MetalMad Fest 2026
7 de junio de 2026
Universidad Autónoma de Madrid
Fotos: Javier Paredes
Crónica: J. A. Díaz
Este pasado domingo, Madrid tuvo que digerir, entre otras cosas, el enésimo concierto de Bad Bunny, la visita de León XIV y las elecciones del Real Madrid. Frente a todo ello, alzaba los cuernos el dios Neptuno en el cartel de la primera edición de este MetalMad Fest. Haciendo nuestro un deseo que luego verbalizaría Tete Novoa, esperemos que pueda arraigar, porque buena falta le hace a esta ciudad contar con un festival de heavy metal. Si nos ceñimos a esta primera experiencia, las perspectivas son alentadoras.
El lugar elegido fue la Plaza Mayor del campus de Cantoblanco de la Universidad Autónoma de Madrid. Para quienes estudiamos en esta universidad, asistir a un concierto en estos lares nos trajo recuerdos de las legendarias Fiestas de Primavera de la UAM, así que nos tenían ganados de entrada. Nosotros nos desplazamos en vehículo particular, y no tuvimos problemas de acceso ni de aparcamiento. Abrieron puertas con puntualidad británica a las cuatro de la tarde y el ambiente era de festival, lo cual fue una gran noticia. Varias barras, foodtrucks, tenderetes de merchandising, punto violeta y (esto es importante, especialmente por el elevado precio de las botellas) varios surtidores de agua potable.
Yo temía, entre que era un domingo y que la ciudad padecía varios cortes de tráfico, que la asistencia fuera baja. Sin embargo, fue sorprendentemente elevada y acabaría llenándose el recinto, sin padecer agobios. El guitarrista Alberto Marín (Ankhara, Def Con Dos), ejerció de DJ y amenizó nuestra estancia hasta que comenzó la primera actuación.
Xeria
Los vallisoletanos, iniciando un tour de festivales que les llevará también al Z! Live y al Leyendas del Rock, tuvieron que lidiar con una escasa asistencia. No sólo por ser los primeros en tocar, sino por el sofocante calor. La mayoría de la gente se refugió en la sombra de los laterales del recinto y fueron pocos los valientes que se acercaron al escenario. Se sumaron unos problemas de sonido, que afectaron especialmente al micro de Marina Sweet, y tardaron en conectar con el público.
La cantante y el bajista Félix Gacho hicieron un notable esfuerzo por llenar el escenario y, finalmente, consiguieron animar al respetable con los coros de la canción homónima de su (por el momento) último álbum, «Fuego». Aprovecharon para presentar en directo su recientísimo single, «Arena entre los dedos», y con «Tienes miedo», hit de su álbum debut Tierra (2019) el público acabó acercándose a las tablas. Fue una actuación breve, en condiciones mejorables, que saldaron correctamente.
Lèpoka
Habían pasado unos años desde la última vez que vi en directo la propuesta acolhólico-festiva del grupo de Castellón de la Plana. Todavía llevaban esas túnicas que, afortunadamente, han decidido guardar en el armario, limitando ahora su atrezo a los barriles gigantes de cerveza. Me sorprendió lo mucho que ha crecido Lèpoka. El recinto estaba plagado de camisetas de la banda y no tuvieron que hacer ningún esfuerzo para ganarse al público. Su descarga fue un auténtico vendaval. Si ordenaban al público agacharse sobre el cemento ardiente, nadie rechistaba; si tocaba mover las manos, un gesto y listo.
Cayeron sin darnos respiro «Antes del amanecer», «Seguimos en pie» y «Brindo por verte». Hubo ahí una breve pausa para charlar un poco, mientras sonaba «Popcorn» de Hot Butter, y siguieron con «El baile de los caídos», «Pandemonium», su nuevo single «Color café» , «Contando al andar», su también reciente single «La última y a casa», «Un año más», «Dios está borracho», «Contra viento y marea» y ese himno que es «Yo controlo», con el que se cayó el recinto. Entre medias, hubo lugar para las colaboraciones de José Andrëa (cuya sola presencia en el escenario provocó muchísima algarabía, presagiando lo que sucedería después) y de Alba Moreno (Mägo de Oz), que estuvo espléndida. El público, que ya abarrotaba el lugar, ignoró el calor y se lo pasó en grande. Lèpoka dejó el listón muy alto.
Avalanch
Por desgracia, los asturianos no supieron mantenerlo a esa altura, al menos al principio. José Pardial es un cantante espectacular y cubre sin problemas los registros de Víctor García, Ramón Lage o Israel Ramos. Tampoco vamos a descubrir ahora la calidad técnica de Alberto Rionda, ni de los grandes músicos que le acompañan en la siempre inestable alineación de Avalanch. Entre ellos, se presentaba en la capital el teclista Cristian del Giorgio, que acaba de reemplazar a Manuel Ramil.
El problema de Avalanch fue el setlist, corto (apenas ocho canciones) y mayoritariamente centrado en discos posteriores a El ángel caído (2001). No era eso lo que demandaba un público nostálgico, asistente a un festival encabezado por Käbrones. Sonaron «Aún respiro», «Mil motivos» y «Pies de barro» mientras gran parte de quienes lo habían dado todo con Lèpoka se refugiaban en la sombra. Ni siquiera «Alas de cristal», que no deja de ser uno de sus mayores éxitos, causó especial impacto. Para cuando llegamos a «La flor en el hielo», el ambiente, ciertamente, era algo gélido.
