Tokyo Blade — Hoist the Colours High

78/100

21 de agosto de 2026

Cherry Red Records

 

Cuando el thrash metal ya asomaba la cabeza al otro lado del Atlántico, surgió en la ciudad inglesa de Salisbury una banda que seguía muy de cerca la estela de Iron Maiden, con una particular querencia por las guitarras armonizadas de Thin Lizzy. No fue la primera que empleó la parafernalia samurái en el heavy metal. A ese respecto, hay que mencionar de nuevo a los londinenses por el Eddie con katana de la portada del EP Maiden Japan (1981). Pero, sin duda, Tokyo Blade fue clave para su popularización. Y su música también dejó huella. Himnos como «If Heaven is Hell» (Tokyo Blade, 1983) o «Night of the Blade» y «Warrior of the Rising Sun», de su aclamado segundo álbum (Night of the Blade, 1984), merecen figurar en la Magna Carta de la New Wave Of British Heavy Metal.

 

A partir de ahí, comenzó a dar tumbos estilísticos con discos cada vez peores y menos metálicos. Yo sabía que seguía en activo, pero tenía totalmente fuera de mi radar sus lanzamientos, convencido de que no me perdía nada. Por pura casualidad, cayó en mis oídos el año pasado Time Is the Fire (2025), que incluía temazos como «The 47», y me sorprendió muy gratamente. Apenas diecinueve meses después, Tokyo Blade regresa. Ni más ni menos que con catorce nuevas canciones (como en su anterior entrega).

 

Estas explosiones de creatividad pueden ser peligrosas. A veces es mejor tomarse un tiempo organizando las ideas antes de presentar un resultado. La portada lo confirma. Ahí vemos a su conocido samurái pilotando una nave espacial, que en realidad es un barco pirata. Caribeño, supongo, dada la coincidencia entre el título del disco y la letra de la canción «Hoist the Colours» de Piratas del Caribe: en el fin del mundo (2007).

 

 

Ahora bien, que nadie espere escuchar aquí a Hans Zimmer. Lo que nos traen los miembros originales Andy Boulton (guitarra) y Alan Marsh (voz) en Hoist the Colours High es heavy metal clásico y melódico, afilado como una cuchilla en la noche. Y aunque el álbum hubiera agradecido algún recorte, en su mayor parte es satisfactorio. Incluso en los momentos más previsibles se pueden disfrutar detalles, en particular los solos. Boulton está tremendamente inspirado en toda esta obra. Sin ir más lejos, es él quien mantiene a flote el tema título. En cuanto a Marsh, hasta se atreve con algún agudo («Too Wired To Sleep»), lo cual a sus años merece un aplauso. Así que el disco, pese a su (excesiva) duración, no se llega a hacer (demasiado) pesado.

 

Lo mejor es que contiene un buen puñado de canciones a las que no les sobra nada. Me convencen especialmente «Screaming Evil», con su inicial aroma a Accept; el single «I’m Gonna Rise»; «She Was a Soldier», con un aire al Megadeth noventero; o la balada con la que concluye el álbum, «Wasting My Time», donde se nota, pero no hace estragos, esa deriva imitando a Def Leppard en la que entró Tokyo Blade tras sus dos primeros álbumes.

 

En un peldaño incluso superior se encuentran «Devil in the Red Mist», un trallazo con denominación de origen NWOBHM; la hardrockera «Sweet Desolation», con su pegajoso estribillo y su mención a un rendez-vous que evoca su mítica canción de 1983 («Midnight Rendezvous»); y «Mr. Nobody». El magnífico mid-tempo dedicado a este donnadie, donde se integran influencias que van de Judas Priest a Queen, me ha cautivado totalmente.

 

Tokyo Blade vive. Y quiere que todos nos enteremos, izando su bandera por segunda vez desde 2025. Los amantes del heavy metal más tradicional deberían acudir raudos a su llamada.

 


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