Gloryhammer + Majestica + Arion
20 de octubre de 2026
Sala Razzmatazz 2, Barcelona
Organiza: Get Rock
Texto: Marc Fernández
fotos: Alex Hidalgo
Hay noches en las que el calendario laboral y el infame tráfico de Barcelona conspiran contra los guerreros del metal, obligándonos a correr con el corazón en un puño. Lamentablemente, los pormenores inherentes a trabajar un martes a tiempo completo impidieron que llegara a tiempo para el asalto inicial de Arion, pero por los pelos, como buen cruzado, logré cruzar las puertas de la Razzmatazz 2 justo a tiempo para presenciar el despliegue de alegría y velocidad de Majestica.

Majestica
Ver encima de las tablas a Tommy Johansson es garantía de puro carisma. Vale, es cierto que el hombre quizás eche de menos las dimensiones mastodónticas de las grandes arenas que pisaba antaño con Sabaton, pero lejos de venirse abajo, su cercanía y su eterna sonrisa le convierten en un frontman simpatiquísimo que se metió a toda la sala en el bolsillo desde el primer acorde.
Eso sí, siendo fieles a la verdad y con la mano en el corazón, a Tommy por momentos se le notaba algo ahogado, sufriendo con las siempre titánicas y desafiantes líneas vocales que exige el género, quedando muy necesitado del sólido soporte de sus compañeros. Menos mal que estaba firmemente custodiado por el bajista y el otro guitarrista a los coros, quienes se multiplicaron para sostener la muralla vocal en temas directos a la yugular como «Power Train», «Go Higher» o «Thunder Power».

El repertorio avanzó imparable con cortes como «Rising Tide», la motivadora «No Pain, No Gain» y «A New Beginning», demostrando que el symphonic power metal de corte clásico sigue muy vivo. Pero el momento cumbre de complicidad con la parroquia catalana llegó con «Metal United»: la banda sacó con orgullo una estelada que hizo enloquecer a las primeras filas, un guiño entrañable, sí, aunque seguro que en Madrid sacaron la de España.
Gloryhammer
Tras un cambio de tercio donde la atmósfera se volvió notablemente más friki, espacial y demencial, llegaba el plato fuerte de la noche: los únicos, inigualables y galácticos Gloryhammer. Con el setlist más largo y demencial que se recuerda, los de Dundee (Escocia) venían dispuestos a no dejar títere con cabeza.

Como dato curioso, esta era su primera visita a la ciudad condal en sala desde la partida del carismático Thomas Winkler, y aunque Sozos ya lleva cinco años al frente de la maquinaria de Gloryhammer (porqué no olvidemos que el que está detrás es Chris Bowes), no puedo evitar sentir que la banda ha perdido algo de su magia, inocencia y diversión desenfadada desde que el suizo partió de sus filas.
No deja de ser curioso comprobar cómo funciona la dinámica de sus directos: canciones de su etapa más clásica y directa como «The Land of Unicorns» funcionan como un reloj suizo, conectando instantáneamente y haciendo saltar a la sala mucho mejor que composiciones más recientes y recargadas como «Ultimate Sacrifice», que, pese a la épica, piden un rodaje algo más orgánico en directo.
El show avanzó entre trallazos como «Die With a Sword in My Hand», el himno generacional «Angus McFife», la contundencia de «Silver Talon» y el respiro cervecero del interludio con la banda sonora de 2001 junto al bueno del Hootsman y su liturgia espumosa en «The Hollywood Hootsman».

Pero si hablamos de teatro y metal, los momentos visuales fueron de traca: en la homónima «Gloryhammer», el mismísimo Angus protagonizó una pelea sangrienta y cuerpo a cuerpo contra un repugnante goblin sobre el escenario que desató las carcajadas y los vítores de la sala. La maquinaria siguió rodando con «Starfighters of Leuchars», «Fly Away», «Warriors of Auchtermuchty» y la intensa «The Siege of Dunkeld (In Hoots We Trust)», pasando por «Demonic Devotion», «Rise of the Chaos Wizards» y la brillante «Keeper of the Celestial Flame of Abernethy».

Para el tramo final, la temperatura ya era insostenible. «Universe on Fire» convirtió la Razzmatazz 2 en una auténtica discoteca galáctica de los 90, pero lo que pasó con «Hootsforce» desafió toda lógica: se abrió un inmenso, gigantesco y devastador wall of death que barrió las últimas resistencias de un público entregado a la causa interdimensional. El broche de oro definitivo llegó, cómo no, con el himno definitivo: «The Unicorn Invasion of Dundee».
Una noche inolvidable donde el power metal demostró que, mientras queden tíos dispuestos a cantar sobre unicornios, martillos mágicos y trenes espaciales con una sonrisa en la boca, el futuro del metal está más que a salvo. ¡Hail to Hoots!
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