Todo cambió en cuanto sonó el riff de «Xana». Ahí comenzó de nuevo la fiesta y se repobló el escenario hasta el final, en el que encadenaron «Pelayo» y (muy propio teniendo en cuenta la visita papal) «Torquemada». En este último tema, el teclado, que debería ser protagonista, quedó soterrado en la mezcla. Al público no le importó demasiado, entretenido desgarrando sus gargantas, cuernos en alto. Un dulce final para un concierto que dejó sensaciones encontradas.
Saratoga
Ya sabíamos, por su reciente concierto en Barcelona, que el estado de forma de los madrileños tras la marcha de Jero Ramiro era envidiable. Aquí alteraron el setlist y decidieron abrir, probablemente por la influencia papal, con «Resurrección». Siguieron «A morir», «Hasta el día más oscuro» (canción que ya nos contaron que volvería a sus setlists y que no defraudó), «No sufriré jamás por ti» y el emotivo medley con «Lejos de ti» y «Si amaneciera».
En el escenario lucía la iconografía de su último álbum, En estado puro, así que era ya hora de presentarlo en Madrid. «Inteligencia Artificial», pese a su novedad, funcionó sorprendentemente bien y el público la encajó casi como cualquiera de sus clásicos. Dentro de un orden, porque después sonó su himno «Maldito corazón» y todo estalló. No es una metáfora: a mitad de la canción (de esa canción, ni más ni menos…), se quedaron sin sonido.
Cuando se producen esas situaciones, se puede calibrar el carisma y las tablas de unos músicos. Tete Novoa, quien como acostumbra terminaría dándose literalmente un baño de masas, anda sobrado de ambas. Volvió el sonido y recondujeron la situación con una reprise de «Maldito corazón» sencillamente espectacular. No lo fue menos la lovecraftiana «Mi venganza», en cuyos coros la comunión con el público ya era total. Siguió el otro single del nuevo disco, «A toda velocidad», y cerraron con uno de sus himnos más clásicos, «Perro traidor». Puestos a pedir, yo eché en falta, de su inmenso catálogo, algo de Vientos de guerra (1999), y de su nuevo disco, «Alma perdida». Pero el tiempo era limitado. Un episodio un poco tenso sucedió con esa cuestión de fondo, sobre el cual correremos un tupido velo.
Las huestes comandadas por Niko del Hierro han encontrado buenos guerreros en Charlie Parra y Arnau Martí, también en directo, pues nadie echó en falta a sus geniales predecesores. Saratoga puede seguir creciendo a partir de aquí, lo cual es un tremendo halago para un grupo con una trayectoria de más de treinta años. Rindió a un altísimo nivel, con una descarga de puro heavy metal a plena potencia, y se coronó con la mejor actuación del festival.
Käbrones
Podría centrar la crónica de este concierto en cierta falta de compenetración entre los músicos, especialmente por lo que respecta al violín, o en que la voz de José Andrëa, pese a rayar a un nivel bastante más alto del que me esperaba, no puede ser la misma que hace un cuarto de siglo. Sería un error, porque a quienes acudieron a este festival sólo les importaba ver al cantante nacido en Bolivia, a Frank, a Carlitos y a Salva para regodearse en la edad dorada de Mägo de Oz que estos músicos protagonizaron. Y vaya si lo hicieron. Como oda a la nostalgia, y en particular a Finisterra (2000), la experiencia fue inmejorable. El MetalMad Fest fue un inmenso karaoke en el que todos disfrutamos.
«Jesús de Chamberí», «La Santa Compaña», «La costa del silencio», «Molinos de viento», «Hasta que el cuerpo aguante», «El que quiera entender que entienda», «Fiesta pagana» y «La posada de los muertos» son himnos generacionales, muchos de los cuales tienen ya escasa presencia en los setlists de Mägo de Oz. Volver a escucharlos cantados por su voz original es un lujo.
También lo fue la monumental «Finisterra», que tocaron íntegra. Siguió a la anterior el clásico entre los clásicos del grupo de la bruja, «El lago». Siendo esta la única canción de todo el repertorio de Käbrones anterior a la entrada de José Andrëa en Mägo de Oz, tiene sentido que buscaran para cantarla un invitado. No fue otro que José Pardial, cuya voz volvió a rendir a un nivel altísimo. La fiesta (pagana) finalizó con Satania, en la que José Andrëa se vació, exprimiendo lo último que le quedaba de voz.
La primera edición de este MetalMad Fest concluyó con apenas unos veinte minutos de retraso sobre la hora prevista. A las once y media de la noche ya estábamos fuera, tras una velada intensa y calurosa de heavy metal en español. Los organizadores deberían felicitarse por lo que considero un éxito. Ya han anunciado una próxima edición en 2027: si Neptuno quiere, allí nos veremos.

Doctor en Derecho, licenciado en Ciencias Políticas, novelista especializado en fantasía y bajista en excedencia. Apasionado del metal en todas sus formas, debuto como redactor musical en Stairway to Rock.







































