Death and Legacy, Eihwar, Fallen at Dawn, Deicide, Latzen, Heaven Shall Burn, Hardline, Helloween, Half Me, WarCry
Sábado 8 de agosto de 2026
Polideportivo municipal de Villena (Alicante)
Redacción por Jordi Tàrrega, Yolanda Sabater, Irene Kilmister y J. A. Díaz.
Fotografías por Irene Kilmister.
Fin de la cuarta jornada y de otro Leyendas para el recuerdo. Obviamente son los Helloween los que todo lo capitalizan con otro concierto extraordinario. Definitivamente lo de alargar ese 40 aniversario no les sienta nada mal, pero hubo muchas bandas ofreciendo propuestas de calado y marcando jerarquía. Warcry volvieron a su casa y Heaven Shall Burn son la perfección en su propuesta.
Deicide dejaron a muchos que tocan metal extremo en pañales, pero también hubo la clase de unos Hardline exquisitos o de los siempre polémicos Eihwar, que siguen apostando por espectáculos paganos pregrabados. Death and Legacy confirmaron que son realidad y Latzen son esa banda que todos amamos…

Death and Legacy piden estar YA en el escenario principal (Jordi Tàrrega)
A fuerza de ver a esta banda zamorana en directo me he hecho con todos sus discos y considero que la etapa actual es la más potente, pero tampoco os diré que esta ocasión en el Leyendas de Rock es la que mejor les he visto. Horario temprano, sonido mejorable y parlamentos de Hynphernia y Hugo Rodríguez a la vez deslucieron un poco un gran show de metal en vena, sobrado de actitud y con temas de la talla de “Pray” o “Dying Life”. Los coros iban a diferente volumen, pero lo rodado del grupo es apabullante, y la gente lo disfrutó.

Soltura, mucha movilidad y el “jefazo” que es Jesús Cámara a la guitarra lo dio todo en cortes como “Salvation” y “The Fallen”. Hynpheria ha sido el mejor fichaje que pudieron hacer, y más allá de la voz, es puro carisma y su registro gutural encaja perfectamente con salvas que van de “I Am Pain” o “Unnamed Shadow”. Base rítmica atronadora y un trabajo de guitarras especialmente elevado, destacando la reciente canción “Infernal Tragedy”.
Tienen muchas tablas y han llegado a ese punto en el que cuando los elementos van en contra eres capaz de convencer, lo cual es otra gran demostración de lo que vale este quinteto sobrado de hambre. Despedida con “The Devourer of Light” y “Hellfire” dando carpetazo a una descarga apabullante de metal extremo. Pocas bandas hay en España con el nivel de Death & Legacy, así que… esperemos en su próximo disco un paso definitivo.

Eihwar: una performance vikinga con exceso de programación (Jordi Tàrrega)
Soy de los que alabé a Eihwar en disco, y aquí tenéis la prueba: Viking War Trance me pareció una propuesta espectacular y un gran disco, pero… Rajé de Heilung hasta el punto de que mis compañeros y compañeras de Stairway to Rock no me permitieron hacer la crítica, porque iba a cuchillo. El dúo francés Eihwar tiene menos presupuesto, tocó media hora menos que ellos, y fue todo un festival de samplers, efectos, voces pasadas por filtro y demás, una especie de loop tráncico, bien llevado, pero a los que vamos a ver conciertos “en directo”, nos lleva a opiniones encontradas.
No creo que el futuro del metal pase por esto, y considero que Waldruna han hecho mucho daño, pero pudimos disfrutar de una propuesta dispar y arriesgada. Asrunnes, bajo su máscara de lobo y pieles, es una atleta total, poseedora de voz inmaculada emparantable a la de toda una Candice Night, y Mark es un guerrero con yelmo y tambores, pero estos suenan totalmente procesados.

