Canciones perfectas: «Torero» de Aria

Contexto

Ария (en adelante, Aria) es un grupo esencial en la historia del heavy metal. En nuestro país probablemente no seamos conscientes, como no lo son en el anglocéntrico panorama metálico global. Y, sin embargo, Aria jugó un papel clave para que el género pudiera triunfar más allá del telón de acero. Ser una banda soviética de heavy metal en la década de 1980 no debió ser nada fácil. Se jugaba mucho quien quisiera dedicarse a esa perversión occidental. Aria no sólo logró tocar la música que amaba, sino que se convirtió en una referencia para generaciones de metaleros, en Rusia y en muchos otros países de Europa del Este, Ucrania incluida. El metal está para hermanar y es trágico pensar que hace no tantos años era habitual que estos moscovitas giraran por Kiev.

 

Dispone Aria de varias canciones perfectas: el problema es que muchas son de Iron Maiden. Esta es la crítica que siempre ha acompañado a «los Iron Maiden rusos», y tiene fundamento. Especialmente en sus primeros trabajos, hay partes calcadas de temas de la Doncella y, en menor medida, de Judas Priest. Hay que entender, no obstante, que esos dos grupos estuvieron prohibidos por la dictadura comunista, por violento y por racista (¿?), respectivamente. La lista de música nociva elaborada por el Komsomol era bastante aleatoria. Para quien tenga curiosidad, Todo era para siempre hasta que dejó de existir (Siglo XXI editores, 2024), de Alexei Yurchak, es una interesante lectura.

 

Si un ciudadano soviético no tenía acceso al contrabando, su única forma de escuchar los riffs atemporales de esos dos grupos ingleses era atendiendo a los «homenajes» de Aria, que podrían interpretarse como un desafío al Komsomol. El caso es que la banda se volvió enorme, y eso no sucedió únicamente a base de plagios. La canción que hoy nos ocupa podría ser de Iron Maiden, pero no lo es. El mérito es suyo.

 

Cuenta Aria con su propio festival en Moscú, el Aria Fest, donde tocó en 2014 Mägo de Oz acompañando a los anfitriones junto a grupos como Accept, Edguy, HammerFall o Stratovarius. Y sigue publicando discos muy disfrutables. La canción «Гордиев узел» de su reciente Когда настанет завтра (2025) permanece en rotación en mis playlists.

 

Pues bien, todo comenzó con su debut Мания величия (1985), autoeditado en la URSS, cuyo título viene a significar «megalomanía». No deliraban tanto los rusos, y su grandeza la alcanzaron gracias a hits como «Тореро» (en adelante, «Torero»), segundo tema y punto álgido de ese disco. El único músico de aquella formación original que se mantiene en Aria es el guitarrista Vladimir Kholstinin, que ni siquiera participó en su composición. A pesar de ello, la canción sigue siendo fija en sus directos y en sus discos recopilatorios. Algo tendrá.

 

 

La música

«Torero» fue compuesta por el bajista Alik Granovsky, quien poco después abandonaría Aria para fundar la banda de thrash Мастер, y se nota. No tanto por el thrash, aunque a ratos roce el speed metal, sino por el indiscutible protagonismo de las cuatro cuerdas. La sombra de Steve Harris (Iron Maiden) es alargada.

 

Arrancamos con un solemne bajo y una guitarra que marca tímidamente una melodía con aires de pasodoble, para adentrarnos en puro heavy metal deudor de la NWOBHM. Ese «Hey, torero» tan bien pronunciado (en estudio) por el cantante Valery Kipelov se integra en un riff agresivo, pero llegado el estribillo la atmósfera ya es melancólica, en coherencia con la letra. Vuelta al bajo/pasodoble para introducir un gran solo, muy sentido, de la escuela Judas Priest. Concluimos regresando al pegadizo estribillo, en una canción de cinco minutos que pasan como un suspiro (de los de Antonio Álvarez Alonso).

 

La letra

Una de las particularidades de Aria, como lo fuera de Barón Rojo, es que muchas de sus mejores letras las ha escrito una mujer. En el caso de los rusos, ya desde su álbum debut, se trata de una (allí) conocida poetisa georgiana, Margarita Pushkina.

 

Atendiendo al título de la canción, quizás se espera que hable yo ahora de himnos antitaurinos como «Motxalo!» de Soziedad Alkoholika (Diversiones…?, 1996). O que compare cómo presenta Pushkina la figura del torero en relación con otras muestras de heavy metal taurino, como «Matador», ya sea la de Halford (Made of Metal, 2010) o la de Ross the Boss (New Metal Leader, 2008). No lo haré, porque la tauromaquia sólo es tangencial para el significado de «Torero». Y tampoco hablaré de la homónima canción de Chayanne (2002), para alivio de todos.

 

La letra nos remite a Sangre y arena (1908), del valenciano Vicente Blasco Ibáñez, de modo que este torero sería el personaje Juan Gallardo. Como le sucede a la propia novela, aunque tiene un marco taurino, realmente versa sobre lo efímero del éxito (recordemos que el título de este álbum de Aria tiene que ver con los delirios de grandeza), la crueldad (y la infidelidad) humana y la fatalidad. El réquiem del reloj de Madrid ya había sellado el destino de este torero antes de que saliera a la plaza, viene a decir la letra.

 

Por cierto, en la sinopsis de la edición rusa de Sangre y arena publicada en 2023 por la potente editorial Eksmo (o Эксмо), se emplea como reclamo, precisamente, que sirvió de inspiración para esta canción. Nótese que esos editores podrían haber invocado alguna de las múltiples adaptaciones cinematográficas de la obra de Blasco Ibáñez. Por ejemplo, la de 1941, con Tyrone Power y Rita Hayworth, o la de 1989, uno de los primeros papeles principales de Sharon Stone, como Doña Sol. Pero no: es mucho más importante destacar, en Rusia y en 2023, que este libro influyó a Aria en 1985. Lo dicho: allí, este grupo es gigantesco, y «Torero», un himno intergeneracional.

 

La referencia expresa al reloj me hace sospechar que Pushkina conocía también el poema Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935). Federico García Lorca era un autor muy apreciado en la URSS. Aunque esto es una mera suposición, ya que «Torero» no dice que fueran las cinco de la tarde.

 

Como no hablo ruso, la primera vez que escuché esta canción, hace bastantes años, lo único que comprendía era la interpelación al torero y la mención a Madrid. Afortunadamente, hoy hay herramientas online que nos permiten acceder a más detalles. Sin embargo, la rima (que la hay), la métrica y la retórica se pierden por el camino. No soy capaz de valorar la letra de Pushkina (ninguna poesía) traducida. Y menos, por una máquina. Asumiré que es buena, porque su fama precede a esta autora y porque la novela en la que se inspira es un clásico del naturalismo español y de la literatura universal.

 

Veredicto

«Torero» no es sólo una gran canción, con la curiosidad añadida de la conexión española en su letra y la original fusión de pasodoble y heavy metal en su música. Fue la que alumbró el camino al estrellato de un grupo clave para que ese último género se adentrara en Europa del Este. También sirve para confirmar que se puede hacer carrera en el heavy metal renunciando al inglés y optando por la lengua materna, ya sea esta el ruso, el francés, el castellano o el catalán. Por lo demás, como dije en su día a quienes decepcionó Senjutsu (2021, Iron Maiden): nunca es mal momento para descubrir a Aria. Más de cuarenta años después, «Torero» sigue siendo una espléndida carta de presentación.

 


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