Slang
14 de mayo de 1996
Mercury Records
En 1996, el mundo pasaba aún por la resaca del grunge. La industria musical estaba en plena crisis buscando la autenticidad. El rock duro de estadios parecía una reliquia incómoda y las camisetas de lycra y el pelo cardado, habían sido sustituidas por camisas de franela y una imagen a lo ‘homeless’. En este difícil contexto, aparece Slang de Def Leppard dejando claro que la banda se negaba a vivir de repetir Pyromania o Hysteria hasta el infinito. ¿Fallo monumental? ¿Obra infravalorada? Lo que resulta imposible discutir es que no hay otro álbum de Def Leppard tan humano, tan oscuro y tan alejado de su propia leyenda.
Sin lugar a dudas, lo lógico para aquel momento, tras el éxito mastodóntico de Hysteria y del más áspero pero igualmente multimillonario Adrenalize, es que siguieran con la misma fórmula que les estaba deparando tanta gloria. Pero como decíamos más arriba, el espíritu grunge seguía sobrevolando el mundo del rock y la etiqueta de dinosaurio pesaba en la cabeza de los de Sheffield. Cambiar o morir. Joe Elliott ya dejaba clara aquella necesidad de transformación en una entrevista concedida a Dotmusic en marzo de 1996, recuperada años después por DefLeppardUK.
“I’m sure there’s a few out there who want more of the same – but we need to be able to grow up” (“Estoy seguro de que hay gente que quiere más de lo mismo, pero necesitamos crecer”).
Aquella frase resumía perfectamente el espíritu de Slang. El grupo estaba cansado del gigantismo artificial asociado a Mutt Lange, de las capas infinitas de producción y de la sensación de que Def Leppard se había convertido en una maquinaria demasiado perfecta para sonar realmente viva. El objetivo del nuevo disco era exactamente lo contrario: capturar imperfecciones, tensión y emoción real. Por primera vez desde hacía años, Rick Allen volvió a tocar una batería prácticamente orgánica. Las guitarras sonaban menos procesadas. Los coros aparecían mucho más contenidos. Incluso Joe Elliott abandonó gran parte de aquellos agudos imposibles que habían definido el ADN clásico del grupo. El propio cantante lo explicaba así en la entrevista ya citada de 1996:
“Once, when people put Def Leppard records on, they went ‘wow, listen to the production’. Now we want them to think the band sound great” (“Antes la gente escuchaba un disco de Def Leppard y decía: ‘escucha la producción’. Ahora queremos que piensen que la banda suena genial”).
La grabación del álbum también jugó un papel importante en el resultado final del disco. La banda se instaló en una villa de Marbella y convirtió aquella casa en un estudio improvisado donde intentaron redescubrirse lejos de la presión industrial que había rodeado sus discos anteriores.
Phil Collen recordaría aquella experiencia como una liberación absoluta. En una entrevista de 1996 recuperada por DefLeppardUK, el guitarrista afirmaba:
“It was the best recording experience ever. I refuse ever again to sit in a studio, a dungeon, for three years. We want to have fun” (“Fue la mejor experiencia de grabación de nuestra vida. Me niego a volver a encerrarme tres años en un estudio como en una mazmorra. Queremos divertirnos”).
Pero detrás de aquella aparente libertad creativa también había una enorme carga emocional. La banda arrastraba heridas personales profundas. La muerte de Steve Clark todavía proyectaba una sombra gigantesca sobre el grupo. Rick Savage sufría problemas de salud relacionados con la parálisis de Bell. Las relaciones personales de varios miembros se estaban desmoronando. Y todo eso se tradujo en Slang.
No es casualidad que muchas canciones del disco tengan un aire introspectivo y melancólico completamente ajeno al triunfalismo sexual de los ochenta. Truth?, Blood Runs Cold o All I Want Is Everything transmitían una vulnerabilidad que Def Leppard rara vez había mostrado de forma tan explícita. La diferencia respecto a discos anteriores era brutal. Hysteria parecía diseñado para conquistar el planeta; Slang, en cambio, daba la impresión de haber sido grabado para llegar a unos pocos. A aquellos que pudieran entender la controversia emocional de finales de siglo. Digámoslo sin tapujos: el espíritu de los Cobain y compañía.