Todo fue una especie de fiesta pagana encadenada con canciones profanas como “Bersekr”, “Yddggrasil’s Renewal” o “Viking War Dance”, con Mark pasando al laúd y con la chica en las timbalas, pero o los odias o les amas. Su versión del “Herr Manneling” rebautizada como “Sir Manneling” fue lo mejor: una balada preciosa, que demostró que el grupo puede hacer magia, pero la mar arbolada de efectos, loops y samplers te mete en un Valhalla tecnológico que nunca imaginé así. Y lo de leer del móvil para las parrafadas… En fin, denle una vuelta, que hay calidad aquí.
Y sí, soy yo el que vive en otro mundo, pues como no entiendo el papel de los y las influencers en el metal, también me sorprende el ver la ENORME cola de gente que iba a la firma de discos de Eihwar. ¿Cuántos de ellos tenían un disco de la banda comprado? Mejor no preguntar.

Fallen At Dawn: El futuro del metalcore español pisa fuerte (Irene Kilmister)
Fallen At Dawn llegaban a Leyendas del Rock después de haber dejado su huella este mismo verano en Hellfest, confirmando que aquella banda nacida de la amistad y de la necesidad de convertir emociones en música ya no es una promesa es una realidad con ambición internacional.
Su directo se construyó sobre una combinación muy efectiva de contundencia, melodía y electrónica, con unas guitarras pesadas y una base rítmica diseñada para generar impacto, pero sin renunciar a esa dimensión emocional que forma parte de su identidad. “Saviour”, “Echo”, “Anima” y “Ashlight” mostraron su faceta más melódica, mientras que “Deadline”, “Psycho” y “Misery” elevaron considerablemente la intensidad.

Especialmente celebrada fue “Koi”, tema que ya representa una parte importante de la evolución de la banda desde aquel Awaken publicado de manera independiente en 2018. También “Omnia” volvió a demostrar esa voluntad de Fallen At Dawn por explorar las posibilidades del metalcore sin quedar atrapados en una fórmula concreta.
Más allá de la ejecución, lo que transmite la banda es una sensación de ambición. Su filosofía de convertir en música aquello que sienten y aquello que observa su entorno se percibe en un directo que busca conectar con el público tanto desde la agresividad como desde la emoción.
Fallen At Dawn ya han demostrado que pueden jugar en escenarios internacionales. Ahora toca comprobar hasta dónde son capaces de llevar ese sonido. Y, visto lo visto, el límite parece estar bastante lejos.

Deicide: el lujo absoluto del festival (Jordi Tàrrega)
Maravilloso… Y sé que después de ellos los Heaven Shall Burn se lo llevaron de calle y los de Florida quedaron como un oopart, un elemento fuera de su era, pero… es que la lección de death metal que departieron fue de sacar el blog y apuntar el cómo se puede llegar a ser leyenda. Los de Glen Benton no se dirigen al público, él ni lo mira, básicamente tiene la mirada perdida hacia arriba cuando su música mira “al sur del infierno”. Satanismo por vena y peso de la historia en su máxima amplitud…
Poder ver en pleno 2026 piezas del calado de “When Satan Rules His World” o “Bastard of Christ” son deliciosas blasfemias armadas por un quinteto enfundado en negro y con el logo del grupo en todo lo alto. La mítica intro narrada de “Carnage in the Temple of the Damned” y la abrasión milimétrica y quirúrgica de Steve Asheim a la batería es puro espectáculo, por mucho que ellos opten por ese muro de distancia que les hace tan especiales. Fueron el lujo del festival y así lo atestiguaron piezas como “Once Upon the Cross” o “Sacrificial Suicide”.

Les es absolutamente indiferente tocar bajo los rayos de un sol que iba para abajo, ellos cumplen y machacan sin hacer prisioneros. “Seprents of the Light” siempre ha sido mi favorita, y me atrevería a decir que no lució como debería, pero aquí no hay descanso ni tregua. Tampoco hacen esos parones de antaño en los que parecía que decidían qué tema tocaba por consenso del instante. Ya van en piloto automático y el sonido permitió el disfrute total de “Satan-Spawn the Caco-Demon” o de “Scars of the Crucifix”.
Obviamente la gracia de Deicide es la combinación de voces de un Benton que puede pasar del gutural a lo agónico con una facilidad pasmosa y de unos músicos que aportan coros y contundencia. Para el recuerdo esas caras de poseso de Taylor Nordberg a la hora de apoyar al líder absoluto. Gran final con “Homage of Satan” y una despedida tan aséptica como la entrada. Ellos vienen a demoler y se van: punto. Ya no se le nota el anticristo en la frente a Benton, sí un tattoo pequeño en la frente, y se agradece que no se suicidara a los 33 años como pregonó tiempo ha. ESPECTACULAR, salí con ganas de quemar iglesias.

