PELAGIC FEST DIA 2
Sábado 29 de agosto de 2026
Muziekgieterij, Maastricht, Paises Bajos
Texto: Oriol Torras
Organiza: Pelagic Records
Bandas: Slift, Aa-Williams, Kilimanjaro Jazz Ensemble, Otay-Onii, Oh-Hiroshima, Slow-Crush, Lost-In-Kyiv, Zatokrev, Norna, Hanry, Devil’s Trade
Sin apenas tiempo para digerir todos los conciertos que vimos durante el primer día del Pelagic Fest, volvimos al Muziekgieterij a las 13:30 para degustar una cuidada selección de bandas conocidas y no tan conocidas. Antes de meternos de lleno en los conciertos que presenciamos, me gustaría hacer, con vuestro permiso, una reflexión sobre algo que aprecié en la mayoría de las bandas que vi en este festival.
Y es que, como dice mi querido director de esta web, Jordi Tàrrega, «las bandas de prog no dan titulares». Esto tiene, como todo en esta vida, algo bueno y algo malo. Lo bueno es que estas bandas ponen la música por delante de cualquier ruido ajeno: las posibles reyertas —que las hay— no trascienden y los egos no eclipsan a la banda.
Sin embargo, después de dos días en el festival, tuve la sensación de que esto quizá se llevaba demasiado al extremo, hasta el punto de que la mayoría de las bandas apenas se comunicaban con el público, salvo en contadas ocasiones. Es estupendo que lo más importante sea tu creación, pero el público no quiere limitarse a escuchar un CD en directo: quiere vivir una experiencia, sentir una conexión con los artistas.
Y eso fue precisamente lo que eché en falta en este festival. Ninguna banda, que yo recuerde, presentó a sus integrantes y en pocas ocasiones escuchamos un «Good evening, Pelagic Fest!». Dudo que fuera por soberbia; supongo que se debía más bien a timidez o humildad, pero personalmente habría agradecido que, de vez en cuando, rompieran esa distancia que se percibía entre ellos y nosotros.
A pesar de todo, esto no deja de ser una pequeña pataleta. Y, a su favor, hay que decir que todas las bandas que participaron estuvieron después en el hall vendiendo su merchandising y charlando con los asistentes en una atmósfera muy cordial y amable. ¡Gracias!
HANRY
Empezamos la jornada con el grupo instrumental francés Hanry. La banda presentaba su recién publicado álbum What Came From Silence, desplegando un sonido luminoso, como surgido de un sueño placentero, que se entremezclaba con pasajes de distorsión y garra, en un estilo muy cercano al de EF.
Como comentaba antes, ni siquiera tenían un micrófono hasta que, al final del concierto, el bajista Anthony Leliard cogió uno del suelo para agradecer al festival y al público la oportunidad de estar allí.

NORNA
El primer concierto del día en la sala pequeña lo protagonizó Norna, nombre que en la mitología nórdica corresponde a tres deidades: pasado, presente y futuro. Aunque la banda está formada por tres miembros, sobre el escenario solo estaban el batería Marc Theurillat y el cantante y guitarrista Tomas Liljedahl.
Con un sonido muy contundente y agresivo y una voz rasgada, no daba la sensación de que hubiera únicamente dos personas sobre el escenario. De hecho, la voz estaba al mismo volumen que el resto de los instrumentos, convirtiéndose en uno más y llegando incluso, por momentos, a sonar como un lejano grito de agonía y desesperación que enfatizaba el carácter desgarrador de la banda.

THE DEVIL’S TRADE
Directamente llegados desde Budapest, The Devil’s Trade subió al escenario de la sala grande para deleitarnos con su doom metal, construido sobre cuerdas pesadas y una batería en la que predominaba el uso de los tambores.