De ahí que musicalmente, Slang absorbiera influencias imposibles de ignorar en aquella época. Había rastros de Soundgarden, Alice in Chains, Nine Inch Nails e incluso cierto aire alternativo británico. Pero lo interesante es que Def Leppard nunca sonó realmente como una banda grunge. Intentaban adaptarse al contexto de los noventa sin renunciar del todo a su identidad melódica. En una entrevista concedida a El País durante la gira española de 1996, Joe Elliott afirmaba:
“En Slang nos hemos abierto a direcciones que otros no se habrían atrevido a emprender. Hemos usado influencias indias, gaélicas e incluso sonidos industriales”.
Aquella búsqueda de nuevos territorios sonoros puede apreciarse especialmente en canciones como Turn to Dust, probablemente una de las piezas más experimentales jamás grabadas por el grupo, o en la áspera Gift of Flesh, donde las guitarras abandonaban cualquier intento de brillo glam para abrazar texturas más sucias y densas. Incluso la imagen de la banda cambió radicalmente. El glam luminoso de finales de los ochenta desapareció casi por completo. El grupo adoptó una estética más urbana, más sobria y alineada con el lenguaje visual de mediados de los noventa. Para muchos fans fue un shock comparable al cambio que vivieron otras bandas veteranas del hard rock durante aquella década.
Por otro lado, Vivian Campbell tuvo además un papel fundamental en aquella transformación. Slang fue el primer álbum donde el guitarrista participó plenamente en el proceso creativo de la banda, algo visible desde el propio single Work It Out. Joe Elliott reconocía en los comentarios posteriores del disco que aquella canción permitió explorar un registro vocal distinto:
“We always had this inner demon of pop wanting to come out”
(“Siempre tuvimos ese demonio interior del pop deseando salir”) [The Guardian, 8 de agosto de 2018].
El álbum llegó al mercado en mayo de 1996 y, aunque debutó relativamente bien, quedó muy lejos del impacto comercial de sus predecesores. En Estados Unidos apenas alcanzó el Top 15 y rápidamente desapareció del radar mainstream. Para una banda acostumbrada a vender decenas de millones de copias, aquello fue interpretado como un fracaso. Muchos seguidores de la banda reconocen hoy que Slang fue víctima de una época especialmente hostil para cualquier grupo asociado al hard rock ochentero. Un comentario publicado en Reddit resumía perfectamente aquella situación:
“Def Leppard was in a ‘damned if you do, damned if you don’t’ position in 1996” (“Def Leppard estaba en una situación imposible en 1996: hagas lo que hagas, estás condenado”).
Es probable que si Def Leppard hubiesen publicado otro Hysteria, habrían sido masacrados por la crítica por sonar anticuados. Pero al intentar evolucionar, parte de sus fans sintió que la banda había traicionado su esencia. Como se suele decir, “nunca llueve a gusto de todos”. Con el tiempo, sin embargo, Slang ha experimentado una reevaluación muy interesante. Cada vez más seguidores lo consideran uno de los trabajos más honestos y arriesgados de toda la discografía del grupo. Incluso entre quienes siguen prefiriendo la era clásica existe cierto consenso alrededor de la valentía creativa del álbum. No suena como una caricatura del grunge (como le pasa a muchos de los discos de los grandes dinosaurios del rock), ni como un intento desesperado de copiar tendencias. Suena, simplemente, como una gran banda tratando de sobrevivir emocional y artísticamente a un cambio de era. El propio Joe Elliott siempre ha defendido el disco con una mezcla de orgullo y resignación. La banda sabe perfectamente que nunca será el álbum favorito del gran público, pero también entiende que probablemente era el disco que necesitaban hacer en aquel momento.
Treinta años después, Slang permanece como una anomalía fascinante dentro del universo ‘Matrix’ de la historia del rock y de la historia de Def Leppard. Un disco oscuro, incómodo y profundamente noventero grabado por una banda asociada al exceso luminoso de los ochenta. Una obra que dividió a sus seguidores, confundió a la industria y dejó claro que el grupo todavía estaba dispuesto a correr riesgos. Y eso es oro en un mundo en donde tantas bandas veteranas sobreviven reciclando fórmulas. ¡Piénsalo! ¡Quizá eso sea mucho más importante que cualquier disco de platino!

Jordy Stanley. Profesor de Lengua y Literatura, historiador y freaky en general, posee diferentes obras de ámbito académico y divulgativo. Su último libro, Conan a lo largo de los filmes (PanoArtBooks, 2022) ha agotado sus dos ediciones. Entre lo destacado de su discografía, podemos hallar Henry Dark (2009), de su anterior banda, HENRY DARK y el flamante LP, KISS my Covers (2024), donde tributa a KISS, la banda de su vida, de una manera muy particular. Guitarrista y cantante, otra de sus múltiples facetas es la de youtuber y redactor musical.
