75/100
24 de abril de 2026
Metal Blade Records
Conocí a Cannibal Corpse en mi más tierna infancia. Viendo Ace Ventura (1994), claro. Poco después de aquel cameo, el cantante Chris Barnes fue despedido de esa institución del death metal y su proyecto paralelo junto a Allen West (Obituary) terminó convirtiéndose en su banda principal. La cosa empezó muy bien con Haunted (1995), pero fue degenerando. El decimoquinto (¡!) álbum de Six Feet Under lleva el ominoso título de Next to Die. Yo diría que aún le queda cuerda para rato, aunque son unos cuantos los que han querido enviar a Barnes dos metros bajo tierra.
La tragedia de este grupo es que su principal reclamo se convirtió en su eslabón más débil. Cuando he tenido un día duro, introduzco en el buscador «Barnes EEEEEEEE screech compilation» para echarme unas risas viendo cualquiera de esos vídeos. Luego me siento culpable, porque Barnes es una leyenda. Y por muchas declaraciones desafortunadas que haya hecho, a estas alturas me parece tan entrañable como el Monstruo de las Galletas (de marihuana). Pero a su voz hay que exigirle más que a la de un personaje de Jim Henson.
Cuando Six Feet Under anunció el fichaje del guitarrista Jack Owen, antiguo compañero de Barnes en Cannibal Corpse, me ilusioné moderadamente. Ingenuo de mí: lo que vino después fue Nightmares of the Decomposed (2020). Quien haya escuchado ese disco, sabrá que el título se refiere al estado que provoca en el oyente. En Killing for Revenge (2024) hubo algún brote verde (irónicamente, pues antes de grabarlo Barnes dejó el cannabis) y la portada de este Next to Die, obra del indonesio Sandy Rezalmi, me encantó desde que la vi. El Estado de Florida es conocido por las cosas extrañas que allí suceden, así que quizás tocaba un buen disco de Six Feet Under.
Tengo el inmenso placer de anunciar que Barnes no ha traído la granja consigo. No hay aquí chirridos ni ruidos extraños, más allá de los susurros del tema de cierre, «Ill Wishes», que no me molestan. Obviamente, no se le puede pedir que suene con la potencia que tenía en Eaten Back to Life (1990), pero el desempeño del cantante llega a ser más que correcto en canciones como «Skin Coffins».
En cuanto a Owen, brilla más el disco cuando toma velocidad que al regodearse en el groove, pero ha compuesto eficaces riffs de ambas clases. A lo anterior hay que añadir algún buen solo, como el que redime la floja canción que da título al álbum, «Next to Die». Las guitarras logran captar especialmente mi atención en el lento y pantanoso tema de apertura («Approach Your Grave») y en dos trallazos con el sello de calidad Old School Death Metal («Unmistakable Smell of Death» y «Mutilated Corpse in the Woods»). También me parecen interesantes los detalles tech que introduce la batería de Marco Pitruzzella en «Wrath and Terror Takes Command».
Las letras, pergeñadas por los dos exmiembros del cadáver caníbal, siguen inspirándose en el cine más gore y de serie B que podamos imaginar. Emasculaciones, destripamientos y otras alegres imágenes que disfrutarán quienes gusten de la casquería.
La segunda mitad del disco resulta menos memorable que la primera, pero todo lo dicho hasta ahora sería suficiente para darle el visto bueno al conjunto. Y eso que todavía no he mencionado la grata sorpresa que contiene.
Una crítica habitual a Six Feet Under es que ofrece un death metal muy primitivo, algo que, per se, a mí nunca me ha disgustado. No se le puede exigir a un cavernícola que invente la rueda, pero eso no impide pasar un buen rato con él. Demos la bienvenida a «Mister Blood and Guts», una canción divertidísima. Es una lástima que Barnes ya no disponga del espectacular registro de antaño, porque este tema es digno de su época con Cannibal Corpse.
Nos encontramos ante lo mejor de Six Feet Under en muchísimo tiempo. Aunque sólo sea por lo inesperado, Next to Die merece un aplauso.


Doctor en Derecho, licenciado en Ciencias Políticas, novelista especializado en fantasía y bajista en excedencia. Apasionado del metal en todas sus formas, debuto como redactor musical en Stairway to Rock.
