LP + Judith Hill
Barts Festival, Barcelona
21 de julio de 2026
Organiza: The Project
Texto: Markceröck
Fotos: Txus Garcia (@txusgarciaphoto) – Facebook BARTS Festival
La noche en el anfiteatro de piedra de El Poble Espanyol arrancó con una antesala de auténtico lujo a cargo de Judith Hill. La virtuosa cantante y multi-instrumentista estadounidense, recordada por su estrecha colaboración con Prince, saltó al escenario dispuesta a dar una clase magistral de soul, funk y R&B contemporáneo, calentando los motores de una audiencia que cayó rendida ante su magnetismo desde el primer acorde.

Judith Hill
El viaje sonoro arrancó con la arrolladora canción «I Can Only Love You by Fire». Desde los primeros compases, Hill dejó claro que no venía a ofrecer un set de apertura tibio: su voz, cargada de una garra descomunal, inundó el recinto mientras la sección rítmica marcaba un compás denso y pasional. Sin dar un respiro, la intensidad subió con «Flame», una pieza donde su elegancia escénica y los tintes de funk de la vieja escuela encendieron las palmas del público, transformando el anfiteatro en una pista de baile bajo el cielo veraniego de Barcelona.
La versatilidad de la artista brilló con especial fuerza durante «Wanderer», un tema más evocador y libre que permitió apreciar la riqueza de sus registros vocales y su tremenda presencia al frente de la banda. El clímax de su actuación llegó de la mano de la explosiva «Burn It All»; haciendo honor al título de la canción, Hill y sus músicos desataron un incendio sónico de guitarras afiladas y ritmos vibrantes que electrizan a los asistentes.
El concierto continuó con «Cry, Cry, Cry», la emotiva y profunda pieza que puso el broche de oro a un setlist impecable. Con una interpretación vocal desgarradora y de una sofisticación técnica pasmosa —que recordó a las grandes divas del género—, Judith Hill se despidió entre una ovación unánime, dejando el ambiente en lo más alto, demostrando un carisma imponente y entregando el testigo con un Poble Espanyol completamente encendido.

LP
El concierto arranca con una atmósfera casi mística. Mientras la banda toma posiciones sobre el escenario, una iluminación tenue y envolvente prepara el terreno. Los primeros acordes de «Shelter from the Storm», el legendario tema de Bob Dylan, sirven como carta de presentación de una formación perfectamente engrasada que construye una base sonora sólida. Es entonces cuando LP hace su entrada entre una atronadora ovación, saludando con una amplia sonrisa y sin su inseparable sombrero de ala ancha.
La conexión es inmediata. Sin apenas dar un respiro, la artista transforma la solemnidad inicial en pura celebración con «Girls Go Wild». La energía cambia de registro y el recinto comienza a vibrar al ritmo de un pop-rock luminoso y contagioso. LP no tarda en abandonar la tarima principal para recorrer los laterales del escenario, acercándose constantemente a las primeras filas y buscando las miradas de complicidad que llegan desde todos los rincones del anfiteatro. Esa cercanía vuelve a convertirse en uno de los grandes sellos de la noche.
El ritmo sigue creciendo con «Everybody’s Falling in Love». Laura se sitúa frente a su guitarrista para protagonizar un intenso diálogo musical cargado de complicidad escénica. Ambos juegan con las dinámicas del tema hasta desembocar en un final inesperado: LP deja que el acompañamiento instrumental desaparezca durante unos segundos para rematar el estribillo completamente a capela. La potencia con la que proyecta su voz provoca una nueva ovación de un público completamente rendido.