ZATOKREV
La banda suiza de doom metal Zatokrev desplegó toda la garra y agresividad de su repertorio, centrado principalmente en su último LP, …Bring Mirrors to the Surface. «Blood», «Changes» y «Red Storm» actuaron como un centro gravitacional que nos mantuvo con los pies aferrados al suelo.
Aunque durante unos instantes los altavoces principales dejaron de funcionar, el sonido de los amplificadores nos permitió seguir disfrutando de la actuación y el problema quedó solucionado en pocos segundos. Fue el único incidente técnico del festival, lo que dice mucho del gran trabajo de sus técnicos de sonido. Al fin y al cabo, solo solemos acordarnos de ellos cuando algo falla, pero sin su labor estos eventos no serían posibles.

LOST IN KIYV
La banda parisina Lost in Kiyv subió al escenario con su logotipo superpuesto a una escena postapocalíptica y desató toda la potencia de su post-rock de base prog con «Burst», «Mantra» y «Eclipse», segundo, tercer y cuarto tema de su último álbum, We’re Going to be Fine.
Lost in Kiyv tiene una enorme facilidad para pasar de un sonido etéreo e ingrávido a un pasaje más básico y terrenal en instante, como demuestra a la perfección en «Mirrors». En «But You don’t care», la canción va acelerándose de manera constante, mientras que «Euphoria» aporta un matiz más electrónico, confirmando que estamos ante una banda poliédrica y con mucho talento.
Aunque la banda sea instrumental, en este caso no se echa en falta una voz principal, ya que los instrumentos transmiten perfectamente la historia que quieren contar. El concierto llegó a su tramo final con la contundente «Insomnia» y «Tróia», que explicaron haber grabado esa misma semana en un estudio de Pelagic Records, antes de terminar con «Liminality», la última pista de su lanzamiento más reciente. Lost in Kiyv nos ofrecieron un concierto electrizante, vibrante y redondo.

SLOW CRUSH
La banda belga Slow Crush subió al escenario de la sala pequeña para ofrecernos una buena muestra de sus creaciones. Su shoegaze, con guitarras pesadas contrapuestas a la voz suave y ensoñadora de Isa Holliday, hizo danzar al público de forma lenta y sinuosa.
Slow Crush estaba de celebración: se cumplía exactamente un año de la publicación de su último álbum, Thirst, y dieron un amplio repaso al disco con canciones como «Cove», «Haven» o «Cherry».

OH HIROSHIMA
Oh Hiroshima protagonizó uno de los grandes momentos del día, aunque no figuraran entre los cabezas de cartel. El grupo saltó al escenario dos años después de su último paso por el festival, golpeando fuerte con «Wild Iris», construida sobre acordes largos y pesados, para después presentar varios temas de su recién publicado And the Dead Tree Gives No Shelter: la electrizante «Meridian» y la suave «Servant of All». Entre ambas canciones, el cantante Jakob Hemström aprovechó para agradecer al público su presencia.
La banda sueca continuó con la oscura y contundente «Humane» para después, sobre una rápida base de bajo y con largas notas de guitarra como contrapunto, adentrarse en la hipnótica «Holding Rivers». Su último single, «Broken Sunlight», aportó un tono más heavy a su sonido.
La banda encaró los últimos compases del show con «Ascension» y «Drones», que acabaron de redondear un concierto sublime y nos dejaron con ganas de escuchar más material suyo.

OTAY:ONII
Y llegamos a una de las actuaciones más sorprendentes que tuvimos el placer de presenciar. OTAY:ONII es el proyecto en solitario de Lane Shi, la nueva cantante de The Ocean Collective. Desde el primer momento entendimos que no íbamos a ver un concierto al uso.
La artista empezó cantando entre el público, construyendo a base de loops capas y capas de voces que aportaban un matiz enigmático a un show que apenas acababa de comenzar. Después se armó con un keytar para entonar el primer tema de su último álbum, Love Is In The Shit, «Have You Ever», con un tono psicodélico y una voz situada constantemente al filo entre la melodía y el grito.
De repente, cogió un artilugio del suelo: una flor de loto negra con un excremento encima que retorcía para generar unos extraños sonidos. A esas alturas, el desconcierto —sin doble sentido— ya era palpable entre el público.
«Plaice» añadió todavía más confusión, combinando partes lentas al piano con otras de doble bombo, voces limpias y rasgadas, y dando lugar a una imagen absolutamente surrealista. Parece que Lane Shi busca constantemente los límites de la voz, el sonido e incluso la cordura. Además, la artista se apoya en imágenes en movimiento como fondo y en una danza muy plástica, confirmando que estábamos ante una artista total.
OTAY:ONII nos ofreció una performance brutal que no dejó indiferente a ninguno de los presentes.

