Joaquín Sabina nació en Jaén, se exilió a París, luego a Londres y recorrió las Américas antes de volver a una España cuyo régimen franquista ya agonizaba. Fue okupa, músico callejero, tocó en bares y sobrevivió a una vida de incertidumbre. Curiosamente, siempre tuvo claro adónde volver y siempre llevó Madrid por bandera, que fue, es y será la ciudad que le acogió, le hizo convertirse en un cantautor de referencia en España y a la que tanto ha recitado y cantado.
Es difícil no escuchar esta canción y que no se te erice la piel, pues, aunque jamás he tenido conexión con Madrid (aunque, por supuesto, la he visitado en varias ocasiones con distintas compañías y se le tiene un cariño especial a la capital), nada como las palabras que Sabina le dedicó unas cuantas veces. «Pongamos que hablo de Madrid» es un ejemplo, al igual que otras muchas canciones perfectas que algún día me animaré a escribirle. Resulta curioso que la primera canción perfecta que escribo de Sabina sea esta, pues nunca había estado en mi top de sus mejores canciones, pero, cuando rebuscas en su obra, encuentras joyas como esta. La escucho de tanto en tanto y me parece especial y perfecta. Os animo a no perderos tampoco la versión que se grabó en directo en su DVD en el Teatro Gran Rex de Argentina en 1999.
La canción
La letra es toda una ovación a Madrid y, poco a poco, desgrana todos los elementos que conforman la idiosincrasia de la capital. La eterna lucha entre la burguesía y el proletariado, los pobres y los ricos, la monarquía y la república… Pero también aparecen elementos más folclóricos, como las fiestas populares, o los lugares más emblemáticos de Madrid. Esta canción surgió en 1998, en el disco conjunto que grabaron Fito Páez y Joaquín Sabina, Enemigos íntimos. Esta relación duró poco tiempo y, por desavenencias, decidieron cortar lazos. Al año siguiente, Sabina presentó este disco en solitario en España y Latinoamérica y grabó en el ya mencionado Gran Rex.
La letra
No estamos ante un tema donde la música prime por ser protagonista; al revés, las letras siempre han tenido mucho peso en las canciones de Sabina y esta es prácticamente una canción recitada en verso, donde la música desempeña un mero papel acompañante.
La canción presenta Madrid como una ciudad contradictoria, viva y profundamente querida. Sabina reúne imágenes populares, históricas y cotidianas: el chotis y el rap, las verbenas y las tascas, los monumentos y los barrios humildes. Madrid aparece como un lugar de mezcla, capaz de acoger lo castizo y lo moderno, la tradición y la rebeldía, la fiesta y la derrota. El amor por la ciudad no nace de idealizarla, sino de aceptar también sus miserias, sus desigualdades y sus contradicciones. Por eso conviven el Palacio de Cristal y las chabolas, la Puerta de Alcalá y la cárcel de Yeserías. Frente a otras ciudades del mundo, Madrid funciona como un refugio emocional: el lugar al que siempre se regresa, el punto de llegada de todos los trenes. La repetición de «siempre» transmite una pasión constante, casi inevitable. Madrid es memoria, identidad y esperanza; una ciudad que envejece, naufraga y vuelve a despertar junto a quienes la habitan.
Veredicto
Con esta canción, Joaquín Sabina llevó a Madrid al mundo y volvió a demostrar que es su casa y que siempre será su bandera, su polo norte magnético. La canción desprende una emoción particular y, a día de hoy, todavía me emociona escucharla y me eriza el vello. Muy pocos artistas pueden conseguir esto, pero Sabina sí.
Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
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