Holocaust – The Nightcomers: 45 años del puñetazo escocés en la mesa de la NWOBHM

The Nightcomers

Abril de 1981

Phoenix Record & Filmworks

 

La New Wave Of British Heavy Metal fue eso: «británica», no exclusivamente inglesa. Ahora que grupos como Alestorm, Gloryhammer o Hellripper habitan la zona noble de los carteles festivaleros, es de justicia celebrar el 45 aniversario de uno de los álbumes clave para el desarrollo del metal escocés.

 

En la década de 1970, algunos pioneros como Iron Claw o Nazareth habían transitado ya la senda de los sonidos duros. No obstante, de forma similar a lo que ocurrió en Inglaterra, habría que esperar a 1980 para que el heavy metal explotara en Escocia. Muchas fueron las bandas que alumbró esa ola. Heavy Pettin, nacida en Glasgow y condenada al ostracismo por un escarceo eurovisivo en 1987, merece ser mencionada. Sin embargo, casi medio siglo después, podemos afirmar que ninguna sería tan relevante como Holocaust, oriunda de la capital.

 

El grupo se fundó en 1978. Su formación clásica estaba integrada por los guitarristas John Mortimer y Ed Dudley, el bajista Robin Begg, el batería Paul Collins y el cantante Gary Lettice. Tras lanzar dos EP, en el mes de abril de 1981 salió al mercado su LP debut, The Nightcomers. Fue grabado en los estudios Castle Sound y publicado bajo el sello creado por Holocaust con la ayuda del dueño de una tienda de discos en la que trabajaba Lettice.

 

A lo largo de 1981, los de Edimburgo presentaron en vivo unas canciones que no llegaron a tiempo de ser incluidas en The Nightcomers. La más conocida es «The Small Hours», popularizada por la versión de Metallica (The $5.98 EP – Garage Days Re-Revisited, 1987). Aunque tenían en la recámara otras joyas, como «Long the Bell Will Toll» o la instrumental «Jirmakenyerut». Si alguien quiere escucharlas, su mejor opción es el directo Live (Hot Curry & Wine) (1983), porque esta formación de Holocaust ya no volvería a entrar al estudio.

 

Collins abandonó la banda en 1982. Dudley, Lettice y Begg lo hicieron un año después. Begg falleció en 1990, por lo que desde entonces una reunión completa devino imposible. Mortimer se echó Holocaust a la espalda, asumió también las tareas vocales y fichó nuevos músicos para conformar un power trio. Su álbum Hypnosis of Birds (1992), en el que su sonido había virado hacia el metal progresivo (y donde se grabó una versión en estudio de «The Small Hours»), tuvo una buena acogida y justificó la presencia de Holocaust en la cuarta edición del Wacken Open Air, en 1993.

 

Gracias a esa repercusión, algunos músicos a quienes The Nightcomers influyó en su juventud recordaron su existencia. Así, por ejemplo, Gamma Ray versionó «Heavy Metal Mania» (por primera vez, en el EP Rebellion in Dreamland de 1995) y Six Feet Under hizo lo propio con «Death or Glory» (Warpath, 1997). Metallica, por su parte, publicó el recopilatorio Garage Inc. (1998), donde volvía a incluirse su versión de «The Small Hours». Estas covers habilitaron que nuevas generaciones descubrieran a Holocaust. Ese fue precisamente mi caso, al escuchar a Kai Hansen cantar «Heavy Metal Mania» en el álbum en directo Alive ’95 (1996).

 

Holocaust no supo aprovechar aquel impulso y regresó al underground. Hay quien dice que, realmente, el grupo murió cuando se disolvió la formación de 1981. Mortimer opina lo contrario. Su último álbum de estudio, de lovecraftiano título, vio la luz en 2019 (Elder Gods). En cuanto al Holocaust que compuso The Nightcomers, yo tengo claro que no está muerto lo que puede yacer eternamente.

 

El disco

The Nightcomers nos saluda con las siluetas carmesí de cinco apocalípticos jinetes, como cinco eran entonces los miembros de Holocaust. No es descabellado imaginar que los rondadores nocturnos de esta portada inspiraran a Metallica para desarrollar su concepto de «The Four Horsemen» (Kill ‘Em All, 1983). Quizás Slayer también aprendió algo de The Nightcomers antes de grabar Reign in Blood (1986): media hora de metal puede dar para mucho.

 

Podríamos dividir las canciones del álbum en dos categorías. En una, entrarían temas de heavy rock propios del inicio de la NWOBHM («Come on Back», «Push it Around», o ese «Cryin’ Shame» donde el bajo está tan presente), a veces tirando más hacia el rock and roll («Smokin’ Valves») o hacia el punk («It Don’t Matter to Me»). Estas canciones no justificarían por sí mismas que hoy estuviésemos hablando de este disco. Una cosa bien distinta sucede con las cuatro restantes. No solo son magníficas sino que, además, entran en la categoría de revolucionarias.

 

En «Mavrock» y en el tema título se nota mucho la influencia de Black Sabbath, pero hay una vuelta de tuerca muy importante en estas dos bombas de doom. Holocaust anticipa, más todavía que los de Birmingham, estructuras propias del black y del death metal. La primera canción combina magistralmente lo pesado y lo épico, mientras que «The Nightcomers», con sus voces distorsionadas y sus toques progresivos, te envuelve en una atmósfera siniestra y asfixiante. Hay algo atávico en esta última que siempre me genera un nudo en el estómago.

 

Los de Edimburgo también fueron pioneros en lo que les tocaba serlo. La NWOBHM tuvo un impacto a nivel global, ante todo, por la calidad de algunas canciones que definieron lo que era el heavy metal. «Death or Glory» es un festival de riffs. El más icónico, el de apertura, roza el thrash. El oyente corre el riesgo, absorto en el inevitable headbanging que provoca, de no prestar la suficiente atención al solo. Sería una lástima, porque esconde muchos detalles dignos de ser apreciados. «Death or Glory» hubiese convertido en un one-hit wonder a más de la mitad de los grupos de la NWOBHM, a pesar de su turbia letra (que nos hace partícipes de las fantasías homicidas de un sujeto). Y ni siquiera es lo mejor que nos ofrece The Nightcomers.

 

Antes incluso de que lo hiciera Manowar, Holocaust le dedicó una canción al heavy metal. «Heavy Metal Mania» comienza con unas guitarras de la escuela de Judas Priest, hay un guiño a Black Sabbath en la letra y unos «oi» que nos recuerdan al «T.N.T.» de AC/DC (no olvidemos que Bon Scott y los hermanos Young nacieron en Escocia). Tenemos otro riff memorable, alguna virguería a las baquetas y un estribillo para cantar a pleno pulmón: «I’ve got heavy metal music in my blood and I’d like to get it to you if I could». Un himno inmortal.

 

Veredicto

Cuando un álbum ha sido una común influencia para primeros espadas del thrash, del death o del power metal, su relevancia histórica está fuera de toda duda.


Por lo demás, a The Nightcomers le sucede lo que al haggis. Puede que sea estéticamente mejorable o que algunos de sus ingredientes resulten menos apetecibles que otros. Pese a todo, es un delicioso clásico escocés. Envidio a quienes tengan la suerte de poder descubrirlo con ocasión de su 45 aniversario.

 

 

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