El cuento de la criada
Margaret Atwood
Editorial: McClelland & Stewart
Año: 1985
Soy de esas pocas personas que no han visto la serie de HBO “El cuento de la criada” y que sí vieron la película del mismo nombre del año 1990 protagonizada por el ya desaparecido Robert Duvall en el papel de “El Comandante” y por Natasha Richardson en el papel de criada. En la serie de HBO (2017) está la enorme Elisabeth Moss, que ya se nos ganó el corazón con su participación en “Mad Men”. La verdad es que poco me apetecía el libro, pero me toca tragarme mis palabras y situarlo al mismo nivel de calidad que los grandes libros de futuros distópicos y cenizos de “1984” de George Orwell o de “Un mundo feliz” de Aldous Huxley. Y es que todo futuro cenizo te asusta, pero a la vez, te das cuenta que la mayor de las ficciones es la realidad.
Es impresionante leer ya solo el prólogo de la autora pues te mete de lleno en una historia de la que tienes referentes, pero que no puedes llegar a concebir el cómo se puede llegar a parecer a los días presentes. Atwood tenía claro que su futuro no iba a tener grandes efectos especiales y sí quería mostrar un mundo posible en el que no hay robots ni inteligencias artificiales y en el que el ser humano se podía hundir hasta lo más hondo de su ser en aras del monoteísmo. Y lo más grande es que su protagonista, nunca reveló su nombre, que en la serie se llame June no puede esconder que Margaret nunca reveló su nombre.
Defred es una mujer normal que vivía su vida normal y a quien su madre le decía que todos los logros de la humanidad, en cuanto la igualdad, eran una lucha adquirida que podía desaparecer. Tenía en su vida anterior a su pareja llamada Luke y una hija e intentó escapar de la nueva realidad que era la República de Gilead en unos Estados Unidos marchitos y temerosos de Dios, que organizaron toda humanidad en la deshumanización. Las guerras y la química arrojaron la realidad del país a una esterilización que “premiaba” a las mujeres que tenían hijos, pero que a la vez, las hacía receptáculos para que las élites pudieran procrear con ellas ya que sus esposas eran estériles.
Las mujeres fértiles eran educadas en centros de castigo con la única finalidad de engendrar hijos para las mujeres de los Comandantes y realizar pequeñas tareas domésticas. Y la fertilización era un acto en el que la esposa del opresor agarraba por las muñecas a su criada asignada y dejaba que su marido violase a la criada para que el fruto del señor floreciera en un mundo en el que la natalidad era ínfima. Y lo que más duele no es que la autora haya imaginado algo así, es que todo lo que relata ha pasado ya en algún momento de la historia.
Narrado en primera persona, combina el presente, el añorado pasado con el intento de huida a Canadá y el paso por el centro de reeducación donde las Tías castigaban cruelmente todo comportamiento contrario a su futuro como criadas. La angustia, el miedo constante la desconfianza se hacen carne en una narración que atrapa y en un brillante final en el que no sabes si todo ha ido bien… o mal. Y hay un epílogo con una conferencia sobre el escrito de la criada que me sigue poniendo los pelos de punta. De obligada lectura.

Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
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