Las cuatro cuerdas de Opeth: Lecciones de humildad y técnica con Martín Méndez en Barcelona

Centre Superior de Música Jam Session (Barcelona)

Lunes 11 de Mayo

Por: Carlos El Topo López

 

El pasado lunes 11 de mayo, el Centre Superior de Música Jam Session de Barcelona se vistió de gala para recibir a una institución del metal progresivo: Martín Méndez. El bajista de Opeth ofreció una masterclass que fue mucho más allá de la técnica, convirtiéndose en un viaje introspectivo por su carrera y una cátedra de honestidad musical.

 

El recibimiento no pudo ser más cálido. Entre un estruendoso aplauso, un Martín Méndez sonriente pero sobrio subió al escenario para, sin mediar palabra, empuñar su bajo de cinco cuerdas. Acompañado por un backing track, el uruguayo rompió el hielo con la ejecución impecable de «S3», dejando claro desde el primer segundo por qué lleva casi tres décadas siendo el ancla rítmica de una de las bandas más complejas del planeta.

 

De la mochila y el Walkman al estrellato en Suecia

Tras la música, llegó la palabra. Méndez se abrió al público relatando unos orígenes marcados por la humildad de una familia nómada. Su relación con el bajo fue, en sus palabras, «intermitente» durante su juventud, alternando el aprendizaje con diversos trabajos para subsistir. El punto de inflexión llegó al conocer a Martín López (exbatería de Opeth), con quien empezó a ahorrar céntimo a céntimo con un objetivo fijo: Suecia.

 

La anécdota más humana de la tarde llegó cuando recordó su aterrizaje en tierras escandinavas. Martín llegó «con lo puesto»: apenas una mochila y un Walkman cargado de casetes, entre ellos su primera demo. Sin bajo propio, se vio obligado a ejercer de guitarrista en su primera banda, aunque su corazón seguía en las cuatro cuerdas. “Me pasaba horas en las tiendas de instrumentos tocando bajos; no me decían nada y yo aprovechaba para mantener la práctica”, confesó entre risas.

 

Recordó también los inicios agridulces de la banda, cuando unos carteles en la calle prometían giras y grabaciones que terminaron siendo promesas a medias. Lograron grabar, sí, pero los conciertos no llegaban. No fue hasta su siguiente trabajo, con la entrada de un manager y sello profesional, cuando el camino de Opeth empezó a fluir de manera natural hacia la leyenda que son hoy.

 

 

Salud y tono

La parte técnica de la sesión puso el foco en algo que muchos músicos jóvenes ignoran: la longevidad física. Méndez enfatizó la importancia de cuidar ligamentos y musculatura. Confesó que antes no lo hacía, pero que ahora su rutina pre-concierto es sagrada y comienza dos horas antes de subir a escena.

 

Su método, como el propio Opeth, es progresivo: arranca con tríadas y melodías relajantes para despertar las manos. El segundo bloque sube la intensidad, aumentando el tempo con un groove de tintes jazzísticos. Tras 40 minutos de ejercicios, llega el turno del «calentamiento frenético»: corcheas a ritmos altísimos centradas en la mano derecha. Aquí, Martín regaló un consejo de oro: el ángulo de ataque. Recomendó angular el golpeo de la cuerda para evitar ese chasquido metálico indeseado en BPMs altos, logrando así un sonido más limpio y, sobre todo, reduciendo el estrés mecánico en la mano.

 

 

Composición y vida familiar

Tras deleitarnos con los pasajes de «The Baying of the Hounds», se abrió el turno de preguntas. El público, ávido de curiosidades sobre la banda, quiso indagar en el proceso creativo de los suecos. Martín explicó que, aunque Mikael Åkerfeldt es el compositor principal, el proceso es democrático: todos opinan y, sobre todo, filtran. “Hemos llegado a borrar canciones enteras por parecerse demasiado a lo que ya habíamos hecho”, sentenció, subrayando el pánico de la banda a la repetición.

 

En el plano personal, Martín fue honesto sobre su momento vital actual. Al ser preguntado por su preferencia entre la carretera o el estudio, no dudó: con una familia y una carrera consolidada, ahora prefiere la comodidad del hogar y la libertad de tocar cuando le plazca, lejos del desgaste de las giras interminables.

 

Broche de oro con sabor local

 

El evento no podía terminar de otra forma que con música. Varios alumnos y profesores de la escuela Jam Session subieron al escenario para compartir una jam con el maestro, repasando clásicos de Opeth en un ambiente de absoluta camaradería.
Aunque gran parte de las preguntas del público se desviaron hacia la curiosidad por la banda y dejaron un poco de lado la técnica pura del bajo, la sensación general fue de satisfacción absoluta. Martín Méndez no solo dio una clase de música; dio una lección de vida, recordándonos que, tras los guturales y los pasajes progresivos, hay un músico que empezó con una mochila y un Walkman, y que nunca ha olvidado de dónde viene.

 

 

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