Latzen: el rock en euskera conquista el New Rock (Irene Kilmister)
Latzen protagonizaron uno de esos conciertos que demuestran que la música no necesita cambiar de idioma para conectar con un público masivo. La formación vasca convirtió el New Rock Stage en una auténtica olla a presión, dejando la carpa completamente abarrotada hasta el punto de que resultaba prácticamente imposible encontrar un hueco libre.
Su propuesta, construida alrededor del rock y el metal cantados en euskera, encontró una respuesta especialmente cálida entre un público que coreó y acompañó cada canción. Desde “Txori Txarrak” y “Memento Mori” hasta “Mezua Hil Aurretik”, “Itsutu” o “Dogma”, la banda mantuvo una intensidad constante, alternando contundencia y melodía con una naturalidad que explica su capacidad para conectar con varias generaciones.

La recta final elevó todavía más la temperatura con “Indarra”, “Metal Erasoa…”, “Laztana”, “Bat Gehiago” y “Lurra Odolean”, antes de despedirse con “Ze Ingo Xu”. Más que un simple concierto, Latzen ofrecieron una reivindicación de su identidad y de la capacidad del rock en euskera para ocupar un espacio protagonista dentro de un festival internacional como Leyendas del Rock.
Una carpa hasta los bordes y un público completamente entregado fueron la mejor prueba de que el idioma nunca ha sido una frontera cuando detrás hay canciones, personalidad y verdad.

Heaven Shall Burn (Yolanda Sabater)
Quedó muy elegante que la actuación de Heaven Shall Burn coincidiera justo después de Deicide, y es que parecen la evolución natural de los primeros en cuanto a sonido y estilo. Los germanos trajeron una buena descarga de death melódico. Venían presentando su nuevo disco, Heimat, del que tocaron tres temas, pero también hay que recordar que este año cumple 20 años Deaf to Our Prayers, y “Counterweight” fue el tema con el que abrieron, dando buena cuenta de ello, acompañado de una intro sinfónica a violines y chelos. La portada y el telón de fondo que se gastan son preciosos, con una mezcla de naturaleza y crudeza muy goyesca.
Los alemanes Heaven Shall Burn llegaban a Villena dispuestos a subir considerablemente la intensidad de la jornada. Con casi tres décadas de trayectoria a sus espaldas y un reciente Heimat bajo el brazo, poco tardaron en demostrar por qué se han convertido en uno de los nombres más sólidos del metal extremo europeo. Aunque ocupaban un puesto un tanto curioso en el orden de las bandas y muchos tenían el corazón dividido entre ellos y Hardline, lo que Heaven Shall Burn ofreció fue una maravilla total.

Tienen una estética sobria, pero con algún toque llamativo, y destacaban la guitarra verde de Maik Weichert y la batería en blanco de Chris Bass, completando la formación Alexander Dietz a la guitarra y Eric Bischoff al bajo. En la tercera canción, “Voice of the Voiceless”, Marcus Bischoff se dirigió al público chapurreando un muy logrado español y ahí empezaron a caldear el ambiente. Para la quinta canción el público estaba ya desatado, y todo terminó de explotar con “Endzeit”, con mucha presencia de teclados y durante la que pudimos ver cómo la gente se animaba a hacer pogos.
No hicieron grandes soliloquios, pero gozaron de un sonido pulcro durante toda la actuación y dieron un concierto magistral, donde se les vio compenetrados y concentrados. Eso se tradujo en un sonido impecable y en un directo que disfrutamos infinitamente. Además de todo lo que son capaces de ofrecer, no reniegan de sus raíces y hacen alarde de sus orígenes, y de los de todos, tocando la versión de Edge of Sanity “Black Tears”, compuesta por Dan Swanö.
Un gran concierto en el que imperaron la contundencia, los guturales, los graves y la velocidad y que, si alguien tenía dudas, estoy segura de que las disipó rápidamente. Un grupo que se merecería estar mucho más alto de lo que está.

