Entrevista a Mike Farris (Parte 3): «The Screamin’ Cheetah Wheelies probablemente sea el peor nombre que ha tenido una banda de rock»

¿Por qué elegisteis el nombre The Screamin’ Cheetah Wheelies para la banda?

Lo primero que diré es que probablemente sea el peor nombre que ha tenido jamás una banda de rock. Y, además, no tiene absolutamente nada que ver con el tipo de música que hacemos. Pero, claro, por aquel entonces estaba en una banda con un grupo de auténticos chalados. Lo que pasa es que los otros nombres que proponían eran todavía peores.

¡No me lo puedo imaginar! ¿Cuáles eran?

¿Quieres oír algunos? Uno era Big Fucking Belt Buckle. Y otro era The Sizzle Donkeys.

Bueno, al lado de esos, Screamin’ Cheetah Wheelies hasta parece un buen nombre.

(Ríe). Sí, tiene su gracia, pero es muy difícil de pronunciar. La gente casi nunca lo dice correctamente. Es uno de esos nombres que o te encantan o los odias. Cualquier experto en marketing te diría: «No utilicéis ese nombre». Además, nunca encajó con nuestra música. No reflejaba en absoluto lo que hacíamos. Pero, bueno… ahora ya estamos atrapados con él. Después de tantos años no tendría sentido cambiarlo.

Quería preguntarte también por tu lucha contra las drogas y el alcohol. Decidiste dejarlo todo en 2002. Ahora que vuelves a girar con The Screamin’ Cheetah Wheelies, ¿crees que esos recuerdos pueden volver? Y, por otro lado, ¿piensas que el mundo del rock es un entorno especialmente complicado para escapar de las adicciones?

En aquella época yo era solo un chaval. Era un joven completamente roto, pero en realidad ya había sido un niño roto mucho antes. Por eso siempre hay que ir al origen del problema, a la causa. Porque nadie se levanta un día ni crece pensando: «Quiero convertirme en un drogadicto profesional». Nadie sueña con eso.

 

Se llega ahí por automedicarse para soportar el dolor o el trauma que uno está viviendo. Eso era lo que yo estaba afrontando durante todos aquellos años. Nadie vino a decirme: “Oye, hay programas a los que puedes acudir, puedes formar parte de ellos para ayudarte con esto”. Solo estaba yo con mi mujer, intentando sacar adelante todo aquello por nuestra cuenta.

 

Y luego yo tampoco quería volver a la música. Lo dejé en 2005 y estaba decidido a no regresar; me daba miedo volver a ella, porque era un lugar peligroso para gente como yo. Cuando volví a la música, y diré algo antes: cuando dejé de fumar, fumaba un paquete y medio al día, a veces dos paquetes. Dejé el tabaco por completo en 2020; antes usaba chicle de nicotina y cosas así. Y cuando por fin lo dejé, quedé curado de la nicotina para siempre.

 

Ahora puedo oler un cigarrillo y no siento ninguna necesidad. No hay nada en mí que quiera fumar otro. Y con las drogas me pasa igual: no hay nada en mí que eche de menos consumir. Eso se fue, desapareció por completo de mi sistema. Además, ahora me conozco mucho mejor que entonces. Cuando eres joven y estás roto, estás en una situación muy peligrosa. Hoy estoy asentado y no hay absolutamente nada que pueda llevarme de vuelta a aquello. Amo mi vida, amo donde estoy y amo estar sobrio. No podría imaginarme algo que me hiciera volver atrás. Tiene que ser algo muchísimo más fuerte que eso. Lo que sí me encanta es volver a tocar estas canciones con la cabeza clara y poder interpretarlas. Por eso creo que hoy suenan mejor que nunca. Ha sido increíble volver a tocarlas.

Y para terminar con las tres preguntas clásicas: ¿recuerdas cuál fue el primer disco que compraste con tu propio dinero?

El primer disco que compré fue un sencillo de 45 rpm. Yo estaba, creo, en tercero de primaria y mi madre me dio cincuenta centavos o un dólar, algo así. Fui a una tienda que había al lado del supermercado, donde vendían discos, y compré dos discos de Fats Domino: “Walking to New Orleans” y “Ain’t That a Shame”. Y los otros dos fueron “I Want to Walk You Home” y “Bo Weevil”.

 

Esos fueron los dos primeros discos que compré en mi vida. Supongo que pensarías que serían de Aerosmith o algo así. No, eran de Fats Domino. Fats Domino, un músico de blues y rhythm & blues de Nueva Orleans, muy famoso en los años cincuenta.

Segunda pregunta: ¿recuerdas la primera vez que lloraste en un concierto? Uf, esa es difícil. ¿Quién me habría hecho llorar?

Es complicado, porque yo veía a gente como ZZ Top, Kiss o Lynyrd Skynyrd. De hecho, ZZ Top tocaban en Barcelona el domingo. Sí. Vaya. No sé, esa es muy difícil. Pero, en realidad, me emocioné mucho cuando Aretha Franklin cantó una canción al final del espectáculo que hicimos. Fue muy conmovedor. Ella ya estaba en el ocaso de su vida, y aun así estaba allí cantándote una canción; fue precioso. Eso me hizo llorar, sin duda.

Y la última: si Mike Farris tuviera una inversión enorme de dinero, muchísimo dinero, pero solo para un concierto, ¿qué trucos de escenario te gustaría hacer? ¿Láseres, fuego, quizá una catedral?

Sin duda habría fuego. Tendría que consultar a los chicos de Rammstein, porque ellos saben cómo montar un espectáculo. Iría directamente a su equipo y les diría: “Aquí tenéis el dinero, haced lo que queráis”. Y eso sería exactamente lo que haríamos. Todo lo que hacen con Rammstein, eso es lo que haríamos nosotros.

Bueno, creo que hemos terminado. Muchas gracias Mike, ha sido genial.

Muchas gracias, chicos. Que tengáis un día precioso. Gracias. Adiós.


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