La conjura de los necios
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 1982
La verdad es que nuestro codirector tiene una mano y un gusto increíbles para recomendar literatura, y dio en el clavo cuando este verano me prestó «La conjura de los necios». Entre el tiempo dilatado del verano y lo rompedor y sorprendente del libro, no he tardado en devorar esta obra maestra.
Primeramente, ya sorprende cuando, en el prólogo o prefacio, nos hablan del escritor. Y es que John Kennedy Toole no vivió para ver este título publicado: fue su madre, Thelma Toole, quien, a título póstumo, se peleó con editores y mandó este manuscrito tras encontrarlo entre sus cosas, para que alguien se animara a publicarlo. Gracias a Dios, cayó en manos del escritor Walker Percy y, a día de hoy, podemos disfrutar de «La conjura de los necios».
El protagonista principal de esta obra es Ignatius J. Reilly, que vive con su madre, Irene Reilly, y así se presenta esta curiosa pareja desde el principio de la novela. Una relación maternofilial un tanto extraña y que, durante el resto de la novela, se seguirá tornando más rara. Al principio nos retratan a un Ignatius ciertamente retrasado o con necesidades especiales, pero, a medida que avanza la narración, nos damos cuenta de que nada más lejos de la realidad. Solo que estamos ante un tipo excéntrico, con síndrome de Asperger elevado a la enésima potencia, vanidoso, intransigente… Un sinfín de adjetivos despectivos que irán apareciendo a lo largo del libro, pero que también hacen que vayamos cogiéndole cariño a este personaje tan caricaturesco.
Pero no solo Ignatius se presenta en este libro. Estarán a su alrededor su madre, el policía de incógnito Mancuso, su tía Santa Battaglia, los trabajadores de un burdel de mala muerte (Lana Lee, Burma Jones y Darlene) y otra pareja paralela, de la cual nos van intercalando capítulos sin saber muy bien cuál será el nexo final.
La relación tórrida de Ignatius con su madre termina con la necesidad de que este encuentre un trabajo para sufragar una indemnización de la que la madre se tiene que hacer cargo tras una colisión de coche, y los trabajos por los que pasa Ignatius Reilly serán el leitmotiv de la novela.
Reilly termina trabajando en el archivo de una empresa de manufactura de jeans, o pantalones vaqueros, Levy Pants, y allí conocerá a la señorita Trixie, una grillada octogenaria que hace mucho que perdió el conocimiento y que prácticamente no sabe ni dónde está, y al que se cree jefecillo, el señor González. Tras unos meses en los que el señor Reilly elude sus responsabilidades en cuanto al trabajo y se encuentra con suficiente confianza, tiene un ataque de rebelión y anima a los trabajadores de la fábrica a sublevarse para pedir unas mejores condiciones laborales. Todo esto termina en tragedia, solo para Ignatius, y finalmente este es despedido.
Tras mucho deambular, encuentra un segundo trabajo, más patético si cabe para él, aunque, como veréis, el personaje siempre tiene la habilidad de dar la vuelta a las cosas y presentarlas de la mejor manera posible, ya sea como el damnificado o como el héroe de la historia. Pero volvamos a lo que importa: se convierte en vendedor ambulante de perritos calientes.
Este trabajo le llevará al declive físico, pues, en vez de vender perritos, se los va zampando él solo, y esto le lleva a un estado de salud deplorable, a medida que la relación con su madre va empeorando cada vez más, hasta que esta, alentada por sus amigos, termina por convencerse de que su hijo está loco.
La guinda del pastel llega en el desenlace de la novela, donde Ignatius se ve envuelto en una trama de pornografía por pura casualidad, pues no es responsable y simplemente se encuentra en medio del trajín. Sin embargo, todos los periódicos se hacen eco de ello, haciendo pública la noticia. Finalmente, su madre termina de convencerse de que su hijo ha perdido la cordura y decide que la única solución es internarlo en un sanatorio mental.
Curiosamente, todo confluye en el final y Reilly tienta a la suerte y consigue escapar de su cruel destino. Evita la entrada al manicomio, pues es salvado por su amada platónica, Myrna Minkoff -aunque esta relación no nos la terminan de esclarecer en la novela-. Ella llega justo antes de que vengan a recogerle para llevarle al manicomio y, haciéndose pasar por víctima de enajenación mental y de secuestro por parte de su madre, se gana el favor de esta. Myrna, con la que Ignatius ha estado compartiendo correspondencia durante los últimos meses, decide llevárselo con ella de vuelta a Nueva York.
Una novela muy quijotesca y de un humor exquisito, que ha conseguido sacarme más de una sonrisa con su humor tan elevado y, a veces, tan soterrado. Aunque tardemos en sacar una sonrisa porque no tenemos un humor tan accesible, con actos como los de Ignatius es imposible que nos resistamos. Una novela cien por cien recomendada.
Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
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