Jay Buchanan en Birminghan: la joya oculta del country

Jay Buchanan + Fire in Her Eyes

The Glee, Birminghan

27 julio 2026

Fire in Her Eyes

Interesante la propuesta de estas dos chicas en formato dúo, con un estilo que se mueve entre el blues, el rock, el progresivo y el folk; en definitiva, una mezcla de varios géneros.

 

Ellas solas se bastan sobre el escenario. Salieron Daniella, la cantante, con una guitarra decorada con un sol y el mar, encargándose de la voz principal, y su hermana Natasha al sintetizador, aunque durante el concierto también se atrevió con el piano, desenvolviéndose a las mil maravillas. Y no solo la acompaña en los coros, sino que ambas realizan unas voces dobladas a dos tonos muy trabajadas.

 

Tras el primer tema se presentaron como Natasha y Daniella, un dúo afincado en Londres. Looking to the Sky es el nombre de su último disco y contaron que llevan escribiendo canciones desde muy pequeñas. A continuación interpretaron el tema homónimo. Es cierto que Natasha se luce especialmente en los registros agudos y se nota que se siente muy cómoda en ellos, aunque en los graves no transmite la misma solvencia.

 

La tercera canción fue «Never», basada en la idea de que no puedes escapar de ti mismo. En ella combinaron unos agudos muy potentes y aprovecharon para contar que el disco les ha llevado tres años de trabajo. También animaron al público a comprarlo y explicaron que en la grabación de estudio participaron siete músicos.

 

 

Con la penúltima canción, «Sheeps in the Sky», Natasha volvió a tomar las riendas del sintetizador. Explicaron que habla de esa enorme conexión emocional que puedes llegar a tener con alguien y de cómo, de repente, esa persona desaparece de tu vida, como dos ovejas que se pierden en el cielo. Y es que, ¿quién no se ha sentido así alguna vez?

 

Pero el colofón llegó con el último tema. Daniella se adueñó del teclado y dejó un precioso momento para la improvisación, demostrando que también tiene un talento enorme al piano. Mientras tanto, su hermana la acompañó a la perfección con el sintetizador y las voces, creando uno de los momentos más emotivos de todo el concierto.

 

Tienen un aire muy hippie y, aunque quizá su propuesta no encaje a la perfección con la de Jay Buchanan, consiguieron que disfrutáramos de su actuación. De hecho, aunque el público se mostró algo titubeante al principio, poco a poco supieron conquistarlo y terminaron recibiendo una gran ovación entre vítores y aplausos.

Jay Buchanan

Algo no terminaba de encajar en mis piezas. Había consultado el setlist que el bueno de Jay está llevando en esta gira y solo interpreta doce canciones. Entonces, ¿por qué, cuando llegué a la sala, se esperaba que el concierto durara dos horas y media? Pues bien, a continuación tenéis la respuesta.

 

El cantante de Rival Sons ha apostado por un formato único y muy interesante. Además de ofrecernos todas las canciones de su último álbum —que para él ha supuesto un viaje, una odisea y, en cierto modo, un punto de inflexión—, entre tema y tema nos ha regalado un soliloquio que, en ocasiones, se extendía durante diez minutos para ponernos en contexto y explicar cómo se ha fraguado este disco. Tiene una voz tan perfecta que consigue encandilarte incluso cuando simplemente habla; podría contarnos lo que le viniera en gana y seguiríamos completamente absortos.

 

 

Lo cierto es que yo esperaba un concierto al uso y no sé muy bien cómo tomarme este formato. No voy a negar que lo he disfrutado muchísimo, pero también es innegable que el ritmo musical se resiente un poco con tantas interrupciones. Ahora bien, Jay es un narrador extraordinario, un auténtico contador de historias, y con ellas ha conseguido sumergirnos en su particular odisea.

 

Porque este disco ha tenido de todo. Lo compuso en un búnker en mitad del desierto; durante el proceso tuvo que afrontar el cáncer de su mujer, el nacimiento de su segundo hijo y una mudanza de Tennessee a California. Toda esa montaña rusa emocional ha quedado plasmada en un álbum hecho de vísceras, heridas y, finalmente, curación.

 

Entre parlamento y parlamento fuimos escuchando prácticamente al completo su último trabajo, mientras iba desgranando el significado de cada canción: «High and Lonesome», «True Black», «Sway», «Tumbleweeds», «Deep Swimming», «The Great Divide» e «Internal Dialogue». Es verdaderamente asombroso el timbre vocal que tiene y la potencia que transmite sólo con una guitarra y silba… Eso es un don.

 

También hubo tiempo para recordar el concierto de despedida de Ozzy, celebrado hace apenas un año en la misma ciudad de Birmingham, donde Jay también estuvo presente. Fue un momento realmente emotivo. Sin embargo, la sala terminó estallando con «Caroline», porque es, sencillamente, una canción perfecta. «Shooting Stars» fue el guiño a Rival Sons que volvió a poner a todo el público en pie.

 

Desafortunadamente, no pude quedarme hasta los dos últimos temas, pero todo apuntaba a que el cachondeo continuaría un buen rato más, con Jay improvisando, contando historias y disfrutando de esa cercanía con el público que convirtió la noche en algo mucho más que un simple concierto.

 


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