Frontiers Rock Festival: Night Ranger ofrece un show de ensueño en la segunda jornada del Frontiers Rock Festival (Día 2)

Frontiers Rock Festival – Día 2 – 02/05/2026

Live Music Club – Trezzo Sull’ada

Crónica: Jordi Tàrrega Amorós

Fotos: Oficiales de la Sala Live Music Club

El Frontiers Rock Festival es uno de esos festivales en los que puedes decir eso de que todas las bandas juegan en casa, y la verdad es que en la escudería napolitana hay muchas agrupaciones excelentes, contemporáneas y clásicas. Y quizá el cartel no era tan rutilante como el del día anterior, pero… es que estaban Night Ranger, y eso ya lo supera todo. Volvimos a disfrutar por enésima vez de H.E.A.T y de ese momento histórico con Heavens Edge. También por la clase de unos Degreed que se lucieron bien.

 

Quizá un poco menos de gente, pero vaya, que la sala estaba completa y rozaba el sold out. Toca hablaros del mercadillo de Frontiers a muy buenos precios y que ya al segundo día estaba todo arrasado. Estoy seguro de que venden casi todo lo que se traen y especialmente los vinilos volaron muy rápido. Sobre el tema de las cajas misterio… son una opción, pero en mi caso no cayó ningún CD sorpresa que esperaba que me tocase.

 

Degreed aprovechan su momento

No conocía a los suecos Degreed, aunque ya atesoran trayectoria con Frontiers, con más de 15 años y 8 álbumes a sus espaldas, pero fueron una grata sorpresa. Se presentaron en el Frontiers como un cuarteto: su vocalista Robin Eriksson ejerce a su vez de bajista, junto a Mats Eriksson (batería), Mikael Blanc (teclados) y Daniel Johansson (guitarra), y además venían presentando su nuevo trabajo Curtain Calls, publicado hace apenas dos semanas. Aunque su estilo es AOR, arrancaron el concierto con un sonido algo más pesado, lo que les dio cierta variedad y, oye, algo que agradecí, porque en la variedad está el gusto; aunque, a medida que avanzó el concierto, fueron volviendo a terrenos más clásicos. Graves de batería muy marcados e incluso momentos curiosos, como algún solo de guitarra interpretado desde los teclados mediante samplers. Y, en lo estético y sonoro, me recordaron, salvando las distancias, a mis queridos Evergrey.

 

En el set sonaron temas como “Shakedown”, muy melódica y coreada por gran parte del público, o “This Is Love”, una balada con muchos sintetizadores que aportaban un aire setentero, muy bien acompañada por coros. Hubo un pequeño parón en el que su líder y vocalista, Robin Eriksson, se dirigió al público para presentarse a sí mismo y al resto de la banda, haciendo referencia a su trayectoria con varios discos a sus espaldas. Siguieron con temas como “If It Wasn’t for Me” o “We Are the Lost Generation”, bien defendidos, y entre medias hubo incluso tiempo para abrir una lata de cerveza, brindar con el público y agradecer la fidelidad.

 

 

“Tomorrow” destacó por la presencia de teclados, donde Mikael tomó las riendas, mientras que en la recta final optaron por temas más movidos y enérgicos para ir cerrando con “Another Ride?”, que aportó un tono más festivo. Para finalizar escogieron “Let’s Believe”, con un estribillo muy reconocible con el que todos nos arrancamos a corear junto al cantante y a acompañar con palmas. Un concierto sólido, en la línea del festival, y que apuesta también por bandas actuales. Porque el AOR bien hecho no siempre tiene por qué estar reñido con la veteranía.

 

 

Heavens Edge se reivindican

Cassidy Paris no solo es una músico emergente, sino que es una excelente maestra de ceremonias y sus presentaciones son como tienen que ser. No busca excederse en parlamentos ni busca el protagonismo y se la ve con soltura y muchas ganas. Presentó a Heavens Edge, una banda mítica de la movida americana de glam rock y con ese mítico disco de 1990 Heavens Edge. Pero aparecieron tarde y 1991 ya marcó el fin de una era y se los llevó el olvido, asomando la cabecita de uvas a peras y ya de retorno en 2023 de la mano de Frontiers.

