Wacken Open Air: 35 años del festival más multitudinario (Tercer día)

Fotografía: Thorsten «Doc Rock“ Seiffert; Peterson Marti.

 

En este tercer artículo del Wacken Open Air, os ofreceré a continuación la crónica de las bandas que presencié durante el tercer día: viernes 31 de julio. Sin lugar a duda el más extenso de todo el festival, con el esperado último concierto de Running Wild.

 

Gutalax: café y cigarro, muñeco de barro

 

Sobre las 12:30h de la mañana tocaba dirigirse al Faster, para ver en directo a la banda más escatológica del metal actual: los checos Gutalax y su goregrind. A veces es necesario pasárselo bien con un grupo que no se tome nada en serio, como dijo el propio Maty en las voces de gorrino, cuyas letras no tengan ningún tipo de sentido. El público es consciente de ello, por eso muchos portaban las escobillas de váter como si fueran espadas frente a la batalla del retrete portátil, tiraban papeles de váter al aire cuál serpentinas, o bien iban disfrazados de personal sanitario, con pañales o de gorrinos directamente. Tras la cinematográfica introducción de Ghostbusters (más adelante tocaron su propia «Shitbusters»), canciones como «Poopcorn» o «Buttman» dejaban claro la temática parodia que les caracteriza. La mayor parte de su «concierto» se centró en su último disco The Shitpendables, con las mencionadas o «Diarrhero». Entre medias, el entorno fiestero entre el público se caldeó con parte de la mítica «Celebration», de Kool &  The Gang. También hubo tiempo para su reciente «We Are What We Shit». ¡Mereció la pena pasar el calor rodeado de mierda!

 

 

Grand Magus: heavy / doom contundente desde Suecia

 

Tocaba andar algo hacia atrás para, después de comer algo rápido, disfrutar del contundente directo de Grand Magus. Con una carrera extensa de más de veintiséis años, este power trio de Estocolmo tiene clara su propuesta musical, enmarcada en el heavy / doom con ciertos elementos épicos. Conociendo únicamente su famosa canción de «Steel Versus Steel», que cayó como era de esperar, teníamos cierta intriga de cómo serían en directo. Dieron prioridad a su disco de 2010 Hammers of the North, con golpes como la inicial «I, the Jury» o «Ravens Guide Our Way», sin olvidarse de su más reciente Sunraven (2024), en la homónima o «Skybound». ¡No pudimos salir más contentos por lo que, si se pasan por Barcelona, iremos seguro a verlos!

 

 

Paradise Lost: pioneros del death / doom, con evidente influencia gótica

 

Como estuvimos gozando de Grand Magus, entre que terminaron y nos movimos hasta el escenario del Faster, únicamente pudimos presenciar la última media hora de este clásico del death / doom y gótico. Desde lejos, nos sentamos para descansar un rato nuestros ya cansados pies. Paradise Lost repartieron el setlist entre los diferentes discos de su ya dilatada carrera, con énfasis en el más reciente Ascension, publicado el año pasado (iniciaron con «Serpent on the Cross» y se despidieron con «Silence Like the Grave»), así como en Draconian Times (1995), con «The Last Time» o «Hallowed Land». Siempre he pensado que tengo que escuchar con calma este grupo, así que quizás me pase por el Okkult Session en Barcelona, para verlos en su totalidad.

 

 

Black Label Society: el southern / groove de Zakk Wylde y sus solos interminables

 

Al carismático vikingo de Zakk Wylde siempre le estaré eternamente agradecido por todo lo que ha hecho por Ozzy y su familia, en especial durante sus últimos años de vida. No soy el mayor fan de Black Label Society, pero las que conozco me molan lo suficiente como para verlos en vivo, si bien no estuve cuando se pasó recientemente por la capital catalana. Empezó sobre las 17h en el mismo Faster, si bien aprovechamos para darnos una vuelta por el enorme recinto, así como para ver el espectáculo de pelea de caballeros en el Wackinger, que nos dejó algo fríos. Nada que ver con los autos locos del primer día, que fueron adrenalina a tope. Como en los anteriores, quisieron empezar y terminar con un mismo disco: The Blessed Hellride (2003), con composiciones como «Funeral Bell» y la pegadiza «Stillborn». Se nota que, durante la despedida de Ozzy, Zakk se vio obligado a alargar demasiado sus solos, para que este descansara su maltrecha voz. Aquí se le vio mucho más cómodo, en otros lanzamientos como Doom Crew Inc. de 2021 («Set You Free») o Mafia («Suicide Messiah»). El momento más sentido de su actuación fue para su versión de «No More Tears» de Ozzy, que hizo que nos emocionáramos todos los presentes.

