Peace Sells… But Who’s Buying?
19 de septiembre
Capitol Records
Cuando Megadeth publicó su segundo álbum en septiembre de 1986, el mundo del metal estaba a punto de pegar un volantazo. Metallica había colocado Master Of Puppets en marzo; Slayer acababa de soltar Reign In Blood; Anthrax tenía Among The Living esperando su turno. El thrash, y lo que luego más adelante sería considerado como el Big 4, estaba dejando de ser una palabra que utilizaban cuatro periodistas para describir a bandas que tocaban demasiado rápido y empezaba a convertirse en una auténtica amenaza para la industria. Y Megadeth tenía algo que las demás no podían copiar: Dave Mustaine. Éste era un tipo que había sido expulsado de Metallica, que llevaba con él una tormenta eléctrica permanentemente metida en la cabeza y que había decidido demostrar que podía construir su propia banda desde las ruinas. Después de Killing Is My Business… And Business Is Good!, Megadeth ya tenía reputación en el circuito underground. Pero aquello era solamente el principio. Con Peace Sells, la banda dejó de llamar a la puerta. La tiró al suelo y se meó en la entrada.
El primer Megadeth había aparecido en Combat Records, un sello pequeño y con recursos limitados. Para el segundo álbum, la situación era distinta. La industria había empezado a darse cuenta de que aquello del thrash podía ser algo más que una moda de adolescentes con vaqueros rotos. David Ellefson lo explicó años después al recordar aquella época, afirmando que Metallica había demostrado que una banda podía pasar de una compañía independiente a una multinacional y terminar tocando en grandes recintos:
«Metallica’s trajectory was so huge. They carved such a wide path for all of us» [«La trayectoria de Metallica fue inmensa. Abrieron un camino muy amplio para todos nosotros» (“How 1986 Became The Epicenter Of A New Metal Sound: Metallica, Megadeth, Slayer, And The Albums That Defined Thrash Metal”, publicado en GRAMMY.com)].
Para Ellefson, ellos habían sido el modelo que permitió que las compañías discográficas empezaran a mirar hacia aquella nueva generación.
Megadeth acabó firmando con Capitol Records, que adquirió los derechos del álbum y encargó una nueva mezcla a Paul Lani. El material ya estaba grabado con Randy Burns y el limitado presupuesto de Combat, pero ahora existía algo que la banda no había tenido en su debut: una multinacional detrás. Eso cambió las reglas y, sobre todo, cambió la audiencia potencial.
Lo interesante de Peace Sells es que Megadeth no llegó a las grandes ligas intentando parecerse a lo que ya funcionaba. Todo lo contrario. En octubre de 1986, apenas unas semanas después de la aparición del álbum, el Los Angeles Times entrevistaba a Mustaine con motivo de un concierto de Megadeth. El titular era revelador: “These Heavy Metalers Thrash For Peace”. Mustaine tenía muy claro lo que quería que fuese Megadeth:
«I’m aware of what’s going on politically (…) I’m not the stereotyped stupid, heavy-metal kid» [«Soy consciente de lo que ocurre en el ámbito político (…) No soy el típico chico estúpido amante del heavy metal» (Jon Matsumoto, Los Angeles Times, 16 de octubre de 1986)].
Y añadía que una banda debía ser consciente de lo que ocurría a su alrededor en lugar de estar encerrada en sí misma. Aquello podía parecer casi una provocación en un género que los medios generalistas acostumbraban a presentar mediante los tópicos habituales: satanismo, drogas, sexo, violencia y chavales fuera de control. Megadeth quería jugar con esos clichés, pero también quería demostrar que detrás de las guitarras afiladas había algo más. El propio Los Angeles Times señalaba que Mustaine y Ellefson pretendían cambiar la imagen negativa del heavy metal mediante canciones con mensajes sociales, incluyendo posiciones contra la carrera armamentística.