 

 

Fue un lujo ver al quinteto sobre el escenario, con ese gran vocalista que es Mark Evans, que fue de más a menos, pero demostrando que esa banda sigue demostrando que son mucho más que un recuerdo de época. “Play Dirty” nos mostró a una banda más sucia que las del sello, más macarras, con mucha movilidad y sonando a Mötley Crüe. Tiran de momentos coreografiados, y el cencerro de “Rock Steady” les acerca a Skid Row. Reggie Wu no para de moverse con grandes solos de guitarra que lucieron especialmente en “Had Enough”.

 

Llevan ventiladores para que su pelo largo luzca y un logo con relámpagos en lo alto. Nos cuentan que Frontiers les recuperaron cuando les pidieron grabar un nuevo disco y presentaron a su bajista para luego asaltar “Daddy’s Little Girl”. Presentaron un tema nuevo y aquí la voz de Evans empezó a zozobrar. En “Let’s Go” el vocalista se armó una acústica para esa gran balada muy de época y en la tremendamente Motörhead que es “9 Lives (My Immortal Life)” pudimos ver lo perfectamente engrasada que está la base rítmica actual con la que cuentan.

 

 

Feeling 80ero en “What Could’ve Been”, el nuevo single en ciernes y luego la pieza que todos esperábamos: “Skin to Skin”. Es su mejor canción y puso en ebullición a toda la sala. Otro tema muy cercano a Skid Row, impecablemente defendido. La despedida la puso “Find another Way”, más melódica, con muchos coros, pero brillando. Su vocalista agradeció estar allí y fuimos felices de haber visto un show de unos Heavens Edge con ganas de futuro.

H.E.A.T. el relevo del hard rock

Una de las propuestas más atractivas y, a la vez, más frescas del festival eran H.E.A.T, probablemente una de las bandas buque insignia del sello Frontiers en Europa en la actualidad. No están afincados en España, pero como si lo estuvieran, ya que hemos tenido ocasión de verles y entrevistarles en numerosas ocasiones.

 

Llegaban al escenario del Frontiers Rock Festival presentando su último trabajo Welcome to the Future, acompañados de una escenografía bastante escueta, donde la batería se situaba en una posición centrada pero retrasada, mientras que el teclado, con una estética más industrial, se ubicaba a la derecha. Y no, en esta ocasión no contamos con la llamativa bola hinchable que simula un ojo futurista y que les ha acompañado durante esta gira.

 

Y es que en este festival prima más la música y el directo que la puesta en escena, que en general ha sido bastante homogénea. ¿Será hoy igual con Stryper?

 

 

Desde el primer momento, la banda dejó claro por qué se ha consolidado como uno de los nombres más importantes del hard rock melódico europeo actual: casi dos décadas de trayectoria, una discografía sólida y un repertorio cargado de himnos con ADN ochentero, pero con un sonido plenamente contemporáneo.

 

La intro con “The Heat Is On” de Glenn Frey sonando ya marcaba el inicio del concierto, con los motores en marcha para que el show arrancara con “Disaster”, donde su teclista Jona Tee se lució desde el primer momento. Hace ya seis años que Kenny Leckremo volvió a tomar las riendas de la banda y, aunque las opiniones siguen estando divididas, defiende sus canciones originales con uñas y dientes.

 

 

Realmente, Kenny está en una forma inigualable. No puedo evitar compararlo con Tete Novoa, ya que ambos comparten ese desparpajo tan característico en directo. Eso sí, él no se quita la camiseta. Ha sabido trabajar y pulir su potencia vocal, su carisma y una presencia escénica que inevitablemente recuerda a los grandes frontmen del heavy clásico.

 

A su lado, la maquinaria de la banda funciona con total precisión: la base rítmica de Don Crash y Jimmy Jay, el trabajo de Dave Dalone combinando solidez y virtuosismo a la guitarra, y los teclados de Jona Tee aportando ese toque synth tan característico, todo acompañado de coros perfectamente medidos.

 

El concierto fue un auténtico carrusel de temas sin apenas respiro, con estribillos coreables que mantuvieron al público constantemente enganchado, en los que los “uooh, uooh” fueron un recurso muy recurrente.

 

El repertorio repasó buena parte de su carrera, alternando clásicos y material reciente: “Rock Your Body” y “Dangerous Ground”, esta última acompañada de un vídeo con estética muy automovilística; “Hollywood”, “Rise” o “Nationwide” mantuvieron la intensidad, mientras que “Set Me On Fire” aportó un momento más emocional. Entre los momentos más destacados estuvieron “Beg Beg Beg”, con un guiño a “War Pigs” de Black Sabbath, así como el solo de batería de Don Crash, siempre efectivo y muy celebrado por el público.