Hardline: con Gioeli nos sentimos seguros (J. A. Díaz)
La voz de Oceans of Time (Axel Rudi Pell, 1998) podría limitarse a recitar la lista de la compra y acudiría a escucharla antes que a muchos grupos. Así que me desplacé al escenario New Rock para disfrutar con Hardline, que tiene mucho de rock pero poco de new.
Johnny Gioeli es un cantante tremendo. Su registro es amplísimo, su timbre rasgado es único y su potencia todavía logra que te vibren los huesos. Como frontman, el de Brooklyn no es menos superlativo. Se encargó de confirmar que sigue en plena forma física, moviéndose de un lado a otro y derrochando vis cómica con la complicidad del teclista Alessandro Del Vecchio. También debo destacar de este concierto, sin desmerecer al resto del grupo, el desempeño de la italiana Anna Portalupi, bajista de enorme presencia y carisma en las tablas, siempre sonriente.

Hardline fue confirmado para el Leyendas del Rock 2020, pero ya sabemos lo que pasó con todos los espectáculos ese aciago año. En la pasada edición se produjo otro intento fallido. Así que la banda venía con ganas de resarcirse, y con su nuevo álbum Shout (2026) bajo el brazo. Fue lógico que abrieran con la canción homónima, seguida del single «Rise Up». A continuación, ofrecerían la primera muestra de su debut y obra más exitosa, Double Eclipse (1992). «Dr. Love» fue muy bien recibida, pero Shout no había dicho su última palabra.
La tercera y última canción que sonó del nuevo disco fue «When You Came Into My Life», versión de Scorpions que me pareció inconmensurable en directo. Gioeli fue el elemento clave, claro. Tiene especial mérito que lograra emocionarnos. Entre los impresentables que hablan a gritos incluso si un artista está cantando a capela y la música de Heaven Shall Burn que inundaba este escenario New Rock en cuanto cesaba la distorsión, costaba abstraerse.
«Danger Zone» fue una concesión al homónimo álbum de 2012, y a partir de ahí la traca final se centró en Double Eclipse. «Life’s a Bitch», su conocida versión del tema de Danny Spanos «Hot Cherie» y «Rythm From a Red Car» desataron la euforia hardrockera entre la asistencia. Dijo Gioeli que, cuando la vida nos trate mal, nos acordemos de que en este momento y en este concierto todo estaba bien. No puedo quitarle ni un ápice de razón.

Helloween: la eterna juventud de las calabazas (Yolanda Sabater)
La reunión de Helloween se ha convertido en uno de los regresos más exitosos y celebrados del metal. Desde 2017, la banda viene ofreciendo conciertos extensos y muy efectivos, al tiempo que ha publicado nuevos trabajos con una notable acogida (que por cierto, aquí os dejamos la reseña). Una etapa de renovada inspiración que, para muchos, supone una segunda edad de oro en la historia del grupo. Preparaos porque viene Helloween para rato, y es que ya han confirmado que estarán en los festivales en el próximo año por su 40 aniversario. Por lo pronto en Wacken, pero no tardarán en estar en muchas más fechas españolas. Que conste que es pura especulación, pero les toca volver al Z Live…
La lona con el logo de la banda que decoraba y tapaba todo el escenario cayó entre un estruendo y, después de un breve repaso por sus cuatro décadas de trayectoria, Helloween irrumpió en escena con “March of Time”. Una elección interesante y poco habitual para abrir la velada aunque ya la habíamos visto en esta gira, pero tremendamente efectiva, con el tándem Kiske/Deris afrontando los agudos con una facilidad que parecía transportarnos directamente a los tiempos de Keeper.

Es indiscutible que en esta gira Kiske y Deris tienen una química brutal y cada vez es más obvia, temas como “King for a Thousand Years” hicieron buena cuenta de ello y con la siguiente “Future World” Michael se dirigió al público para recordar que este siguiente tema pertenece al amado Keeper of the Seven Keys Pt I fue su primer disco como vocalista, anda y que no ha llovido y cómo han cambiado las cosas.
Reivindiquemos el papel de Kai Hansen como artífice de que esta reunión se haya llevado a cabo, y tuvo igualmente sus momentos de protagonismo. En “Future World” tomó el micrófono durante un breve pasaje, mientras una lluvia de confeti acompañaba la canción y el público era invitado a cantar. Más adelante llegó “We Burn”, en la que sí cantó en su totalidad el tema y reforzó con llamaradas sobre el escenario, y con “Twilight of the Gods” recuperaron una estética retro en las pantallas y elementos visuales de la producción.

