El estadounidense Jim Henson fue un director y titiritero, en su día conocido por el abrumador éxito de las series infantiles de Sesame Street y The Muppet Show que, durante la década de los setenta, tuvieron a muchos críos de todo el mundo enganchados al televisor. Incluso actualmente, todavía hay varias reposiciones, donde se pueden seguir las aventuras de personajes carismáticos como Epi y Blas, el Monstruo de las Galletas, la Rana Gustavo o la Cerdita Peggy, como los conocíamos por aquí.
Después de debutar en la gran pantalla con The Muppet Movie (1979) y The Great Muppet Caper (1981), Henson necesitaba convencer a propios y extraños, de que era capaz de crear una obra fantástica, con sus inseparables títeres, más allá de comedias para los más pequeños. Además de una evidente inspiración de Tolkien y su célebre The Lord of the Rings, a nivel de la imaginación de un mundo nuevo, con razas de lo más variopintas, otras fuentes en las que se basó fueron los cuentos infantiles (en especial los Hermanos Grimm y la mitología europea. Para esta inusual aventura contaría con la inestimable ayuda en la codirección de su inseparable Frank Oz: también titiritero y actor, había puesto el movimiento y voz en varios de sus personajes, así como lo hizo para el Maestro Yoda de Star Wars. El diseño de los personajes fue encargado al ilustrador Brian Froud, quién publicaría ese mismo año el libro The World of The Dark Crystal. Durante la grabación este conoció a la diseñadora de marionetas Wendy Midener, con quien se casaría posteriormente. La fantasía en 1982 estuvo realmente de moda entre los jóvenes, en especial con la exitosa Conan The Barbarian, de John Milius, protagonizada por el siempre hierático Arnold Schwarzenegger.
The Dark Crystal: el nacimiento de la fantasía oscura
El primer largometraje realizado de manera exclusiva con marionetas y escenarios móviles, sin presencia de actores humanos delante de la cámara, fue una auténtica pesadilla de producción. Más allá del presupuesto considerable, superior a los veinticinco millones de dólares, el extenso equipo de trabajo tardó más de cinco año en terminar el guion, los decorados y el mundo totalmente original, además de las marionetas complejas. Por no hablar de las veintiocho semanas que terminó durando el rodaje. Como en el caso del terror especial de The Thing de Carpenter, estrenada ese mismo año, no se utilizaron ningún tipo de efectos digitales o CGI. Según explicó Cheryl Henson, su padre fue un amante de la naturaleza, con sus animales e insectos, así que en ese mundo quería crear nuevas especies que convivieran en armonía con las existentes, sin presencia humana. Las dos principales razas enfrentadas por el Cristal necesitaban equipos coordinados de titiriteros para accionarlos. Las corazas de los soldados Garthims pesaban casi treinta kilos, por lo que debían se colgadas para descansar de semejante armadura.
Su historia nos presenta el planeta imaginario de Thra, donde mil años antes su poderoso Cristal de la Verdad, fuente de la armonía, paz y sabiduría en esas tierras, quedó fragmentado. A consecuencia, los Urskeks se dividieron en dos razas opuestas: los tranquilos y sabios Mystics, que vivían en las montañas alejados del resto, además de los malvados Skeksis, con una forma similar a la de buitres, que gobernaban el cristal en su castillo, así como esclavizaban a los pacíficos y pequeños podlings. Ambas tribus estaban interconectadas, ya que si algún integrante era herido o fallecido, su contraparte sufriría el mismo destino. Estas aves carroñeras se inspiraron en los pecados capitales, aunque se añadieron tres más. Según dictaba la profecía, cuando tuviera lugar una conjunción entre los tres soles. un joven Gelfling restauraría la luz en el Cristal Oscuro y terminaría con el mal. De lo contrario, el poder acumulado sería ya omnipotente.
