Rock Imperium – Día 3 – Parque El Batel – Cartagena
5 de julio de 2026
Madness Live!
Fotos: Tigran Gregorian
Crónica: J. A. Díaz
Iron Maiden y Anthrax habían dejado el listón muy alto, tal y como ya os conté en la crónica del segundo día. Era difícil que la tercera sesión de este Rock Imperium lo superara. Esto es lo que yo pude disfrutar del día de clausura.
Queensrÿche
Llegué al recinto a tiempo de posicionarme en primera fila frente al escenario, bajo un sol abrasador, para disfrutar de la descarga de la banda de Seattle. Tras un vídeo introductorio en el que una metálica Reina nos hablaba de su distópico Reich, los padres del metal progresivo abrieron con su cuasi-homónima canción.
El repertorio mantuvo el mismo arranque que venían luciendo durante toda esta gira. Tras «Queen of the Reich», vinieron «Operation: Mindcrime», «Walk in the Shadows» (que no es precisamente lo que estabábamos haciendo) y «Speak». A partir de ahí, llegaron los inevitables ajustes para encajar en el horario de festival. Nos sorprendieron con «Warning», tema en el que empezaron los manguerazos para ayudarnos a sobrevivir al calor. La anterior dio paso a la recuperación de «NM 156», antes de continuar con «Neue Regel».
Funcionó sorprendentemente bien «Behind the Walls», única canción de la era La Torre. Pese a no ser lo mejor que tiene que ofrecer Digital Noise Alliance (2022), un lugar que yo le reservo a «Sicdeth», el público se lanzó a gritar eso de «Did you ever love me? Did you ever love you?» como si fuera cualquier otro clásico. Tras «Take Hold of the Flame» y «Screaming in Digital», Operation: Mindcrime (1988) acaparó el protagonismo, con «I Remember Now», «Anarchy-X» y «Revolution Calling». En «Empire», que vistieron con el lanzamiento de serpentinas, Todd La Torre aprovechó para presentar a toda la banda. El concierto terminó con «Eyes of a Stranger».
Personalmente, me fastidió que se quedaran fuera imprescindibles como «I Don’t Believe in Love» o «Jet City Woman», pero con el tiempo del que disponía el grupo, era evidente que había que hacer recortes. La asistencia fue elevada, especialmente considerando la temperatura, y su desempeño fue técnicamente impecable. Todd La Torre es un frontman muy simpático y un buen cantante. Su eterno problema en directo será lograr el imposible de emular a un Geoff Tate en plenitud. Tiró mucho (demasiado) de reverb. Fue un buen concierto, que los fans agradecimos por las canciones menos habituales que ofreció Queensrÿche. Quizás, por lo que escuché por ahí cuando abandoné empapado mi lugar en la primera fila, le faltó algo de dinamismo para terminar de enganchar a quienes no conocieran a fondo el repertorio del grupo.
Trivium
El de Orlando es uno de esos grupos grandes que, a pesar de su éxito, no acaba de posicionarse como cabeza de cartel incontestable. La sensación que me queda siempre con él es que le falta «algo» en directo que otras bandas similares, como Parkway Drive, sí tienen. En este concierto, al fin, creo que voy a ser capaz de esbozar una teoría al respecto. Seguramente sea errónea, eso lo decidirá el lector, pero por decirla que no quede.
El nombre del grupo hace referencia al cruce de caminos entre el metalcore, el thrash metal y el death metal melódico. Ahí están dos de mis subgéneros favoritos, así que debería gustarme. Y, en estudio, me gustan. Sin embargo, las anteriores veces que he visto (y van ya unas cuantas) a Trivium en directo, me ha decepcionado. El de este Rock Imperium ha sido el concierto que más me ha convencido, probablemente porque el buen sonido de este festival ha paliado un habitual defecto de su rendimiento en vivo.
Matt Heafy intenta abarcar demasiado. Toca la guitarra, canta con voz limpia, canta con growls y es un magnífico y carismático frontman, que no para de moverse y de alentar al público. Como no hay ser humano que pueda hacer todo eso sin ayuda, necesita el apoyo, en los growls, del otro guitarrista Corey Beaulieu y, en la voz limpia, del bajista Paolo Gregoletto. En estudio, esto funciona mejor. En directo, los cambios atropellados de voces me despistan, es fácil que se saturen los micrófonos y el rendimiento de los tres pluriempleados músicos, lógicamente, se resiente.
A sus fieles, que eran muchos, lo anterior les dará absolutamente igual. Del concierto de ayer, me quedo con un enorme muñeco hinchable, salido de la portada de Ascendancy (2005), que emergió en «Like Light to the Flies» y nos acompañó durante el resto del show; con el despliegue de humo y fuego de «Catastrophist»; y con cómo lograron que la mayoría del público se agachara y saltara en «In Waves».
A lo largo de estas crónicas he insistido demasiado en el perfil del público, pero con los pobres Trivium sucedió algo que me obliga a hacerlo de nuevo… Heafy, en lo que debería haber sido un momento álgido, intentó con todo su esfuerzo y carisma (que no es poco), durante un breakdown, montar un wall of death. La cosa se quedó en un circle pit, y gracias. No se le pueden pedir peras al olmo.
Sabaton
Podría decir que los suecos son uno de mis placeres culpables, pero no voy a culpabilizarme por nada que me produzca placer. Ya sabemos que, a nivel compositivo, son más bien básicos. Me importa un bledo, y os lo dice un amante de Queensrÿche.
