La Polla Records
Ellos dicen mierda, nosotros amén (1990 – Oihuka Records)
Artículo colaborativo: Alfonso Díaz Cazorla & Yolanda Sabater Algarra
Contexto histórico (Alfonso Díaz)
A principios de los noventa, el rock duro en nuestro país era marginal, estaba mal visto y era prácticamente para inadaptados. La música de guitarras potentes y mensaje comprometido había sido barrida por una industria que buscaba el lucro rápido y fácil que le proporcionaban artistas de pop que se apoyaban, en muchos casos, en la imagen y el respaldo de las grandes emisoras de radio, especialmente los 40 principales. Así que, evidentemente, no había espacio en las ondas de radio ni en las revistas rockeras, más cercanas al hard rock y el heavy metal, para el punk.
En este contexto, y con una industria discográfica centrada básicamente en Madrid y en menor medida en Barcelona, emergía desde diferentes puntos del país lo que algunos denominaron como «el rock de las periferias» que sin contar con el «aparato establecido» empezaba a hacerse un hueco. Dejando a un lado las bandas que conformaron lo que vino a denominarse como el rock radical vasco, lo cierto es que a finales de los ochenta bandas como Cicatriz, Eskorbuto, Vulpes y, sobre todo, Barricada y La Polla Records empezaron a hacerse un hueco entre los seguidores del rock y el punk nacional.
Tras escandalizar y convertirse en referente indiscutible para todos los seguidores del punk con sus primeros trabajos, La Polla Records encaraba la década de los noventa con nuevos bríos y podríamos decir que con un renovado enfoque musical. No, los de Salvatierra no traicionaban sus raíces. Sin embargo, sí que empezaba a dejarse notar la experiencia adquirida, tanto en el estudio como sobre el escenario, y eso se tradujo en unas composiciones más sólidas. En el aspecto musical seguía estando presente la rabia y la furia, pero por otro lado también empezaban a apreciarse algunas estructuras como «El Suicida», «La Mula» o la propia «Ellos Dicen Mierda», que se apartaban de lo más visceral y directo que hasta ese momento había marcado su producción discográfica.
Tras la grabación de su primer disco en directo, y con una formación ya consolidada desde la edición de «Revolución» (1985), la banda entraba en diciembre de 1989 en los estudios Elkar de San Sebastián, con Felipe González reelegido a finales de octubre como presidente del Gobierno, y con la caída del Muro de Berlín todavía reciente. Si ya de por sí la banda se había caracterizado por unas letras ácidas, incómodas y cargadas de mensaje, «Ellos Dicen Mierda, Nosotros Amén» no iba a ser una excepción, y en este quinto disco nos encontramos con temas que reflejan la actualidad junto a otros que venían de más atrás y que ya estaban rodados en directo, como «Nací Sin Carnet», que fue convenientemente actualizada.
La letra (Yolanda Sabater)
Empezando por “mil colegas tiraos, cuántos quedarán”, ya nos sitúa en la tesitura de una juventud, de una generación marcada por la droga y por cómo muchos se quedaron por el camino, y por supuesto, cuántos más quedarán aún. “Una derrota sin final” sigue en esa línea deprimente, con una actitud derrotista desde el principio, donde hay que soportar y tragar. Se habla de los incomprendidos, los marginados, de todo lo que representaban como bien nos ha dicho Alfonso, los ideales del punk y de sus miembros: un sistema que parece dejar atrás a muchos individuos, donde el sufrimiento es constante y no hay un final claro.
El mensaje marca dos caminos claros: conformarse con la opción que se propone y agachar la cabeza, o elegir la otra vía, la de sacar el orgullo, levantar la frente y la barbilla, y seguir en pie. Incluso recurriendo a los improperios como forma de sacar fuerza desde dentro.
Todo ello lleva a una lucha que desde el inicio se plantea como injusta. También hay una crítica social hacia la apatía y la resignación de la sociedad (“Mogollón de gente vive tristemente”) y cómo las personas terminan aceptando su destino sin cuestionarlo (“Y van a morir democráticamente”), lo que refuerza esa crítica a la pasividad y a la injusticia.
Al final, el estribillo se mueve entre dos posturas: acatar y afirmar como borregos (“Ellos dicen mierda, nosotros amén”), pero con esa ironía ácida y subyacente, o posicionarse en contra de esa actitud conformista. La canción llama a no callarse, a mantener el orgullo y la dignidad frente a todo esto; por eso, “seguiremos en pie”.
La música (Yolanda Sabater)
Aunque siempre se ha banalizado con que la estructura musical del punk recurría a lo simple, esta canción muestra todo lo contrario. Inicio con un rasgueo tímido a la guitarra, al que se añade la línea melódica que aparecerá y funcionará como leitmotiv a lo largo de la canción, con diferentes variaciones y tonalidades: 6 notas que se repiten. Notas alargadas que sirven de puente, con un tempo pausado y notas ascendentes, para dar paso a la gran voz de Evaristo Páramos, en el que ahora dejan espacio a su voz únicamente, acompañando la línea de bajo, guitarra y batería en segundo plano.
Cambio de registro hacia el agudo de Evaristo que termina en un preestribillo previo al estribillo, siempre a coro, algo muy típico y recurso que era y es habitual en el punk español, con un carácter especial.
El sólo de guitarra previo al último estribillo sólo es una prueba más de que nunca fueron sólo «punk» y de que también bebían mucho del rock; queda clara su relación con Extremoduro, Obús, Barricada, Boikot… y muy melódico para su época. Al final la canción se torna en un tono alegre, de protesta, que invita a la vitalidad, a la emoción, y un tema tan bien construido que levanta el ánimo. Y si no me creéis, os animo a que la escuchéis tres veces seguidas, y decidir si me dais la razón. Por cierto, he dado con una versión actual de la canción pero Alfonso insiste en que hay que escuchar la de los noventa pues tiene el encanto especial de las producciones de la época. Os dejaré las dos por si acaso.
Veredicto (Alfonso Díaz)
Lejos de las andanadas humeantes y directas, «Ellos Dicen Mierda» marca de alguna forma la evolución musical de una banda que sabía que debía reinventarse si no quería quedarse estancada y anclada en una forma muy acotada de hacer punk. Sin embargo, el mensaje crítico sigue presente en su letra, expresando claramente la decepción hacia la clase política de una generación que, afectada por el desempleo y los estragos causados por la heroína, miraba con desconfianza e incertidumbre el comienzo de una década que traería la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Es el último tema del disco y el más largo, el que de alguna forma fija el «patrón» de lo que sería el futuro de una formación que a partir de este punto empezó a ampliar su base de seguidores.
El mundo del rock, al igual que casi todo en esa época, estaba cambiando a pasos agigantados y lo que antes parecía imposible, que a la gente le gustara por igual Obús y La Polla Records, empezaba a ser cada vez más habitual. La mezcolanza de estilos era una realidad y la unión de rockeros, punks y heavies fue algo que acabó confiriendo una fuerza a la escena nacional que ha perdurado hasta nuestros días.
Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