Entre tema y tema pudimos escuchar a Andi haciendo gala de su ya más que perfeccionado castellano, aunque poco después cambió al inglés para incluir también a sus compañeros. Después le llegó el turno de ejercer como maestro de ceremonias al venerado Kai Hansen, que encaró los primeros acordes de “Ride the Sky” tomando todo el protagonismo. “Into the Sun”, por su parte, rebajó las revoluciones con su carácter de balada, aunque, para mí, el sonido en este tramo no terminó de resultar del todo limpio. Durante esta parte del concierto también pudimos ver cómo Sascha Gerstner cambiaba a una guitarra blanca, aunque su guitarra roja, con un diseño de una calabaza, es una auténtica pasada.
La banda supo equilibrar los momentos más explosivos con otros más sosegados de la mano de temas como “Into the Sun” y “Hey Lord!”, triunfando incluso con cortes de su último disco como “Universe” y demostrando que el material más reciente puede convivir perfectamente con los grandes clásicos de su repertorio. De hecho, echo en falta “Giants & Monsters” y “A Little Is a Little Too Much”; ojalá la banda decida añadirlas.
El solo de batería de Dani Löble dio un pequeño respiro dentro de un concierto de semejantes dimensiones. Este tipo de interludios pueden llegar a hacerse algo pesados, pero Löble supo interactuar con el público y conseguir que el suyo se sintiera como una parte orgánica del espectáculo, y es que al que estaba allí viendo a Helloween tanto le daba.

El grupo regresó con las pilas bien cargadas de la mano del clásico de clásicos, un “I Want Out” que volvió a desatar al público. Aquello sirvió como aperitivo para las cautivadoras “In the Middle of a Heartbeat”, que arrancó con un guiño a “Scarborough Fair”, popularizada por Simon & Garfunkel, con Kiske a la guitarra y Deris a la voz, y “A Tale That Wasn’t Right”, donde, a mitad del tema, se unió a ellos el resto de la banda.
La calma, como era de esperar, duró poco. La festiva “Heavy Metal Is the Law” trajo de nuevo el desenfreno. La épica “Halloween” se encargó de mantener la energía por las nubes, aprovechando una vez más el privilegio de contar con dos cantantes del nivel de Kiske y Andi Deris.
Cualquier atisbo de cansancio desapareció en cuanto una gigantesca águila invadió la pantalla que hacía las veces de telón de fondo. Había llegado el momento de “Eagle Fly Free”, una de las grandes piedras angulares del power metal, que casi cuatro décadas después continúa sonando tan fresca y cautivadora como siempre. Le siguió “Power”, tema cañero donde los haya y que han cambiado de posición en este setlist.

A esas alturas, la sensación de que el final estaba cerca comenzaba a flotar en el ambiente. La encargada de culminar la velada fue otra de las imprescindibles, la querida “Dr. Stein”, que puso a todo el público a saltar una última vez y que aprovecharon para acompañar con el lanzamiento de globos. La entrega y la energía habían sido tales que costaba creer que hubieran transcurrido algo más de dos horas. Y, aun así, estoy convencida de que, si hubieran decidido interpretar “Keeper of the Seven Keys” al completo en lugar de utilizar únicamente su estribillo como epílogo, nadie entre los presentes habría puesto la más mínima objeción.
Podemos afirmar que Helloween están en uno de sus mejores momentos. Actualmente tienen una compenetración sobre el escenario que da envidia y hace que te quedes embobado mirándolos, aunque es cierto que esta vez, para mí, se quedaron algo lejos de aquel concierto en Hammersmith…
Half me: Un rugido bajo la sombra de Helloween (Irene Kilmister)
Los alemanes Half Me llevaron a Leyendas del Rock una visión del metalcore donde la agresividad convive constantemente con la melodía y la tensión emocional. Desde “Cut Me” y “Loose”, la banda dejó claro que su principal fortaleza reside en los contrastes: guitarras abrasivas, bases contundentes y voces que alternan registros extremos y melódicos.
“Reframe”, “Something Borrowed”, “Back Door”, “Frances” y “Everything I Do” mantuvieron una intensidad constante, dejando entrever una formación que busca ampliar las posibilidades del género sin renunciar a su contundencia.

