Anthrax — Cursum Perficio

90/100

18 de septiembre de 2026

Nuclear Blast

 

Con Slayer (intermitentemente) muerto, Megadeth (supuestamente) despidiéndose y Metallica (seguramente) acabado, el futuro del «Big Four» del thrash metal pertenece a Anthrax. O quizás no, porque el duodécimo álbum de los neoyorquinos, diez años después del anterior, lleva por título Cursum Perficio. ¿Es este el fin de su viaje?

 

La nostálgica portada, a cargo de Mark Stritzel, es un collage con numerosas referencias a su discografía. Durante el último par de meses se ha promocionado el disco mediante la publicación de varios clips que presentan a los diversos personajes que allí aparecen. Uno de ellos ya protagonizaba la portada del clásico Among the Living (1987). Y, de esta manera, hemos descubierto que su nombre es Rowan Fenn. No es la mascota de la banda (ese honor pertenece al caricaturesco Not Man), pero desde hace casi cuarenta años existía un debate en torno a su identidad.

 

Algunos aficionados decían que ese individuo era el demoníaco reverendo Henry Kane de la película Poltergeist II: The Other Side (1986), cuyo parecido físico es evidente. Otros mantenían que se trataba del no menos inquietante Randall Flagg de la novela The Stand (1978) de Stephen King, en la que está basada la canción «Among the Living». Quienes apostaran por el segundo al menos acertaron con las iniciales.

 

Los dos álbumes publicados desde que Joey Belladonna se reincorporó al micrófono, Worship Music (2011) y For All Kings (2016), fueron excelentes. Y la formación se mantiene estable desde 2013. Scott Ian y Jonathan Donais a las guitarras (este último, el único integrante excluido de las labores compositivas), Charlie Benante a la batería y Frank Bello al bajo. Si de algo han servido estos dos lustros de espera, casi tantos como pasó el Juez Dredd en la academia, es para que aquí suenen brillantemente compenetrados.

 

 

Arranca Cursum Perficio con una breve instrumental que es otro guiño al pasado. «Persistence of Memory» es el título en inglés de la conocidísima obra de Salvador Dalí, así que basta con imaginar esos relojes derretidos para acordarse de Persistence of Time (1990). Tras esta introducción, la solemnidad de «The Long Goodbye» insinúa que este álbum va a ser algo grande. Desprende aroma a Anthrax de los ochenta, nos envuelve en coros y capta totalmente mi atención.

 

Así llegamos a los tres adelantos del disco. «It’s for the Kids» es un tema de thrash festivo cuyo estribillo, como pude comprobar personalmente hace poco, funciona bien en directo. En cuanto a «Everybody’s Got a Plan», oscila entre el groove y lo melódico, remitiéndonos al espíritu de sus dos anteriores álbumes. Viene a continuación «The Edge of Perfection», bastante compleja estructuralmente. Me gustan su grandilocuencia y la orgía de blast beats de Benante, pero todo palidece ante Belladonna. El cantante está inmenso en todo el álbum y, aquí, dan ganas de sumarse a sus coros, cuernos en alto.

 

Superado ese bloque de singles, «Infectious» es, irónicamente, poco pegadiza. Tiene groove, pero es demasiado machacona. La salva de la quema un melódico bridge que anticipa el que, probablemente, sea el mejor solo del álbum. Mucho más movida y amena, con ramalazos punk, es «NYC 93». Es evidente que esta canción tiene una fuerte carga autobiográfica: ese año supuso un punto de inflexión para los neoyorquinos, con la publicación de Sound of White Noise (1993) tras la marcha del hoy retornado Belladonna.

 

De aquí pasamos al tema homónimo, que arranca en limpio y despega con potencia, pero envolviéndonos en un halo de tristeza. Ofrece una variada muestra de riffs, que es lo que hay que exigirle a un buen tema de thrash. Me convence incluso uno que me recuerda a la tan versionada «The Phantom of the Opera» (1986) de Andrew Lloyd Webber. La carga prog de «Cursum Perficio», que la tiene, pone el listón muy alto, y «T.O.M.B.» (acrónimo de «target on my back») sufre las consecuencias. Es mucho más básica y simplona. Sin llegar a ser molesta, y a pesar del loable desempeño de Bello, no la echaría de menos si la relegáramos a la tumba (que es donde suele acabar quien está en el punto de mira).

 

Parecido me sucede con «Watch It Go», aunque, si se trata de rememorar el camino recorrido por Anthrax, algo así debía estar presente. No podemos olvidar las colaboraciones del añorado Dimebag Darrell mientras John Bush era el cantante de la banda. Ni la reciente experiencia de Benante como baterista de Pantera. Tampoco debe obviarse el destacado papel de Anthrax en la génesis del rap metal, desde el EP I’m the Man (1987) hasta su colaboración con Public Enemy unos años después. Un poco de todo lo anterior se halla en «Watch It Go».

 

Finaliza Cursum Perficio con «My Victory», en un retorno al puro thrash (con un feeling más cercano, curiosamente, al de la Bay Area que al de su natal East Coast). He disfrutado mucho este enésimo festival de riffs, que concluye con una inesperada y sublime reprise. Así que el disco termina como empezó: a un nivel altísimo.

 

Tremendo viaje ha sido el de Anthrax desde que la letra de «Metal Thrashing Mad», de su debut Fistful of Metal (1984), sirviera para afianzar el nombre de todo un subgénero. Si Cursum Perficio marcara el final de su trayecto en estudio, lo culminaría a lo grande. Y, en todo caso, es una prueba irrefutable de que esta leyenda del thrash metal aún se cuenta entre los vivos.

 

 


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