Anette Olzon + Crusade of Bards
27 de agosto de 2026 – Revi Live (Madrid)
Estética Torta
Fotos: Juanjo Maxmetal
Crónica: Alex Hidalgo
Tú que empiezas a leer esta crónica, permite que te dé un consejo. Rompe tus cadenas y sé libre. Hazte a la mar, ve a un nuevo lugar, súbete a un escenario o explora esa afición que siempre has pensado en hacer pero que nunca te has atrevido a llevarla a cabo. Da igual lo que sea, simplemente sé tú; así brillarás cómo brilló Anette Olzon en su concierto en Madrid.
No hay que olvidar que la cantante sueca formó parte de Nightwish. Una empresa (una gran banda funciona como debe funcionar como tal por varias razones que explicaré en otro momento) que a veces ha dejado decisiones bastante cuestionables.
El adiós de Anette Olzon fue una de ellas. En mitad de la gira por USA del disco «Imaginaerium» decidieron prescindir de ella como por arte de magia. Fue una cantante demasiado criticada, encadenada a lo que otros decían, casi sin poder brillar. Por suerte, una vez lejos de las cadenas y con sus niños ya crecidos, se presentó en la Revi Live de la capital española para enseñar como es Nightwish pudiendo ser ella sin atadura alguna.

Crusade of Bards: abriendo la velada con sinfonía
La formación madrileña e internacional Crusade of Bards (hay componentes de más de una país europeo) salió con ganas y demostró calidad a nivel compositivo. Canciones como «Rise of the Kraken» o «Vento Aureo» me dan la razón. Melodías cuidadas, control de su instrumento y con ganas de hacer metal sinfónico con un toque moderno.
Temas con buenas intenciones y bien interpretadas por sus componentes, pero a la que le falta rodaje como banda. Me explico mejor: se me hizo curioso que todos interactuaran con Paolo, el teclista, pero que entre los cantantes no hubo ni una simple mirada; también me resultó llamativo que la cantante diese paso a Paolo para comunicar la siguiente canción o animar al personal reunido porque a él se le da mejor.
Su última canción «Ten Steps To The Gallows» demostró esa calidad pero quedé con una media sonrisa al acabar por esa falta de rodar juntos. ¿Pueden mejorar? ¡Sí! ¿Lo harán? ¡Estoy seguro! Si mejoran su interpretación en directo yendo todos a una y se fortalecen como banda. Oiremos hablar de Crusade Of Bards ya que pese a tener sede en Madrid, un servidor y otros a quiénes pregunté no los conocían.

Anette Olzon: inocencia, clase y control van de la mano en Madrid
Pese a la poca entrada que había en la sala, la gente se amontonaba cerca del escenario como si no hubiese hueco disponible en la sala. Llegado el momento, Anette Olzon y su banda salieron a conquistar Madrid al ritmo de «7 Days To Wolves». «Storytime» sonó mejor que nunca y nos permitió ver a Anette acompañando con su voz durante el momento que canta el coro (algo que no recuerdo que con Nightwish hiciera).

Daba igual la cantidad de público, Anette se mostró agradecida como si estuviese en una sala con sold out. Su simpatía e inocencia eran contagiables y con «Ghost River» dejó claro que su banda iba con ella gracias a su grandioso bajista. Compensó la falta de Marko Hietala con muy buena nota. La señora Olzon estaba liberada, haciendo headbang como nunca la había visto hacer en temas tan reconocibles como «Bye Bye Beautiful» o «Amaranth».

Hay una cosa que me enamoró profundamente de ella: verla comprometida con sus fans. Dedicó «Rest Calm» a un fan que había estado en el meet&greet y que por circunstancias de la vida, necesitaba escuchar esa canción. No voy a mentir: ese fan era yo. Recientemente perdí a alguien muy importante por culpa del cáncer y hablando con ella, le comenté mi panorama. Después de encadenar varias canciones lentas pero emotivas, la todopoderosa «Song of Myself» llegó para inundar la sala de headbang.
Anette nos dio un final versátil y potente
«Scaretale» mostró una Anette versátil a nivel vocal, clavando los agudos exigentes de la canción. El concierto no podía bajar del nivel que nos había dejado la última canción. Así que cuando empezaron a sonar los primeros acordes de «The Poet and The Pendulum», la sala explotó y durante 15 minutos de arte viajamos a un mundo astral.
El final llegó con la mano de «Last Ride of the Day». Un tema que certificó un show que nos dejó sin palabras y nos trasladó a momentos de la adolescencia. Nos fuimos contentos, con ganas de más y sabiendo que vimos a Anette Olzon sin las viejas ataduras. La vimos siendo ella, sonriendo y con ganas de dejarse la piel sobre el escenario. Ser uno y estar sin cadenas mismo merece la pena, la cantante sueca nos lo dejó bien claro.

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