Eso sí, su actuación quedó parcialmente eclipsada por el contexto. Con Helloween como cabezas de cartel de la jornada, buena parte de la atención estaba concentrada en el escenario principal, algo que inevitablemente restó protagonismo a propuestas como la de Half Me. Aun así, los alemanes defendieron su posición con solvencia.
Además, el concierto llegaba en un momento especialmente interesante para la banda, ya que el próximo 23 de octubre verá la luz Dogma, su nuevo trabajo, que puede convertirse en el siguiente paso para consolidar una identidad que ya empieza a diferenciarse dentro del metalcore europeo.

WarCry, los clásicos nunca fallan (Yolanda Sabater)
WarCry llegaban a Villena con el escenario teñido ya de su característico rojo y con el papelón de casi cerrar la última jornada de festival, aunque queda latente que tienen una gran base de seguidores, pues poca gente fue la que se marchó después de Helloween y mucha gente optó por ver a los asturianos en acción. Algo después pero casi con puntualidad británica comenzó a sonar la intro y la banda salió a escena dispuesta a demostrar, una vez más, por qué es uno de esos nombres que parecen ligados para siempre a la historia del Leyendas del Rock.
“Alma de conquistador” fue la encargada de abrir fuego, seguida de “Nuevo mundo”, uno de esos temas que lleva años resistiendo en los setlists de los asturianos y que fue recibido por un público completamente entregado. Y es que poco importa cuántas veces hayas visto a WarCry: sus seguidores conocen cada letra y todos los temas al final son cantados más por el público que por el propio Víctor.

“Perdido” y la balada por antonomasia “Devorando el corazón” mantuvieron las revoluciones altas antes de que llegara uno de los primeros grandes momentos de la noche. Santi Novoa, solo al piano y bajo la luz de los focos, comenzó a desgranar las primeras notas de “Ardo por dentro”, arrancando un rugido ensordecedor entre los asistentes. Tras esos primeros instantes de calma, Víctor García tomó el relevo hasta que el resto de la formación se incorporó para llevar el tema hacia su vertiente más eléctrica.
Hubo también espacio para “Lo siento” que acompañaron con el reciente videoclip y “Siempre”, antes de que “Huelo el miedo” volviera a endurecer el ambiente. Víctor aprovechó algunos de los momentos entre canciones para charlar con el público, aunque poco hacía falta para animar a una audiencia que respondió especialmente bien con “Quiero oírte”, cantándola prácticamente de principio a fin.
“La maldición del templario” continuó el recorrido por la extensa discografía de WarCry, mientras que con “Capitán Lawrence” siempre es un tema que se convierte en himno. “El más triste adiós” dio paso a uno de los momentos más curiosos del repertorio con el medley formado por “Luz del norte”, “Alejandro” y “Señor”, tres guiños que permitieron condensar en unos minutos una pequeña parte de una discografía en la que siempre van a quedar canciones fuera. Algo inevitable cuando hablamos de una banda con tantos temas queridos por sus seguidores.

La recta final llegó con “Solo sé”, antes de que “Tú mismo” volviera a poner a Villena a cantar con los puños en alto. Para entonces, WarCry tenía al público completamente ganado y únicamente faltaba rematar la faena. Como era de esperar, la elegida fue “Hoy gano yo”, perfecta para cerrar por todo lo alto una actuación en la que banda y público volvieron a demostrar la conexión que mantienen después de tantos años.
Sabemos que WarCry es ya una banda consagrada y una de esas formaciones que encajan como un guante en el Leyendas del Rock y da igual cuándo vengan. Sí es cierto que no han arriesgado mucho en el setlist y que los clásicos nos encantan, pero siempre agradeceremos siempre algún que otro tema de esos que no se tocan tan a menudo. Da igual el repertorio que preparen: siempre faltará “esa canción” que alguien esperaba escuchar, pero quizá esa sea precisamente la mejor prueba de todo lo que han construido a lo largo de su carrera.
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