El ambiente cambia de nuevo con «The One That You Love». La cantante recupera su faceta más íntima al empuñar un pequeño ukelele de cuatro cuerdas, instrumento que maneja con absoluta naturalidad. La sencillez de los acordes contrasta con la profundidad emocional de una interpretación que permite apreciar cada matiz de su inconfundible timbre rasgado.
Poco después llega uno de los momentos más especiales de la velada, cuando LP interrumpe el concierto para dirigirse directamente a sus seguidores. «Esta canción saldrá en septiembre», anuncia con naturalidad. Acto seguido presenta «Shelly», una composición todavía inédita que es recibida con absoluto respeto y atención, evidenciando la conexión privilegiada que mantiene con su audiencia.
La transición hacia su faceta más festiva llega con «When We’re High». El aire discotequero del tema hace que buena parte del anfiteatro comience a bailar. En uno de los momentos más simpáticos de la noche, un asistente de producción aparece sobre el escenario bailando para retirar el ukelele, provocando las risas tanto de LP como del público. Ya liberada del instrumento, la cantante se adueña del escenario y derrocha una energía desbordante junto a su guitarrista, cuya estética glam y actitud desenfadada aportan un atractivo componente visual al espectáculo.

La intensidad continúa aumentando con «No Witness», una de las piezas vocalmente más exigentes del repertorio. La artista despliega toda la amplitud de su registro, alternando graves cargados de intención con agudos de enorme potencia, hasta culminar en un desgarrador grito final que resuena entre las antiguas piedras de El Poble Espanyol.
Sin apenas tregua, «How Low Can You Go» transforma el ambiente en un espacio más íntimo e hipnótico. Aferrada al micrófono con ambas manos, LP interpreta la canción con una sensualidad contenida. Como ya es tradición en sus conciertos, el desenlace queda marcado por uno de sus característicos silbidos, ejecutado con una precisión asombrosa que vuelve a provocar escalofríos entre los asistentes.
La parte central del concierto está marcada por la emoción. «Into the Wild» suena especialmente delicada, acompañada por el canto grabado de un gorrión que refuerza el carácter evocador de la composición. Poco a poco, la canción crece en un impecable crescendo instrumental hasta desembocar en una poderosa explosión rockera. A continuación, llega «Dayglow», donde el protagonismo pasa parcialmente al público. Los inconfundibles «oh, oh, oh» son coreados al unísono por miles de gargantas junto a Laura y su inseparable guitarrista.

Uno de los momentos más sobrecogedores de la noche llega con «Muddy Waters». La iluminación adquiere tonalidades oscuras mientras la percusión marca un pulso casi tribal. LP construye una interpretación profundamente espiritual, cercana al góspel y con una atmósfera casi ceremonial. El sonido de la pandereta, la contundencia de la batería y la intensidad de su voz terminan envolviendo el recinto en una experiencia de enorme fuerza emocional.
Tras semejante descarga llega la calma con «Love Is All I Have». La artista interrumpe brevemente la interpretación para dirigirse a una joven seguidora situada en las primeras filas. Visiblemente emocionada, le promete que «volverá luego a por ella», antes de dejar paso a una hermosa melancolía guiada, una vez más, por sus impecables silbidos.
Si hay un momento especialmente esperado, ese es la llegada de «Lost on You». Bastan los primeros acordes para que todo El Poble Espanyol estalle en un rugido unánime. El mayor éxito de su carrera demuestra por qué continúa siendo un himno global: miles de voces acompañan cada estrofa en una conexión eléctrica perfecta entre artista y público. Tras esta explosión emocional, LP rebaja las revoluciones con la delicadeza de «One Like You» antes de despedir el repertorio principal con la nostalgia de «Long Goodbye», mientras la banda abandona el escenario entre una prolongada ovación.

La oscuridad se apodera durante unos minutos del recinto hasta que el esperado bis comienza con «Other People», devolviendo inmediatamente la energía al concierto gracias a su ritmo contagioso, que pone de nuevo a bailar a todo el anfiteatro. Después llega «Best in Love», recibida con la misma calidez por unos asistentes que empiezan a asumir, con cierta nostalgia, que la noche se acerca a su final.
El broche de oro definitivo lo pone «Tightrope». En una catarsis de sintetizadores, guitarras rítmicas y una batería galopante, LP se despide de Barcelona por todo lo alto, demostrando que su voz, su carisma y su inconfundible sombrero de ala ancha ya forman parte de las grandes noches musicales vividas en la ciudad. Tras el acorde final, derrochando simpatía y generosidad, la artista baja del escenario para firmar autógrafos, discos y vinilos, además de fotografiarse con sus seguidores, regalando a sus fans la última imagen de una velada sencillamente inolvidable.
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