Savatage
Gutter Ballet (1989) – Atlantic Records
Artículo colaborativo: Jordi Tàrrega Amorós & Yolanda Sabater Algarra
El día que el piano llegó a la primera línea del heavy metal… Se suele destacar siempre dos canciones de Savatage para los no iniciados en el grupo de Florida, y son siempre “Gutter Ballet” y “Edge of Thorns”. Ambas son estelares, faltaría más… Pero en 1989 Savatage lanza al mundo Gutter Ballet, una absoluta obra maestra repleta de joyas. Y de ese disco, hay una power ballad de manual que alcanza la excelencia como pocas: “When the Crowds Are Gone”. Un tema por el que matarían miles de bandas y que serviría para superar discografías enteras, pero… estamos hablando de Savatage, y ellos simplemente: NO LA TOCAN EN DIRECTO.
Contexto histórico
Todo empieza como una canción más, una gran balada con piano de fondo, pero pronto suben los volúmenes y te encuentras con algo diferente para lo que era 1990. El piano de Jon comanda y el resto de músicos realizan unos arreglos que visten de seda a la composición, pero siguen sonando a heavy metal en toda su esencia. Ya no es que sean los versos, es que el puente es mayúsculo, dejando el piano en la primera línea junto a la voz.
¿Y qué podemos decir de Criss Oliva a la guitarra? ¡Si don Ozzy Osbourne le ofreció el puesto! Pero el menor de los Oliva creía a ciegas en lo que tenían, y qué lástima que no viera hasta dónde llegó el grupo después, pues tenían razón… Qué lástima que ese puto borracho al volante nos arrebatara al menor de los Oliva justo cuando volvió a alcanzar la gloria en la posterior entrega Streets. Pero esa ya es otra historia…
El momento en el que se rompe la canción es cuando Jon Oliva rasga la voz y todo cambia y llega a otro nivel de perfección. Aquí podemos hablar del concepto de contramelodías, que son las que van apareciendo aparte de la línea vocal dominante, que es la que lleva la canción. A nivel de arreglos es algo superlativo. Estamos hablando de que Broadway irrumpe en el heavy metal y que el musical puro y duro entra de lleno en el heavy metal.
La música
Es curioso que una canción pueda transmitir tanta emoción y potencial en su primer minuto aunque sólo suenen unos tímidos teclados con unos acordes rítmicos acompañando a una voz que parece haber sido escrita por y para que Jon Oliva brillara, y que ya la convierten en un baladón total cuando todavía ni siquiera ha empezado. Pero todo se convierte en un grito, en pura potencia, cuando entra el acorde de guitarra y se le unen el respectivo bajo y batería, dejando ya claro su salto evolutivo, bebiendo de influencias más amplias donde había cabida para el progresivo, para lo emocional, para la ópera… Tras las primeras estrofas, donde aún no llegamos al estribillo, escuchamos el primer puente (no tan habitual en la música), que nos deja sin el estribillo, sin esa primera parte conclusiva, en tensión, pero con un riff de guitarra pausado donde cada nota importa y donde la melodía martillea y ya se te queda en el neocórtex. Pero es que no es una canción al uso donde el estribillo tenga sus cuatro frases: el propio “When The Crowds Are Gone” toma el protagonismo y funciona tan bien que sirve de sentencia y como su propio estribillo. Vuelve ese riff de guitarra que había servido como puente y enlaza con el solo de guitarra protagonizado por el inolvidable Criss Oliva, en el que se explaya, se regocija, y nosotros no podemos más que decir que es una delicia.
La letra
Cuando hablé con Jordi de la canción, me resultó curioso que mi primer comentario fuera: “No me importaría que esto sonara en mi funeral”. Y es que, bueno, eso es lo bonito de las canciones: que una vez están fuera, cada uno las hace suyas a su manera o como bien puede. Pero es cierto que Jordi tiene razón y podríamos imaginarnos cómo se siente un artista cuando deja un escenario. Bien lo decía Enrique Urquijo: “pero cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario”. Y está feo que cite a otro artista cuando estamos hablando de una canción de 10, pero es lo que me ha evocado. Poco se habla también de cómo nos recuerda a cuando estamos perdidos, cuando creemos que hemos dejado de estar en nuestro mejor momento. En esos tiempos que no volverán.
Para mí, la letra se vuelve incluso incisiva cuando, en la penúltima estrofa, entona todo el pasaje como un grito desgarrador que empieza con “I never wanted to know”, perfectamente entonado, y culmina en un agudo perfecto con “I can no longer pay” y, por supuesto, el “When the Crowds Are Gone”.
Ya no es lo que canta Jon, es cómo lo canta y cómo el grupo entra para llevar en volandas la compososición. Sumemos las referencias literarias majestuosas de Shakespeare y esa maravillosa frase de: “Malgasté mi tiempo hasta que el tiempo me malgastó a mí”. Jon se desgañita quebrando sus cuerdas vocales hasta ese inmenso final en el que ya las multitudes se van y queda la oscuridad y el silencio en la sala. Todo es eléctrico hasta el mítico final del todo…
Es una coda que empieza tras parar todos y vuelve a la voz limpia. Y ellos se suben al nivel de Shakespeare y terminan con una letra de su puño y letra a la altura del maestro de maestros: “Y las luces se apagan, deja entrar a los fantasmas porque en la oscuridad, es más fácil ver”. Juegos de oxímorones elevados a la máxima potencia y un final redondo en el que la canción pasa del clímax al final suave.
Veredicto
Es un debate que siempre tenemos los fans de los hermanos Oliva: ¿por qué no se toca “When the Crowds Are Gone?” Hay nueva gira y eso abre las posibilidades a que esta maravillosa canción entre en el repertorio. Gutter Ballet es el salto de calidad del grupo después de un Hall of the Mountain King que ya fue otro salto increíble de calidad. Las influencias de Broadway y de sus amados Queen calan en los de Florida y el grupo consigue en este disco algo único, un sonido personal y un arsenal de canciones exquisito.
Y allí luce una “When the Crowds Are Gone” que cae justo después del “Gutter Ballet”, separadas por una instrumental. Comparte con “Believe” esa mítica frase de “malgasté mi tiempo hasta que el tiempo me malgastó a mí” atribuida a Shakespeare, pero pocas veces una canción sobre el vacío que le deja al músico una vez sale del escenario se hizo tan bien ni con tanta belleza. No solamente es una de las mejores baladas de la historia, es que si la tocan en el Leyendas se de mucha/os que van a llorar… y me incluyo.

Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