THE KILIMANJARO DARKJAZZ ENSEMBLE
Todavía con la cara de estupor, nos dispusimos a cambiar radicalmente de registro. Pasamos de la tempestad a la calma. The Kilimanjaro Darkjazz Ensemble nos ofrecieron un recital muy diferente a todo lo que habíamos visto hasta ese momento.
Sobre el escenario, cinco personas: un bajo, una guitarra, un trombón de varas, una cantante con una mesa de efectos para su voz y un DJ que ejercía como base rítmica y electrónica.
El público mantuvo un silencio sepulcral durante toda la actuación, y es que su música había que degustarla lentamente. En algunos momentos nos trasladaba a un antiguo club de jazz; en otros, parecía que estábamos escuchando el hilo musical de una mazmorra o del mismísimo infierno, entre capas oscuras, una voz etérea y un trombón que aportaba un matiz todavía más lánguido.
El concierto parecía una lenta y tenebrosa improvisación cuyo siguiente giro musical resultaba imposible de anticipar. Una música inquietantemente relajante, con algún momento más cañero, que seguramente no desentonaría en un festival como el Sónar de Barcelona.

A.A. WILLIAMS
La última actuación del día en la sala pequeña del Muziekgieterij corrió a cargo del grupo A.A. Williams, liderado por la cantante y guitarrista Alex Williams. Entre atmósferas oscuras y sinuosas, pasajes más pesados y la extraordinaria voz de Williams, el público viajó hacia un estado mental desgarrador y, al mismo tiempo, cálido.
La artista londinense repasó sus cuatro álbumes de estudio, incluido su recién publicado Solstice, con canciones como la emotiva «For Nothing», la melancólica «Wolves» o la sombría «As the Moon Rests».

SLIFT
Con la energía del público bajo mínimos después de todo lo vivido durante la jornada, llegó el momento de recargar las pilas con una de las bandas más rompedoras que pasaron por el escenario grande del Muziekgieterij: SLIFT.
La banda entró como un torbellino con «Fantasia», primer tema de su último disco, de título homónimo, una canción desgarradora que puso inmediatamente en alerta a todos los asistentes. El grupo de Toulouse, formado por los hermanos Jean y Rémi Fossat —a la guitarra y voz y al bajo, respectivamente— y su amigo Canek Flores a la batería, mantuvo una fuerza espectacular durante todo el show. Los hermanos no pararon de moverse, brincar y hacer headbanging, mientras unas imágenes psicodélicas servían de telón de fondo.

SLIFT continuó repasando su último lanzamiento con «Corrupted Sky», «A Storm if Wings» y «The Day of Exceution», desplegando una mezcla perfecta de stoner, rock psicodélico y metal sobre una fina base progresiva, con estructuras complejas y cambios constantes.
La banda regresó después a su segundo disco, Ummon, para interpretar la canción homónima, con cierto aroma a western, y «Hyperion», antes de bajar revoluciones con «Waiting Man», perteneciente a su última publicación.

La recta final comenzó con «Ilion» y «Nimh», antes de cerrar el concierto con «Secret Mirror», donde pudimos comprobar cómo son capaces de dibujar un pasaje delicioso y pasar a la destrucción absoluta en un abrir y cerrar de ojos.
SLIFT es un grupo con un directo demoledor, una banda forjada a la antigua usanza: unos colegas que se juntan en una sala de ensayo —antes habría sido el garaje de casa de los padres— para tocar juntos y pasarlo bien. El resultado es una puesta en escena vibrante, con un rock sin tapujos, muy diferente al resto de propuestas del festival y que aporta una auténtica bocanada de aire fresco.
Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
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