Quienes logramos zambullirnos en su propuesta hímnico-militar sabemos que estamos ante uno de los últimos grandes grupos que ha dado el power metal y, por el camino, hemos aprendido mucha Historia. Las letras de Sabaton, obviamente, son importantísimas para disfrutar de este grupo, y por eso en los vídeos que muestran en pantalla figura parte de ellas, para que el público pueda cantarlas. Habrá a quien le parezca ridículo este karaoke. Yo no tengo tantos complejos.
Si habéis leído la crónica que mis compañeros han hecho de su concierto en el Rock Fest el día anterior, ya sabréis que lo que está ofreciendo Sabaton en esta gira es espectacular, en toda la extensión de la palabra. Es impresionante cómo ha crecido y qué medios se puede permitir ahora, más allá del tanque que tenían integrado en el escenario.
«Ghost Division» fue la encargada de abrir fuego (nunca mejor dicho). El sonido estaba algo saturado, cosa rarísima en este festival, emborronando el arranque. Por suerte, fue un problema puntual que quedó resuelto desde «Yamato». Con «The Red Baron», «The Last Stand», «Great War» y «Stormtroopers» la maquinaria ya funcionaba a pleno rendimiento, acompañada de un despliegue de llamas y fuegos artificiales que apenas daría tregua durante toda la actuación.
Uno de los momentos más especiales de la noche y del festival llegó con «Christmas Truce». La canción, inspirada en la célebre tregua espontánea de la Navidad de 1914 durante la Primera Guerra Mundial, siempre tiene una carga emocional enorme, pero en Cartagena alcanzó otra dimensión. Seis coristas subieron al escenario para acompañar a la banda, y allí se quedarían hasta el final. Su aportación, personalmente, logró ponerme los pelos de punta.
Tras «Soldier of Heaven» y «Crossing the Rubicon», el apartado visual volvió a dispararse con «Night Witches». Una cortina de pirotecnia en cascada descendía desde la parte superior del escenario. Un efecto sencillamente brutal que terminó de elevar una producción excelsa.
«The Attack of the Dead Men» dio el relevo a la insípida «I, Emperor». Apareció sobre las tablas un soldado de la Primera Guerra Mundial que recorrió el escenario lanzando una nube de gas. Esperemos que sacrificaran la fidelidad histórica y no fuera fosgeno… La teatralización encajó perfectamente con una canción que, además, volvió a demostrar el enorme tirón de Sabaton. El público coreó con una entrega que, por momentos, recordó lo que vivimos con Iron Maiden el día anterior.
La recta final llegó con «Bismarck», «Hordes of Khan» y una «Templars» que volvió a servir para que los coristas brillaran, antes de desembocar en los clásicos definitivos. «Primo Victoria» nunca falla, mientras que «Swedish Pagans» volvió a alargarse bastante más de la cuenta. Es cierto que Joakim Brodén siempre ha sido muy dado a interactuar con el público y que los discursos forman parte de la identidad de la banda, pero aquí el tramo se hizo algo excesivo. Eso sí, el desenlace terminó justificándolo todo. Sin necesidad de que nadie lo pidiera, el público del fondo comenzó a seguir el ritmo de los coros de las primeras filas con palmas. Esto superó las expectativas del propio grupo, visiblemente emocionado por la respuesta de Cartagena, al borde de la madrugada, un domingo.
«Coat of Arms» (bien acordarse de ella) y «To Hell and Back» pusieron el broche definitivo a una actuación enorme, culminada con una lluvia de fuegos artificiales y una traca propia de unas Fallas. Un gran «pero» de este concierto es el setlist, que no deja de ser uno de presentación de su último disco. Legends (2025) no es su mejor trabajo, y cuatro canciones son demasiadas. Sólo funcionó realmente «Crossing the Rubicon». Yo eché de menos muchas, incluso de su última etapa, como «Fields of Verdun» (The Great War, 2019). En cualquier caso, aunque sólo sea por la parafernalia, seguramente se coronaron ante la mayoría como los grandes triunfadores de la tercera jornada.
Digo «seguramente» porque, debiendo retornar de madrugada a Madrid por motivos laborales, tuve que ausentarme de la descarga de mis queridos Testament. Aprovecho para pedir disculpas a todos los grupos que no he podido cubrir o mencionar, pues sin duda me he perdido grandes conciertos en este festival. No pude hacer otra cosa, atendiendo a mis circunstancias ya expuestas en la crónica del primer día. Aun con todo, ha sido una edición magnífica de un Rock Imperium que sigue creciendo.
El excelente sonido seguramente haya tenido que ver con la decisión de limitar a uno el escenario de la «planta baja». Es un precio que yo estoy dispuesto a pagar, pero es innegable que obligar al público a subir y bajar continuamente «La Escalera» ha provocado más de una caída, especialmente cuando el alcohol iba haciendo efecto. Quizás el problema no sea la escalera en sí, sino la clase de escalera. Una con mayor estabilidad, o varias, puede que lo solucionen. Es una crítica constructiva a futuro porque, visto lo visto en esta quinta edición, habrá que regresar al Rock Imperium para la sexta. Helloween, Children of Bodom, Venom o Mayhem no se lo piensan perder.

Doctor en Derecho, licenciado en Ciencias Políticas, novelista especializado en fantasía y bajista en excedencia. Apasionado del metal en todas sus formas, debuto como redactor musical en Stairway to Rock.
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