Pero si existe una historia que resume perfectamente el salto de Peace Sells al imaginario popular es la de su famoso bajo. David Ellefson ha contado varias veces cómo nació aquel riff. Él y Mustaine estaban viviendo prácticamente a salto de mata en casa del ingeniero y coproductor Karat Faye. Tenían pocos recursos y un bajo al que Ellefson incluso había quitado los trastes. Mustaine cogió el instrumento y empezó a tocar. Después fueron al local. Y la canción prácticamente apareció sola. En una entrevista posterior, Ellefson aseguró que el tema quedó armado en apenas un par de horas. Lo que no podían imaginar era hasta dónde llegaría aquel riff. MTV empezó a emitir el videoclip de “Peace Sells”, aunque inicialmente, como solía hacer con nuestro tipo de música, en franjas nocturnas. Pero la cadena hizo algo muchísimo más importante: utilizó la introducción de bajo como sintonía de MTV News. Ellefson recuerda perfectamente el momento. Estaban con la televisión encendida y, de repente, escucharon el famoso motivo acompañado por la identificación de MTV News. Chris Poland estaba haciendo las tareas domésticas y preguntó si aquello era una canción de ellos. Poco después empezaron a escucharlo cada vez más, hasta que aquella línea de bajo terminó asociándose directamente con MTV News. Piénsalo. Un chaval podía no saber quién era Megadeth. Podía no tener Peace Sells… But Who’s Buying? Podía no saber qué demonios era el thrash. Pero encendía la televisión y escuchaba ese bajo. Megadeth acababa de colarse en millones de hogares sin necesidad de pedir permiso.
“Peace Sells” no era solamente una canción con un riff cojonudo. Era también una declaración. Mustaine había tomado la idea de que la paz podía venderse y convertido aquella contradicción en una pregunta. ¿Quién la compra? En una entrevista de MTV de 1986, Mustaine explicaba el concepto de manera bastante más sombría: los dirigentes podían intentar vendernos la paz, pero la guerra siempre estaba ahí, esperando a que cualquier chispa pudiera desencadenarla. Eso explicaba perfectamente el contraste del álbum. No había sermones. Había mala hostia.
Siguiendo con otras canciones del disco, “Wake Up Dead” es una persecución paranoica. “The Conjuring” hunde las botas en terrenos mucho más oscuros. “Devils Island” convierte la condena en una pesadilla. “Good Mourning/Black Friday” nos traslada directamente hacia una inmersión en la violencia y la locura. Y luego está “Peace Sells”. Una canción que podía entrar en la MTV y, al mismo tiempo, burlarse de la idea de que el heavy metal tuviera que ser políticamente idiota. Aquí es donde Peace Sells se convierte en algo más grande que un gran álbum de Megadeth.
Al hilo de este contexto, cabe decir que en 1986 se estaba produciendo una auténtica batalla por el futuro del metal. El glam dominaba las grandes avenidas de Los Ángeles. Mötley Crüe, Ratt, Quiet Riot y W.A.S.P. ya habían demostrado que el hard rock podía convertirse en una industria multimillonaria. Pero debajo de ese gigantesco escaparate estaba creciendo otra cosa. Más rápida. Más agresiva. Más fea. Y bastante menos interesada en hacer concesiones. El éxito de Metallica con Master Of Puppets demostró que existía una audiencia gigantesca para aquella música. Como recuerda Ellefson, Metallica había abierto una autopista que otras bandas podían recorrer. Y Peace Sells fue uno de los discos que confirmó que la autopista estaba abierta.
Megadeth alcanzó el número 76 del Billboard 200. No fue un fenómeno pop inmediato ni un número uno. Pero el álbum acabaría obteniendo el disco de platino en Estados Unidos, demostrando que aquella generación del thrash tenía músculo comercial. Más importante todavía: la prensa generalista ya estaba hablando de ellos. El Los Angeles Times describía a Megadeth como uno de los grupos líderes de aquel nuevo subgénero llamado thrash metal y presentaba el álbum como una obra de energía metálica acompañada de una actitud social mucho más consciente que la habitual en el heavy metal. Eso sí era un cambio. El thrash ya no estaba esperando a que alguien lo descubriera. Los medios habían empezado a hablar de él.