 

En la recta final, la banda volvió a pisar el acelerador con “Back To The Rhythm”, “Running To You” y el gran himno “Living On The Run”, antes de cerrar con “One By One”. Y es que, pese a que el setlist fue amplio, tuvieron que recortar ligeramente por tratarse de un formato de festival; una pena, ya que “A Shot at Redemption” es, para mí, maravillosa.

 

H.E.A.T ofrecieron un show de altísima calidad, con una ejecución impecable y una actitud arrolladora. Kenny se mostró muy agradecido tanto con el público como con el sello y, aunque la producción fue algo más austera, supieron apoyarse en recursos visuales puntuales que otras bandas no utilizaron. Además, puede que haya sido una de las veces en las que hemos visto a Kenny en mejor forma vocal: cumplió con creces las expectativas y dejó al público muy satisfecho. Sin duda, una banda que sigue demostrando por qué está en la cima del género.

Night Ranger memorables y exquisitos

Menuda barbaridad de bolo… Y es que eran LA BANDA a ver y lo que justificaba el viaje al corazón del norte de Italia: Night Ranger. Sonó primero de fondo el “(You Gotta Fight) for Your Right (to Party)” y luego una solemne intro totalmente americana, con la pompa y el exceso. Entra el grupo y se marcan una colosal “(You Can still) Rock in America” con imágenes puramente USA de fondo. Delirio, coros reales y formando con teclado en un lado y la batería de Kelly Keagy de lado en el otro flanco. Y una muralla de Marshalls detrás, como tiene que ser…

 

Un inmenso Brad Gillis puso la clase en “Four in the Morning (I Can’t Take Anymore)” y la magia siguió brotando de un grupo que parece una absoluta alineación de estrellas. “Seven Wishes” con los teclados de E inundando la sala y con el público boquiabierto. Atención al “Sing Me Away” con la voz del baterista Kelly Keagy. Kelly hace un esfuerzo y de verdad que transmite. No es perfecto, pero justamente eso hace que todo se eleve y que veas a un grupo con infinidad de posibilidades y veracidad. No hay bandas similares, y ningún grupo que tocó en el Frontiers (hasta ahora) tuvo a tanta gente cantando y entregada a la causa.

 

 

Brad habló contento de volver “a su casa” y se marcaron una imponente “Sentimental Street”. Luego presentó a su teclista (excelente), del que dijo que es muy famoso en Estados Unidos y que es conocido por “E”. Recordó su líder que aparecieron en una película de Michael J. Fox y que metieron ese temón que es “The Secret of My Success”. Clase a borbotones y cadencias amenizadas con coros. Luego llegó ese momento en el que Brad nos hizo cantar las mejores canciones con “Naa, naa, naas”, y Bananarama y “Hey Jude” de los Beatles fueron coreadas por la sala.

 

Se gustaron en “Rumors in the Air”, con la eterna presencia de ese bajista histórico que es Jack Blades para luego presentar ese “High Road” de su etapa más reciente. Es un temazo que hizo participar al público presente. Nos recordaron que llevaban 44 años de carrera y que, a partir de ahora, vendrían cada poco a Europa. Obviamente, ilusos de nosotros, aplaudimos. Turno del “Night Ranger” de ese disco maravilloso que es Dawn Patrol y solo de batería en el que se fueron uniendo todos los músicos para pegarle duro al set de Kelly. ¿Qué banda actualmente hace algo así?

 

 

Tiempo para visitar la etapa de Damn Yankees y con Brad contando que compuso el “High Enough” con Ted Nugent y Tommy Shaw. Aquí sí que la gente coreó la letra en uno de esos grandes momentos de festival. Ya en “Goodbye” (de la que dijeron que era de las favoritas del grupo), el baterista se acercó delante con pandereta en mano y metiendo coros. Continuaron con “When You Close Your Eyes” para luego encara el grand finale: “Sister Chrisitian”, absolutamente maravillosa. Brad nos pidió que prendiéramos la luz de los celulares y puso a cantar todo el Frontiers con su baterista en la voz principal. Memorable y exquisito. Salimos flotando de la sala conscientes de que difícilmente podamos revivir algo así.

 

Deja una respuesta