Saratoga
Sala Salamandra, Barcelona
6 de junio de 2026
Por Irene Kilmister.
Treinta años después de comenzar a escribir algunas de las páginas más importantes del heavy metal español, Saratoga sigue presentándose ante el público con la misma necesidad de demostrar cosas que cuando empezó. Esa es probablemente una de las claves que explica su longevidad. Mientras otras bandas viven de la nostalgia, los madrileños continúan defendiendo cada nueva etapa como si fuese la primera.
La noche del sábado, la Sala Salamandra de L’Hospitalet recibió a una formación renovada que afrontaba una cita especialmente significativa. Además de presentar su reciente trabajo En Estado Puro, el concierto suponía el estreno de Charlie Parra del Riego ante el público barcelonés como nuevo guitarrista de la banda tras la salida de Jero Ramiro, una responsabilidad enorme dentro de una formación cuya historia está estrechamente ligada al virtuosismo de las seis cuerdas.

Con Niko del Hierro liderando la nave desde el bajo, Tete Novoa ejerciendo una vez más como uno de los frontman más carismáticos del metal nacional, Arnau Martí demostrando por qué se ha convertido en una de las grandes promesas tras los parches y Charlie afrontando su primera gran reválida catalana, Saratoga llegaba a Barcelona dispuesto a demostrar que esta nueva encarnación tiene argumentos suficientes para mirar hacia adelante sin renunciar a su legado.
Y si alguien tenía dudas sobre cómo funcionaría esta nueva etapa sobre un escenario, Barcelona ofreció una respuesta contundente.
El concierto fue concebido como una representación dividida en actos. Una fórmula que permitió combinar material reciente con algunos de los himnos más emblemáticos de su trayectoria.

El primer bloque arrancó con «Mucho Por Vivir», toda una declaración de intenciones para una banda que sigue demostrando exactamente eso. Le siguieron «Luna Llena», «Oscura La Luz» y una especialmente intensa «Hasta El Día Más Oscuro», donde Tete volvió a demostrar por qué continúa siendo una de las voces más privilegiadas del metal nacional. Su capacidad para alternar potencia, melodía y emoción sigue siendo absolutamente sobresaliente.
La segunda parte estuvo dedicada principalmente al nuevo álbum. «A Toda Velocidad», «Alma Perdida», «Alma de Cristal» e «Inteligencia Artificial (IA)» funcionaron sorprendentemente bien en directo. Lejos de percibirse como una obligación promocional, las nuevas canciones encajaron con naturalidad dentro del repertorio y demostraron que En Estado Puro posee suficiente personalidad para convivir con clásicos consolidados.
Especialmente destacable resultó la respuesta del público ante «Alma de Cristal», una de las composiciones más inspiradas del nuevo trabajo.
Tras el solo de batería de Arnau Martí, que volvió a confirmar el enorme nivel técnico y físico del joven músico, llegó el momento en el que la historia de Saratoga tomó definitivamente el control de la noche.

«Maldito Corazón», «A Morir» y «Mi Venganza» fueron recibidas como auténticos himnos generacionales. La emoción alcanzó uno de sus puntos más altos durante el medley formado por «Lejos de Ti» y «Si Amaneciera». La banda abandonó momentáneamente la distancia que marca el escenario para acercarse al público, mientras centenares de linternas iluminaban la sala transformándose en un cielo improvisado de pequeñas estrellas. Fue uno de esos momentos que trascienden lo musical para convertirse en recuerdo.

Niko del Hierro protagonizó entonces uno de los momentos más celebrados de la velada con su tradicional solo de bajo, demostrando una vez más por qué sigue siendo una figura imprescindible dentro del metal estatal. Su presencia escénica continúa siendo magnética, ejerciendo constantemente de nexo entre la banda y los seguidores.
A continuación llegaron «No Sufriré Jamás Por Ti» y una demoledora «Perro Traidor», que contó con un invitado de auténtico lujo. El reconocido guitarrista barcelonés David Palau subió al escenario para compartir la interpretación junto a la banda, provocando una de las mayores ovaciones de la noche. La combinación de dos guitarristas de enorme talento elevó todavía más una canción que ya de por sí suele ser uno de los puntos álgidos de cualquier concierto de Saratoga.

Posteriormente llegó el esperado solo de Charlie Parra. Y aquí quiero lanzar una pequeña reflexión, o un pensamiento mío propio. Sustituir a una figura tan importante como Jero Ramiro era una tarea complicada desde cualquier punto de vista. Sin embargo, Charlie afrontó el reto con inteligencia. Lejos de intentar imitar a nadie, aportó su propia personalidad, respetando el legado de las canciones pero añadiendo matices propios. Su técnica es incuestionable, pero lo más importante fue comprobar cómo empieza a integrarse emocionalmente dentro de una banda con una identidad tan marcada. Otra de las cosas que noté durante todo el concierto es como Tete lo iba arropando, abrazando y sosteniendo todo el concierto, como cuando presentas a tus amigas de siempre a tu nuevo chico. No se, me pareció precioso el compadreo que se marcaron.
La recta final fue una auténtica celebración. «Como El Viento» volvió a poner a toda la sala a cantar al unísono antes de la ya clásica interpretación de «Gonna Make You Sweat (Everybody Dance Now)», utilizada por la banda para presentar oficialmente a sus integrantes en un ambiente distendido y festivo que arrancó sonrisas y aplausos entre los asistentes.
Y cuando parecía que la noche llegaba a su final, «Resurrección» terminó de incendiar la Salamandra. Tete Novoa decidió bajar del escenario para atravesar al público, y darnos la última imagen para el recuerdo con el vocalista subido sobre la barra de la sala, transformando el recinto entero en una única celebración colectiva. Una imagen que resume perfectamente el espíritu de Saratoga en 2026.

Porque más allá de cambios de formación, nuevos discos o etapas diferentes, la banda sigue demostrando una capacidad admirable para mantenerse relevante sin renunciar a su esencia.
Y viendo la respuesta de Barcelona, queda claro que todavía les queda mucho por vivir.
Mi nombre es Irene, y todo el mundo me conoce por mi apellido Kilmister adquirido por el que ha sido y será mi mayor ídolo en esta vida. Lo cierto es que yo empecé en esto de la fotografía sin pensarlo mucho. Era la típica amiga de la cámara, pero de que me quise dar cuenta me propusieron entrar a colaborar en un medio profesional en 2017 y desde ahí he pasado de ser esa amiga de la cámara a evolucionar y coinvertirme en lo que conocéis ahora.
Apasionada de la música en todos sus géneros y amante de la lectura y los conciertos, aunque mi verdadera profesión no tenga nada que ver con todo esto.












