El Rock Imperium supera el calor con una primera jornada repleta de himnos y entrega

Rock Imperium – Día 1 – Parque El Batel – Cartagena

3 de julio de 2026

Madness Live!

Fotos: Tigran Gregorian

Crónica: J. A. Díaz

 

Parece ser que, en los últimos tiempos, triunfa una nueva clase de cobertura. Un tipo edita un vídeo de TikTok de apenas un minuto encadenando imágenes de jolgorio que condensan todas las jornadas de un festival, en las que no se menciona la música ni de pasada. Así las cosas, espero que sepa excusarse mi peculiar crónica de la quinta edición de un festival cada vez más protagonista entre la oferta ibérica.

 

Pondré al lector en contexto. Yo adquirí mi abono como cualquier hijo de vecino hace casi un año, ignorando que, por circunstancias del destino, el compañero de S2R que habría de cubrir esta edición no podría hacerlo. Mi acreditación exprés me fue concedida hace menos de una semana. Así que me vi de golpe y porrazo obligado a ofreceros un contenido que, lamentablemente, va a ser muy deficiente. Vayan por delante mis disculpas. Afortunadamente, el gran Tigran sí ha cumplido excelentemente con su labor, de modo que, si no colma vuestras expectativas mi prosa, podréis deleitaros con sus enormes capturas.

 

El viernes, tras finalizar como pude mis obligaciones laborales, enfilé la carretera que separa Cartagena de Madrid para acudir con mi mujer y otra pareja a presenciar las descargas de dos leyendas (Crimson Glory, Avulsed) y de una eterna rising star (Grand Magus), que eran lo único que originariamente motivaba nuestra excursión este primer día.

 

Logramos llegar a tiempo para escuchar cómo Triskel tocaba una versión de «El Sake de Binks», canción alcohólico-festiva de la popular serie de anime One Piece. Un detalle que todo otaku sabrá apreciar. Los cartageneros se sorprendían de tener un público superior a las quince personas. Es cierto que el calor a las cuatro de la tarde era insoportable, pero jugaban en casa.

 

No escuché lo suficiente como para valorar su concierto, porque me tuve que ubicar en la actual distribución de espacios de un festival de baños limpios y ambiente cada vez más friendly. Abajo sólo hay un escenario, Estrella Levante Stage. Para acudir al otro, la carpa Thunder Bitch Stage, hay que subir las ya temidas escaleras de El Batel. Arriba se encuentran los puestos de comida, el merchan no oficial y la caseta de firmas. No hay solape. Quien no quiera perderse un concierto arriba estando abajo, puede lograrlo, pero debe haber realizado previamente un entrenamiento para brillar en un triatlón. Esto explica que muchos de quienes subían ya nunca bajaran, presenciando los conciertos del escenario principal asomados a una barandilla desde las alturas.

Crimson Glory

Cuando entrevistamos hace unos meses a Ben Jackson, el guitarrista ya tenía marcado en su calendario este festival. La banda de Florida presentaba nuevo disco y había mucha expectación por comprobar si Travis Wills podría encarnar en directo el espíritu de Midnight. No era yo el único a quien lo que más le interesaba de este viernes era ver a los titanes del USPM. La asistencia fue muy elevada, especialmente considerando el sofocante calor.

 

 

No sólo se vieron muchas camisetas de la banda: muchos asistentes portaban las icónicas máscaras del grupo (que los músicos, sin embargo, no lucieron), versión reducida, iridiscentes bajo el sol. Fue glorioso y fue carmesí (por cómo se nos quedó la piel), pero valió la pena. Todos sabemos lo difícil que es cuadrar las cosas cuando se organiza un evento de estas características, pero tengo que decir que es indigno que una banda del calibre de Crimson Glory toque en estas condiciones y a estas horas.

 

Fueron cayendo «Lady of Winter», «Valhalla», «Dragon Lady», «Where Dragons Rule» y «Masque of the Red Death», coreadas al unísono por el nutrido grupo de valientes que allí estábamos. Wills insistía, visiblemente preocupado y con el apoyo en castellano de su teclista, en la importancia de que no desfalleciéramos y de refugiarnos en la sombra de vez en cuando. Como nadie le hacía caso, el reparto de botellas de agua al público desde el escenario fue especialmente generoso.

 

 

Entonces sonó «Pearls of Dust», de su nuevo trabajo. Fue una elección extraña. El público de este festival, y paradigmáticamente de este concierto en particular, es, por evitar una mejor palabra que todos conocemos, «clásico». Quiere esto decir que el magnífico Chasing the Hydra ni se les ha ocurrido escucharlo a muchos de los que se dejaban la garganta con las canciones antiguas. Yo creo que el tema homónimo «Chasing the Hydra», sin ser lo mejor que ofrece el álbum, funcionaría bien en directo por su estribillo machacón. Alternativamente, en su anterior concierto en Países Bajos el mes pasado, Crimson Glory había optado por «Beyond the Unknown», que sí es una maravilla a la altura de lo mejor de su discografía. «Pearls of Dust», como era de temer, enfrió (figuradamente, claro) al público.

 

 

Las revoluciones volvieron a subir con «Azrael» y finalizaron por todo lo alto con «Red Sharks». Hubo consenso en que Wills es un digno heredero de Midnight. También dio la talla Stian Kristoffersen, batería de Pagan’s Mind que está sustituyendo a Dana Burnell, ausente de esta gira por motivos familiares. Todos esperamos que esta formación siga creciendo para que la siguiente vez toquen en el slot que les corresponde por calidad e historia, sin verse obligados a dejarse en el tintero himnos como «Queen of the Masquerade», «Lonely» o «Painted Skies».

