo funciona como un auténtico imán para el público. Por que, es cierto que el folk metal está siempre en lo alto del disfrute y los carteles de cualquier festival que se precie, pero Celtibeerian tienen este toque algo más oscuro que los hace especiales.

 

Temas como «Beerdrinkers on Duty», «Praise to the Vineyards», «The Wolf I Am», «Old Nº7» o la imprescindible «Looking for Beer» transformaron el recinto en una celebración continua donde no dejaron de sonar palmas, bailes y brindis improvisados. Buena parte del mérito reside también en unos músicos de enorme nivel como son Gus (voz y bajo), Dagda (Gaita, whistles, bouzouki, viola y coros/guturales), Sergio (guitara), Clara (Zanfona, whistles) y Rubén (batería) que dominan instrumentos poco habituales dentro del metal, aportando una personalidad muy marcada a cada composición. Pese a los contratiempos iniciales, Celtibeerian ofreció uno de los conciertos más divertidos y participativos de la jornada.

 

dArgtanan: clase de florete y violin (Jordi Tàrrega)

Lo del año pasado de dArtagnan fue una de las más grandes sorpresas, por lo que a nadie le extrañaba que estuvieran en una posición privilegiada y que se quedase tanta gente después del gran concierto de Arch Enemy. Había muchas ganas de verles en horario nocturno, y las huestes de “Benito” fueron la fiesta folk prometida. Entrada orquestal con un santuario en pantallas y con el sexteto cabalgando a lomos de “Ruf der Freiheit”. Violín, colorido y carisma a borbotones.

 

Los de Núremberg tiraron de fuego y humo, a Ben le pasaron una gaita que siguió sonando tras retirarla, pero los trucos de los espadachines dieron para mucho en piezas como “Tan in den Mai”. Ecos de Santiano, melodías reconocibles y temas muy bailables que, esta vez, ya habían perdido el efecto sorpresa de su anterior visita. Nada mal el castellano de su líder que dijo que en España le llaman “Benito”, y claro, la gente lo repitió una y otra vez.

 

 

Sorprendió la versión de Avicii “Wake Me Up” y seguimos flotando con el rock medieval aderezado con mandolinas para vestir a “Helden & Hymnen” y nos pusimos el sombrero de tres picos para cantar el “My Love’s in Germany”. Ben es un ciclón y las canciones ganan con ese violín de “Gustl” Strauss, que suele saltar cuando tocan, y muestra de ello fue el “Herzblut”. Y ya en el tramo más festivo-etílico las versiones de “Trink Mein-freund” y el “Was wollen wir trinken”, que siempre tocaba el gran Unkle Tom Anglelripper. Pero el lujo absoluto fue la versión de Bonnie Tyler “Holding Up for a Hero”, ya no del día, sino del festival. Y obviamente bajó entre el público que dio vueltas sobre un Ben que estaba en medio de la arena. Son imbatibles, sí, incluso a la altura de su otra banda Feuerschweiz, pero recordemos que para el año que viene han confirmado a Saltatio Mortis. Palabras mayores…

 

 

Bolu2death: El New Rock se rindió al metalcore nacional

Cerrar un escenario, y con ellos una de las jornadas, nunca resulta sencillo, al igual que tampoco lo es abrirlo, pero Bolu2Death asumieron la responsabilidad con absoluta autoridad. La banda descargó un concierto intenso, donde el metalcore moderno se mezcló con pasajes melódicos y una energía constante que conectó rápidamente con el público.

 

La formación volvió a demostrar la enorme evolución que ha experimentado en los últimos años, los durante los cuales han colado su nombre en varios de los festivales más grandes de nuestro país y en grandes salas. Ayer, además, nos presentando un sonido mucho más sólido y maduro que en sus primeras visitas al festival. Breakdown tras breakdown, el público respondió con circle pits, saltos y una gran compenetración con la banda, que convirtió el cierre del escenario en una auténtica celebración. Sin necesidad de grandes artificios, con mucho juego de luces y flashes, Bolu2Death dió un buen pisotón a las tablas de Leyendas y dejó, una vez más, clarísimo que una referencia imprescindible dentro del metal moderno estatal y que su camino no ha hecho más que empezar.

 

 

 


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