Aerosmith – Rocks: 50 años de la cima… al borde del abismo

Rocks

3 de mayo de 1976

Columbia

Cuando Aerosmith publicó Rocks el 3 de mayo de 1976, la banda se estaba consolidando dentro del mundillo del hard rock estadounidense. Con todo, el grupo se estaba dirigiendo hacia un sonido más sucio, más denso y más peligroso, muy diferente del Toys in the Attic (1975), que había abierto la puerta al éxito masivo. Ahora, Aerosmith con Rocks derribaba a patadas esa puerta, dejando al descubierto una maquinaria creativa tan brillante como autodestructiva.

 

Cincuenta años después, este disco sigue siendo considerado por todos, crítica y fans, uno de los trabajos más influyentes de la carrera de la banda y del género que nos ocupa. Aunque, su grandeza no puede separarse del contexto en el que fue creado: una banda que vivía al límite, atrapada en una espiral de excesos y con una dinámica interna cada vez más volátil.

 

Como decíamos, el éxito masivo de Toys in the Attic colocó a Aerosmith en una posición privilegiada, pero ya sabemos cómo funciona la cosa: la industria exigía continuidad, el público pedía más, y la banda no estaba muy por la labor. Todo junto hacía que los de Boston comenzaran a romperse. El crítico Stephen Davis describió aquel momento con precisión:

 

“Aerosmith were America’s biggest rock band, but they were already starting to crack under the pressure” [“Aerosmith eran la banda de rock más grande de Estados Unidos, pero ya empezaban a resquebrajarse bajo la presión.”] (Rolling Stone, nº 233, 24 de marzo de 1977).

 

Aunque esta cita es posterior al lanzamiento de Rocks, documenta directamente el estado de la banda en esa etapa: éxito masivo combinado con un desgaste interno evidente. Desgaste que venía de encontrarse profundamente inmersos en el consumo de drogas.

 

Pero vamos, antes de nada, a analizar el álbum. Si su trabajo anterior tenía momentos de accesibilidad, Rocks elimina casi cualquier concesión. Es un disco compacto, agresivo y sin respiro. El crítico Robert Christgau escribió en su guía de 1976:

 

“Aerosmith has finally come up with a heavy metal album that I don’t mind listening to” [“Aerosmith por fin ha hecho un álbum de heavy metal que no me importa escuchar.”] (The Village Voice, Consumer Guide, junio de 1976).

 

La frase es importante porque sitúa el disco en su contexto: no como simple hard rock, sino como una evolución hacia algo más pesado, más físico, donde las guitarras tienen una importancia crucial. Aunque Brad Whitford no era nuevo en la banda, en Rocks su papel se vuelve mucho más relevante, hasta el punto de redefinir el sonido del grupo junto a Joe Perry. El periodista Dave Marsh lo explicó así:

 

“The guitar interplay between Perry and Whitford is what gives Aerosmith their punch” [“La interacción guitarrera entre Perry y Whitford es lo que le da a Aerosmith su pegada.”] (Rolling Stone, nº 206, 20 de noviembre de 1975).

 

Aunque la cita pertenece al periodo inmediatamente anterior, describe exactamente la base sobre la que se construye Rocks: un ir y venir de guitarras que deja de ser acompañamiento para convertirse en el núcleo del sonido. En este disco, esa relación alcanza un nivel de tensión casi físico.

 

Por otro lado, y como ya apuntábamos más arriba, hablar de Rocks sin hablar de drogas sería falsear la historia. Durante la grabación, el consumo de heroína y cocaína dentro de la banda era ya estructural. No era algo puntual: era parte del funcionamiento diario. Stephen Davis, en su biografía Walk This Way (1985), documenta claramente este periodo:

 

“By the time they made Rocks, drugs were no longer recreational — they were a necessity.” [“Para cuando grabaron Rocks, las drogas ya no eran algo recreativo: eran una necesidad.”]

 

Dicha adicción nos aporta un contexto que se traduce en un sonido que roza la paranoia y la falta de control, aunque también aporta momentos de una intensidad difícil de replicar.

 

A diferencia de muchas bandas de la época, Aerosmith no embellece el exceso en Rocks. Enseña las cosas tal como son. No hay distancia irónica ni discurso moral. Hay inmediatez. El crítico Lester Bangs escribió:

 

“Aerosmith don’t clean it up — they throw it in your face” [“Aerosmith no lo suavizan — te lo arrojan a la cara.”] (Creem, octubre de 1976).

 

Bangs, siempre visceral, entendió algo fundamental: el disco no intenta ser elegante. Intenta ser real. Esa misma realidad que se observa en la escucha del disco es la que hubo durante la grabación del álbum. Estas fueron, por decirlo de alguna manera, irregulares. Había momentos de brillantez absoluta que convivían con bloqueos y caos. La banda no estaba como para poner las cosas bonitas, puesto que no estaban viviendo un momento dulce. El productor Jack Douglas recordó años después:

 

“Some days they were incredible. Some days you couldn’t get anything out of them” [“Algunos días eran increíbles. Otros días no podías sacarles absolutamente nada.”] (Mix Magazine, abril de 1998).

 

Pese a ese carácter imprevisible que se refleja directamente en el disco y a la sensación de descontrol, Rocks destila una energía constante canción tras canción.

 

Veredicto

A diferencia de otros discos, que hemos ido presentando bajo estas líneas, que necesitan décadas para ser reivindicados, Rocks fue reconocido desde el principio como un trabajo potente. El crítico John Swenson escribió:

 

“Aerosmith have refined their attack into something tighter and more powerful” [“Aerosmith han refinado su ataque hasta convertirlo en algo más compacto y poderoso.”]  (Rolling Stone, nº 233, 1977).

 

Si vamos a los datos tangibles, el álbum alcanzó el número 3 en Billboard, confirmando que su sonido más duro no alejaba al público y con el paso del tiempo, Rocks se ha convertido en un punto de referencia para generaciones posteriores. Slash declaró:

 

“Rocks is one of the records that made me want to play guitar” [“Rocks es uno de los discos que me hicieron querer tocar la guitarra.”] (Guitar World, nº 112, 1998).

 

Kirk Hammett afirmó:

 

“That album had everything — attitude, groove, danger” [“Este álbum lo tenía todo: actitud, groove y peligro.”] (Guitar World, nº 97, 1997).

 

Pero Rocks también marca el inicio de una etapa oscura. La banda seguiría teniendo éxito, pero cada vez más debilitada por sus adicciones. El propio Steven Tyler lo reconocería años después:

 

“We were falling apart at the seams” [“Nos estábamos desmoronando por todas partes.”] (Rolling Stone, nº 565, 15 de noviembre de 1990).

 

Hoy por hoy, escuchar Rocks es escuchar a una banda en combustión. No hay pulido, no hay distancia. Todo está demasiado cerca. Es un disco que no busca ser perfecto, sino intenso. Y ahí reside su grandeza. Porque pocos álbumes capturan tan bien ese momento en el que el talento y la autodestrucción se cruzan.

 

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