 

 

Saxon: el mejor directo del heavy metal en la actualidad

 

Llegaba la hora de disfrutar por enésima vez (siete, si no me falla la memoria) de los Saxon del inconmensurable Biff Byford. Una apuesta seguro del heavy, que deberían ser siempre cabezas de cartel, pero la industria prefiere promocionar metal prefabricado o metalcore. La clave para ello es saber escoger siempre un repertorio inmaculado: perfecto equilibrio entre Wheels of Steel (la homónima o «Motorcycle Man»), Strong Arm of the Law, que también cumple veintiseis añazos («Heavy Metal Thunder», seguida de mi favorita «Dallas 1 PM»), así como Denim and Leather publicado un año más tarde («And the Bands Played On» o la última en caer «Princess of the Night»). Entre medias, otros clásicos indiscutibles de la NWOBHM, como la épica «Crusader» o «Power and the Glory». Realmente solo me faltó una debilidad personal como «Ride Like the Wind», pero sería para conseguir un rotundo excelente. ¡Una vez más, lo mejor de la noche y una absoluta lección!

 

 

Blood Fire Death: Quorthon estaría orgulloso, de ver arder su llama eterna infernal

 

Nos hubiera gustado ver un rato de In Flames, pero en algún momento había que cenar… Blood Fire Death es el mejor tributo posible, al eterno legado de Quorthon y sus Bathory, como pionero absoluto del black y del viking metal. En la coincidencia más fastidiosa de todo el festival, justo después de ellos saltaban al escenario Judas Priest, así que de nuevo solo vimos media hora de su repertorio. Iniciaron con «A Fine Day to Die», donde contaron con la colaboración especial en las voces de Ihsahn de Emperor, quienes hicieron una versión en su día. Cabe recordar que este tributo es un supergrupo, con varios músicos conocidos de la escena del black: Erik Danielsson de Watain como el vocalista principal, Blasphemer (ex de Mayhem) y Ivar Bjørnson de Enslaved como guitarristas, Faust (ex de Emperor) como batería, así como Apollyon (Aura Noir) en las cuatro cuerdas y voces. Sonó majestuosa «Enter the Eternal Fire», seguida de la macabra «A Call From the Grave». Nos sorprendió la colaboración de Attila Csihar (cantante de Tormentor y Mayhem) en «Born for Burning», que fue seguida por las primerizas «Raise the Dead» y «The Return of Darkness and Evil». La puesta de escena fue brutal, con las coristas bajo capuchas y cantidades ingentes de fuegos ardiendo, en una atmosfera solemne. Lástima tanto no haber podido ver el show en su integridad, como que pasaran por alto su etapa más vikinga.

 

 

Judas Priest: la banda que definió el sonido del heavy, parido por Black Sabbath

 

¿A estas alturas, qué nos queda por decir de Judas Priest? Es de celebrar que sigan en activo, tras casi seis décadas de trayectoria sobre sus espaldas. Fue una auténtica Odisea moverme desde el escenario Louder más a la derecha, hasta el principal Harder, ya que todo el mundo quería ver al acero británico. Interpretaron muchos clásicos del British Steel (1980), como la segunda «Metal Gods», o su cierre habitual con «Living After Midnight». Eché de menos el «Saints in Hell», que tocaron la anterior vez que los vi, ya que siempre preferiré su etapa setentera a la ochentera. Pero no me puedo quejar, ya que «The Ripper» y «Victim of Changes» pertenecen a mi disco favorito de todos los tiempos: el atemporal Sad Wings of Destiny de 1976. Eso sí, creo que vi a Rob Halford sufriendo en algunos momentos, como «The Sentinel» o «Painkiller». Se le notó más entonado en «Turbo Lover», o cuando sacó su moto a relucir en «Hell Bent for Leather».

 

 

Running Wild: el último abordaje de los piratas de Rolf

 

Después de algunos momentos irregulares en las dos veces anteriores que vi a mis queridos Running Wild (ambas nuevamente en el Rockfest), a la tercera fue la vencida: los piratas de Rolf Kasparek se despidieron a puro bombardeo… a menos que realmente no sea su último concierto, como ya hemos visto con Megadeth o otras formaciones. Inicio contundente con la siempre coreable «Bad to the Bone», del exitoso Death or Glory de 1989, del cuál también tocaron «Riding the Storm, donde nos embarcamos en su barco navegando la tormenta. Nunca habían interpretado en vivo «Men In Black» ni «Dead Man’s Road». De mi favorito Under Jolly Roger (1987), desde el cuál tomaron su estética y propuesta sonora característica, nos regalaron la homónima y una inesperada «Raise Your Fist» (lástima que no optasen también por «Beggar’s Night». A diferencia de la pasada ocasión en Barcelona, sí coronaron su final con un himno como «Conquistadores». ¡Comprobando el óptimo estado vocal de Rolf, sería la mejor noticia posible si este no terminara siendo su último baile!

 


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