 

Según finalizó Crimson Glory, subimos «La Escalera», que ya no volveríamos a bajar. A fin de cuentas, somos Stairway to Rock, no Stairway Down Rock. Además, creo que todavía no he mencionado que una de mis acompañantes está embarazada de ocho meses…

 

Desde la barandilla presencié en la lejanía de las alturas varios conciertos del escenario principal (unos ambientales The Gathering; Mastodon, en su línea, estáticos y con gran calidad técnica; y Within Temptation, que aglutinaron a las masas para una puesta en escena espectacular). No me parecería honesto valorarlos en tales condiciones, más allá de indicar que la asistencia parecía divertirse en todos ellos. Tildaría de éxito este primer día, atendiendo a los comentarios de quienes sí los vieron abajo.

 

A mí, sin embargo, lo que me interesaba es lo que sucedía arriba, y no me arrepiento en absoluto de haberme quedado a vivir en el Thunder Bitch Stage.

Avulsed

Me gustaría saber qué hubiera pasado con Avulsed si fueran suecos o de Tampa. Defendiendo las esencias del death metal desde 1991, que se dice pronto, los madrileños vivieron un terremoto hace apenas dos años. Su frontman Dave Rotten tuvo que reclutar nuevos miembros (Alex Nihil al bajo, Alejandro Lobo y Víctor a las guitarras y Julián Neuromancer a la batería). Tenía muchas ganas de comprobar lo que podía ofrecer esta nueva formación, cuya presencia en el escenario (guitarra de doble mástil, bajo headless) apuntaba buenas maneras.

 

Para tablas, de todos modos, las de Dave Rotten. Derrochó carisma por encima de sus habituales chascarrillos, que los hubo y muy graciosos. Se le ve contento e ilusionado en esta nueva etapa. No es para menos, porque Avulsed llenó una carpa plagada de fieles con camisetas del grupo. Pintó de sangre falsa a sus compañeros, a los asistentes y a él mismo. Hizo crowdsurfing sin dejar de growlear, ataviado momentáneamente con un gorro amarillo que tomó por ahí prestado. Esa imagen resume el tono festivo de lo que aquí ocurrió.

 

 

Todos sabemos lo que toca en un concierto de Avulsed: tralla sin concesiones. Clásicos de su repertorio, todavía condicionados por la obligación de presentar su último trabajo, Phoenix Cryptobiosis (2025). «Lacerate to Dominate», «Breaking Hymens», «Blessed by Gore», «Stabwound Orgasm», «Blood Monolith», «Gorespattered Suicide», «Nullo (The Pleasure of Self-Mutilation)», «Devourer of the Dead» o «Sick Sick Sex». Esta clase de puñaladas te aseguran pasar un buen rato. Creo que deberían añadir a su setlist habitual su todavía reciente «Intergalactic Gore Wars» (2024), que me parece sublime, pero no me quejaré. Para cuando cerraron con «Exorcismo Vaginal», el público les hacía los coros totalmente desinhibido.

 

Poco antes, habían logrado (una auténtica obra de ingeniería, dadas las dimensiones del lugar) que nos marcáramos un doble wall of death. Como bien dijo Rotten, esto sí que es hard rock. Lo más duro que vamos a vivir en este festival no defraudó a nadie. Enormes Avulsed.

Grand Magus

Estos suecos publicaron su primer disco hace veinticinco años. El problema es que su público potencial es el que es: uno que los considerará siempre un grupo «nuevo». Su sonido (heavy metal manowaresco con un toque doom), por otro lado, es tan clásico que aleja a las nuevas generaciones. Esto los sitúa en tierra de nadie y es una verdadera lástima, porque es una banda de una calidad enorme. Además, Grand Magus tiene los handicaps que todo power trio debe sortear para conectar con la asistencia, de entre los que destacan las limitaciones de movilidad en el escenario.

 

Se llenó también la carpa, pero, a diferencia de lo que había sucedido con Crimson Glory abajo o con Avulsed arriba, en su caso, la mayoría eran curiosos y no fans irredentos. Se escucharon comentarios que fueron mutando desde «me han hablado bien de ellos» hasta «pues son buenos estos tíos». Lo son.

 

 

Grand Magus repasó distintas etapas de su trayectoria con un repertorio en el que sonaron temas como «I, the Jury», «Skybound», «Steel Versus Steel», «Ravens Guide Our Way», «Sunraven» y «Dawn of Fire». Durante esta canción, hubo un pequeño parón provocado por un parche roto de la batería de Ludwig Witt. Los técnicos lo solucionaron mientras JB Christoffersson y Fox Skinner entretenían al público con una improvisación de guitarra y bajo, entre tragos de Estrella Levante.

 

Ese incidente enfrió los ánimos durante «Like the Oar Strikes the Water». Sin embargo, se obró la magia con la canción de cierre, «Hammer of the North». De forma espontánea, lo que debía ser una breve interacción con el público para que apoyara en los coros se tornó en una orgía de gargantas desatadas a la altura de lo que previsiblemente viviremos hoy con Iron Maiden. En su lenta e interminable travesía por darse a conocer ante su target, el bolo de Grand Magus debería haberles dejado satisfechos.

 

Al acabar Within Temptation, me vi obligado a marcharme. Según termino de escribir estas líneas, vuelvo a la carretera debido a un ineludible compromiso en la bella Águilas. Con suerte, regresaré al Rock Imperium a tiempo de contaros lo que Anthrax nos ofrece esta tarde.

 

 

 


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