La ironía es que, mientras Megadeth comenzaba a convertirse en una pieza importante de la nueva maquinaria del metal, la propia banda era cualquier cosa menos estable. Mustaine y Ellefson habían pasado auténticas penurias económicas durante la grabación. Chris Poland y Gar Samuelson eran músicos extraordinarios, pero los problemas con las drogas terminarían afectando a la formación. Después de la gira, ambos abandonarían Megadeth. El éxito estaba llegando. La estabilidad, no. Pero quizá precisamente por eso Peace Sells conserva esa sensación de peligro. No parece un disco grabado por músicos que ya saben que van a conquistar el mundo. Parece un disco grabado por cuatro tipos que necesitan conquistarlo porque todavía no tienen absolutamente nada.
Megadeth todavía no era la máquina perfectamente engrasada que aparecería unos años después. No estaba Marty Friedman. Tampoco estaba Nick Menza. No existía todavía Rust In Peace. No existía Countdown To Extinction. Pero sí estaba todo lo que vendría después. La velocidad, la técnica, el sarcasmo, la política…. La obsesión de Mustaine por demostrar que Megadeth podía competir con cualquiera. Y, sobre todo, estaba una canción cuyo riff consiguió algo que ningún departamento de marketing habría podido diseñar. Se convirtió en parte de la televisión. El propio Ellefson ha hablado posteriormente de lo extraordinario que fue que aquella introducción se asociara a MTV News, calificándolo como uno de esos momentos que un músico puede tener una sola vez en la vida. Ahí está el auténtico aniversario que merece la pena celebrar. No solamente que Peace Sells… But Who’s Buying? cumpla cuarenta años. Sino recordar qué demonios estaba ocurriendo alrededor de aquel disco.
Veredicto
En 1986 el thrash todavía olía a sótano, a local de ensayo y a amplificador barato. Pero las multinacionales ya estaban mirando qué sucedía con este nuevo género. MTV ya estaba escuchando. La prensa generalista ya estaba escribiendo sobre ellos. Y el público estaba comprando. Megadeth había llegado a la fiesta con las botas llenas de barro, una guitarra en la mano y ninguna intención de comportarse. La paz se vende. Pero Megadeth había descubierto algo mucho más interesante: el caos también. Y quizá ahí esté la razón por la que Peace Sells… But Who’s Buying? sigue golpeando cuatro décadas después. Porque escucharlo hoy no produce la sensación de estar recuperando una reliquia del thrash, sino la de encontrarse con una banda que todavía estaba hambrienta, cabreada y dispuesta a demostrarlo todo. Hay discos que envejecen y otros que simplemente acumulan años. Peace Sells pertenece a los segundos: sigue teniendo nervio, mala leche y ese punto de peligro que no se puede fabricar en un estudio. Puede que ya sepamos de memoria cada riff, cada cambio de ritmo y cada entrada de Ellefson, pero cuando arranca “Wake Up Dead” todo vuelve a ponerse en su sitio. Cuarenta años después, Megadeth no suena a nostalgia: suena a la hostia que todavía estaba por llegar.

Jordy Stanley. Profesor de Lengua y Literatura, historiador y freaky en general, posee diferentes obras de ámbito académico y divulgativo. Su último libro, Conan a lo largo de los filmes (PanoArtBooks, 2022) ha agotado sus dos ediciones. Entre lo destacado de su discografía, podemos hallar Henry Dark (2009), de su anterior banda, HENRY DARK y el flamante LP, KISS my Covers (2024), donde tributa a KISS, la banda de su vida, de una manera muy particular. Guitarrista y cantante, otra de sus múltiples facetas es la de youtuber y redactor musical.
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