Aunque su inicio es algo lento, las aventuras del protagonista Jen, junto a su amada Kira, consiguen atraparte en su universo particular. Sin embargo, quizás no se la recomendaría a los más pequeños, debido al diseño de varias de las criaturas, aunque su narrativa sea de lo más universal: la lucha de poder entre el bien y el mal. Como seguidor de la saga de videojuegos Final Fantasy, es evidente que fue una clara inspiración para este JRPG, en especial para el IX, con esos toques medievales mezclados con cierto realismo, alejado de la fantasía tradicional. Aunque inicialmente el recibimiento de crítica y público fue algo tibio, quizás porque esperaban más Teleñecos inocentes, recuperó la inversión y alcanzó un estatus de culto.
Labyrinth: festival del camaleónico David Bowie
Para su siguiente proyecto de fantasía, Henson quería que este resultara más accesible para todos los públicos y exitoso, por lo que pensó en introducir personajes humanos. Aunque mantiene cierta oscuridad, Labyrinth se presenta mucho más psicodélica y onírica, como se puede apreciar en el diseño de las criaturas y escenarios, con matices que recuerdan al clásico colorido Alice in Wonderland de Disney. Como tenía en mente a un villano elegante a la par que intimidante, manipulador y capaz de cantar, el primer nombre que tuvo en mente fue el legendario David Bowie. Este no solo aportó sus dotes creativas, sino que Jareth se adaptó a sus características, con ese look entre glam y new age, además de colaborar en la preciosa banda sonora. Sin embargo, Ziggy Stardust tuvo sus dudas iniciales: no le convencía el guion inicial, sentía que tenía poca profundidad y era demasiado infantil, además de que su agenda estaba llena de compromisos, hasta que Henson voló a Suiza para visitarlo en persona y reescribir los diálogos.
Este cuento de hadas nos introduce a la joven Sarah Williams (enorme como siempre Jennifer Connelly, a quien descubrí en la surrealista y terrorífica Phenomena, del maestro Dario Argento), que debe cuidar de su hermanito Toby (el bebé real de Brian Froud, que a penas lloraba en realidad), mientras sus padres salen a cenar. Frustrada de que que le regalaran su oso de peluche, además de sus lloros, Sarah desea que los goblins del libro que está leyendo se lo lleven. Extrañamente se cumple cuando aparece Jareth, el Rey de los Goblins, quien le ofrece cumplir sus sueños a cambio del bebé. Ella se niega echándose atrás de su deseo, pero Bowie le dice que tendrá que resolver su laberinto en solo trece horas, antes de que Toby se transforme en un goblin para siempre.
Si bien inicialmente tuvo menos éxito que su antecesora (Cristal Oscuro costó veinticinco millones de dólares y recaudó algo más de cuarenta y un millones, mientras que Laberinto presentó un coste similar, pero en taquilla solo consiguió treinta y cuatro millones), el mercado del vídeo doméstico revalorizó muchísimo esta segunda incursión en la fantasía oscura. Creo que Labyrinth tiene mucho mejor ritmo narrativo y es más fácil identificarse con los protagonistas humanos, si bien el estilo más serio y casi pesadillesco de The Dark Crystal merece un mayor reconocimiento. El monstruo adorable de Ludo fue uno de los títeres más pesados que jamás creó el estudio, con varias decenas de kilos, que requerían enorme coordinación. El enano Hoggle, quien le ayuda a Sarah a entrar en el laberinto para buscar a su hermanito, también resultaba complicado de maniobrar por sus expresiones. Si tenemos en cuenta que Jennifer solo tenía dieciséis años cuando obtuvo el papel que la hizo conocida, la relación con Jareth resulta algo cuestionable, teniendo en cuenta escenas como la del baile de máscaras venecianas, sin llegar obviamente al terreno orgiástico de la perturbadora Eyes Wide Shut de Kubrick.
Apasionado del cine y la música. Desde 2021 he sido redactor en diferentes medios como Manners of Hate, Metal Nightmare y Queens of Steel. Recientemente incorporado al equipo de Stairway to Rock, para ofreceros desde entrevistas, reseñas de discos o crónicas de conciertos (con énfasis en el underground), además de cualquier artículo especial cinéfilo que me pase por mi cabeza. Especializado en heavy, thrash, speed, metal épico, doom, rock progresivo y psicodélico. Actualmente trabajando en una novela de ciencia ficción.
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