Calling Card
24 de octubre de 1976
Chrysalis
Estamos ante el octavo disco de fenómeno de Cork, en el que destaca la inclusión de todo un Roger Glover de Deep Purple como productor. Era la primera vez que Gallagher contaba con un productor de renombre y fue grabado en los estudios Musicland de Múnich. Ya en su anterior disco Against the Grain (1975) había una volutad manisifesta de endurecer el sonido y de acercarse al hard rock que empezaba a ser un fenómeno global. ¿Qué mejor que servirse del bajista de Rainbow y ex de Deep Purple?
El disco
Todo se empieza con “Calling Card”, auténtica, directa, siendo un medio tiempo algo serpenteante y en el que la base rítmica empasta perfectamente con esa fuerza de la naturaleza que es Rory. Los teclados de Lou Martin aparecen en momentos clave para dar ese acabado de clase en un blues que se acelera y que es puro groove. “Country Mile” es puramente Gallagher, esperas a que se electrifique, y luego entran todos en un tema en el que destaca la batería de Rod De’Ath además de ese piano juguetón cercano al charlestón al ritmo de locomotora. Boogie woogie con solazo en slide.
El “Moonchild” es lo más recordado y glorioso del disco, pues podemos hablar ampliamente de ejercicio de hard rock, y, además, de inmensa calidad. Los riffs, la fuerza y la forma de cantar del divo se acerca mucho a bandas como Thin Lizzy y el tema emerge y cala con todas las de la ley. El bajo de McAvoy es punzante y quirúrgico, y el solo pirotécnico. Un clasicazo…
La influencia del jazz y el tarro de las esencias se destapa en “Calling Card”, pieza que da título a la obra y que es clase pura. Es Rory en su salsa, yendo de un estilo al otro y cavando identidad. Es un jardín de infancia para el piano de Lou, pero es que lo de la guitarra es otra sobrada. Si lo de Gallagher se estudia y se reivindica es por temas como este. A ver… que Gary Moore podía con el blues y era maestro, pero es que lo de este irlandés abarcó más estilos. Hay gente que no le entiende ni le gusta, pero la cosa sucede porque se atrevía con todo y en todo se salía.
En “I’ll Admit You’re Gone” nos topamos con un canto al desamor bello, con una guitarra en slide y con Rory narrando más que canta. Platos apagados de batería y mucho sentimiento en un blues atípico y con mucho punteado que va por encima de la canción. La lloraría de la canción va en la guitarra, el texto y la voz son complementos. “Secret Agent” es puro hard rock en vena, reposando todo en un riff de guitara muy definido y con esa base que tanto popularizarían los ZZ Top. Diabluras en la campanilla del ride y un buen tema, que no despega, pero convence. Estamos hablando de la segunda canción más tocada de este disco… Tiene ese punto salvaje que es marca de la casa.
“Jack-Knife Beat” se eleva hasta los más de siete minutos. El crisol de influencias está latente en ella y el blues primigenio y de su marcado acento irlandés también lo está. Ese momento en el que la voz imita a la guitarra es original. En algún tramo hay una voz añadida doblando las líneas vocales para que luego Lou Martin y sus teclados soleen y le den la vez a la guitarra del maestro.
En “Edged in Blue” hay el clásico tema, de inici, instrumental del Rory que esta vez respira de influencia del folk irlandés de fondo. Posteriormente hay un cambio de tercio, con una gran batería por parte de Rod De’Ath y esos juegos de pregunta y respuesta con guitarra y voz por parte de un enorme Gallagher. No posee la mejor voz del mundo, pero transmite y convence.
Y cierra el disco “Barley & Grape Rag”, una pieza que casi parece hecha en una toma, cosa que fue así, se grabó en el comedor del estudio, con toda la banda alrededor. Se sumó la harmónica a esta pieza acústica, mostrando el lado más sincero y genuino de un Rory. Y era tan espontánea y bella que los Dubliners grabaron su versión en 1992.
Veredicto
Estamos ante un disco muy superior al anterior Against the Grain, y lo dicen las ventas, las entradas en las listas de la época y que Calling Card es de sus obras con más canciones tocadas en directo. El disco llegó al número 32 en las listas británicas, lo cual es más que reseñable. Lo triste es que sería el último disco con la formación clásica. También entró en las listas griegas, hecho que da mucho mérito a los helenos: sabían lo que escuchaban y compraban en 1976.
Para que tengamos una idea de la personalidad del genio de Cork, deciros que el mandamás de Chrysalis le dijo a nuestro protagonista que, si grababa “Edged in Blue”, podría ser número 1 en Estados Unidos… Y Gallagher ni consideró la posibilidad. Así era él.


Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
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