Crónica de Eric Johnson en Barcelona

Eric Johnson

Razzmatazz 2, Barcelona

6 de julio de 2026

Organiza: The Project

 

A pesar de contar con una dilatada trayectoria a sus espaldas, de más de cuatro décadas, el legendario guitarrista tejano Eric Johnson nunca había pisado nuestros escenarios. Por ese motivo, sus aficionados más fieles no podían perderse esta actuación única, enmarcada dentro del festival Guitar Bcn, como parte de su gira Texaphonic 2026 Tour Europe, que antes habían disfrutado en Jaén y Madrid. En lo personal, únicamente conocía la famosa «Cliffs of Dover», de todo el extenso catálogo de este genio, que abarca géneros como el jazz fusión, blues o country. Debo decir que ha sido una agradable sorpresa disfrutar de esta exhibición, en formato de power trio: le acompañaron Tal Bergman como batería y Daniel Kimbro detrás de las cuatro cuerdas, ambos musicazos con igual destreza.

 

Inició su actuación de manera cañera con la percusión de «Righteous», perteneciente a su segundo elepé Ah Via Musicom (1990), el más conocido de su discografía, que fue seguida por la emotiva balada «Forty Mile Town», también de ese disco. En esta última cabe destacar que no me imaginaba la melodiosa voz de Eric, en una actuación mayormente instrumental. Quiso acordarse del icónico pianista de jazz Duke Ellington, en su versión de «Caravan». Se nos presenta elegante «S. R. V.», de su cuarto álbum Venus Isle (1996). Se nota que es un sentido homenaje al añorado Stevie Ray Vaughan, también criado en Texas, que falleció en 1990. Ambos tocaron juntos muchas veces y se tenían una enorme admiración mutua, en lugar de rivalidad. Es innegable el virtuosismo de ambos, si bien SRV era mucho más eléctrico y visceral, mientras que Eric prefiere optar por fusionar diferentes géneros en su ideario. En la primeriza «Friends», que ya pudimos escuchar en su debut Tones de 1986, recupera su voz y ese estilo más intimista. Eso no impide que se marque un brutal solo de guitarra marca de la casa, antes del segundo estribillo.

 

«Eric siempre ha sido una de mis personas favoritas del mundo, además de uno de mis guitarristas favoritos. Trabaja más duro en su tono, sonido y técnica que nadie que haya visto». Stevie Ray Vaughan, para Guitar Player, en 1986.

 

La actuación pasaría ahora a una segunda parte acústica, donde pudo descansar Tim detrás de las baquetas, para que Daniel acompañe con su bajo la guitarra clásica de Eric. Se sucedieron preciosas canciones como «Resolution», «Abelia» y «Chester», para luego encarar «Once Upon a Time in Texas», que forma parte de su primer disco íntegramente en acústico, el EJ de 2026, donde podemos comprobar la evolución que ha experimentado como artista a lo largo de todos estos años. Decidió regresar a su Ah Via Musicom, claro protagonista del setlist en hasta seis composiciones que nos ofreció, con «Song for George». Esta instrumental la dedicó a su amigo cercano George Washington (un guitarrista octogenario, evidentemente no se trata del primer presidente de USA). En este tipo de material es donde podemos observar una mayor influencia del pastoral delta blues del carismático y maldito Robert Johnson, con el habitual fingerpicking para tocar la guitarra.

 

Ya en la tercera parte de su interpretación regresa la batería y retoma la guitarra eléctrica, con el estándar de jazz «Stella by Starlight», que en su día popularizó el rey del bebop Charlie Parker, con su saxofón. Una canción taimada, como si hubiese calculado la perfecta transición entre las anteriores piezas acústicas, para mantener cautivados a los espectadores. «Ed Blues» y «Trueheart Blues», como sus inequívocos nombres indican, recuperaron esa esencia bluesera, con ciertas influencias del country. «Steve’s Boogie», del ya mencionado segundo disco, no va dedicada también a Vaughan, sino al también guitarrista Steve Hennig, congénere de Austin, conocido por tocar con una guitarra de acero con pedal.

 

Después de otro cover en «On Green Dolphin Street», del polaco Bronisław Kaper, era la hora del momento más esperado por sus aficionados: la combinación ganadora de las prestigiosas «Desert Rose» y «Cliffs of Dover». La primera tiene una tonalidad popera, con la cálida voz de Eric, si bien va ganando en intensidad, mientras que la segunda parece todo una extensa jam session. Los tres músicos tuvieron momentos de lucirse, con una innegable química entre ellos, que claramente disfrutaban sobre el escenario. Después de que se fueran con unos merecidos aplausos, no tardaron en regresar con el bis de «Zap» (composición del Tones), para terminar de despedirse por todo lo alto y ser aclamados.

 

En conclusión, pudimos disfrutar de poco más de hora y media de un guitarrista con un legado imborrable, que supo rodearse de músicos a la altura de su talento. Quizás faltó eso sí algo más de conexión con el público, de cercanía para afrontar esta experiencia musical, en su mayoría instrumental. Nada que ver musicalmente, pero si lo comparamos con The Aristocrats, que prefieren el rock progresivo, quizás sí que han conseguido comunicarse más eficazmente con sus espectadores, pese a su complejidad técnica.

 

 


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