Una noche de metalcore intenso en Barcelona con Crystal Lake y Miss May I a la cabeza

Crystal Lake, Miss May I, Great American Ghost y Diesect

Sala Razzmatazz 2, Barcelona

9 de marzo de 2026

Resurrection Tour

Por Efrén Cayuela e Irene Kilmister.

 

Crystal Lake encabezaron en Barcelona una noche de metalcore intensdo, acompañados por Miss May I, Great American Ghost y Diesect. Una velada cargada de energía que dejó grandes momentos… y también la sensación de que el concierto final se hizo demasiado corto.

 

La gira europea “Die on the Vine” aterrizó en Barcelona con un cartel que reunía a varias de las bandas más interesantes del metalcore actual. La velada, celebrada en la ciudad condal, ofreció una combinación de agresividad, energía y entrega sobre el escenario, aunque también dejó algún pequeño sabor agridulce hacia el final de la noche.

 

Diesect 

 

La velada abrió con Diesect, banda australiana que en los últimos años ha comenzado a hacerse un nombre dentro de la escena metalcore moderna gracias a su mezcla de breakdowns contundentes, electrónica sutil y una estética muy vinculada al metalcore contemporáneo. Formados en Melbourne, el grupo ha ganado visibilidad con lanzamientos recientes y un sonido que bebe de la nueva ola del género.

Lamentablemente, la temprana hora de inicio del concierto jugó en contra de muchos asistentes —entre ellos quien firma estas líneas— y no fue posible llegar a tiempo para presenciar su actuación. Aun así, su inclusión en la gira demuestra el interés por presentar propuestas emergentes dentro del circuito internacional.

 

Great American Ghost 

 

Los encargados de calentar realmente la sala fueron Great American Ghost, que regresaban a Barcelona apenas cinco meses después de su anterior visita, curiosamente también en el mismo escenario. Aquella actuación dejó un listón alto y, en líneas generales, el concierto de esta noche mantuvo una estructura muy similar.

 

El grupo volvió a desplegar su habitual mezcla de hardcore y metal moderno con una intensidad física notable. La banda se mostró compacta, directa y sin demasiadas concesiones, con riffs afilados y una actitud combativa que conectó rápidamente con el público.

 

 

 

Sin embargo, quienes ya habían asistido a su actuación anterior notaron pocas variaciones en el repertorio y en el desarrollo del show. Incluso el desenlace repitió una de las imágenes más recordadas de su última visita: el vocalista bajando del escenario para terminar el concierto en medio del público, rodeado por un círculo de fans entregados mientras la banda remataba los últimos compases.

 

La fórmula sigue funcionando, aunque no dejó demasiadas sorpresas para los habituales.

 

 

Miss May I 

 

Con Miss May I llegó uno de los momentos más esperados de la noche. Los estadounidenses, veteranos ya dentro del metalcore moderno, demostraron que siguen siendo una máquina perfectamente engrasada sobre el escenario.

 

Desde los primeros compases de “Into Oblivion” y “Forgive and Forget”, el grupo desató la energía de la sala con una sucesión de riffs contundentes y ritmos demoledores. El setlist fue una mezcla equilibrada entre material reciente y algunos de sus temas más conocidos, incluyendo “Relentless Chaos”, “Masses of a Dying Breed” o “Shadows Inside”, que provocaron algunos de los primeros grandes pogos de la noche.

 

 

 

 

Uno de los aspectos más destacables de su actuación fue el sonido. Lejos de una producción excesivamente pulida, la banda sonó cruda y directa, casi áspera en algunos momentos. Las guitarras rugían con fuerza y la batería golpeaba con un carácter muy orgánico, lo que dio al concierto una sensación de contundencia muy real, casi como si se tratara de un ensayo especialmente violento.

 

Levi Benton, siempre carismático, mantuvo una interacción constante con el público, animando los circle pits y manteniendo la tensión durante todo el set. La banda mostró una actitud profesional y segura, demostrando por qué llevan tantos años manteniéndose como un nombre sólido dentro de la escena.

 

Su actuación funcionó como el perfecto puente entre la agresividad de las bandas anteriores y el clímax final de la noche, dejando al público completamente preparado para recibir al cabeza de cartel.

 

 

Crystal Lake 

 

El cierre de la noche quedó en manos de Crystal Lake, una de las bandas más respetadas del metalcore japonés y un grupo que ha sabido construir una sólida reputación internacional gracias a su intensidad en directo.

 

Desde el primer momento quedó claro que su propuesta funciona especialmente bien sobre el escenario. Temas como “Bludgod”, “Nervesleep” o “Everblack” desataron una respuesta inmediata del público, que respondió con pogos, saltos y una energía constante durante todo el concierto. La banda se mostró compacta, contundente y con una presencia escénica muy sólida, demostrando por qué se han convertido en uno de los nombres más potentes del circuito.

 

El setlist mantuvo un buen equilibrio entre agresividad y momentos más melódicos, con canciones como “Six Feet Under”, “Lost in Forever” o “Apollo” que reforzaron esa mezcla de metalcore técnico, groove y emoción que caracteriza al grupo. La ejecución fue impecable y el público respondió con entusiasmo en prácticamente cada tema.

 

 

Sin embargo, hubo un aspecto que dejó cierta sensación de insatisfacción: la duración del concierto. Cuando el ambiente estaba en su punto más alto y la sala completamente entregada, el show terminó de forma bastante temprana. El set apenas alcanzó los 40 minutos, una duración que se sintió especialmente corta para una banda que encabezaba el cartel y que, además, cuenta con un repertorio suficientemente amplio como para haber extendido la actuación sin dificultad.

 

No se trató de un mal concierto —ni mucho menos—. Crystal Lake ofreció una actuación intensa, sólida y muy efectiva. Pero precisamente por lo bien que funcionó la banda sobre el escenario, el final llegó con la sensación de que el público se había quedado con ganas de un par de temas más.

 

Una despedida potente, sí, pero que dejó flotando la impresión de que la noche podría haber sido todavía más memorable con algunos minutos adicionales de música.

 

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