Led Zeppelin: The Song Remains the Same: 50 años de exceso, magia y rock monumental

The Song Remains the Same

21 de octubre de 1976

Swan Records

El 21 de octubre de 1976, Led Zeppelin llevó a los cines una de las películas más representativas de la mitología del rock. The Song Remains the Same convirtió las actuaciones del grupo en el Madison Square Garden de Nueva York, registradas en julio de 1973, en un espectáculo cinematográfico que mezclaba guitarras descomunales, fantasías surrealistas y la imagen de cuatro músicos que parecían estar por encima de cualquier regla. Medio siglo después y pese a los nuevos films / documentales más actuales, aquella película sigue siendo un documento fascinante de la época imperial de la banda británica, aunque también deja al descubierto las contradicciones de una formación que había alcanzado dimensiones casi mitológicas.

 

El proyecto tardó aproximadamente tres años en llegar a las pantallas. La película, dirigida por Peter Clifton y Joe Massot, combinaba imágenes de los conciertos con escenas entre bastidores y secuencias fantásticas dedicadas a los integrantes del grupo. La banda sonora oficial, publicada en 1976, acompañó aquella apuesta por trasladar al cine una experiencia que hasta entonces parecía pertenecer exclusivamente al escenario. El comunicado original de Swan Song, el sello de Led Zeppelin, definía la película como «a personal and private tour of Led Zeppelin» («Una visita personal y privada al universo de Led Zeppelin»). La frase resumía la intención del proyecto: ofrecer a sus seguidores algo más que un concierto filmado, una oportunidad para acercarse a la personalidad y al imaginario de una de las bandas más importantes de la historia del rock.

 

Para entender The Song Remains the Same hay que regresar a 1973. Jimmy Page, Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham atravesaban uno de los periodos de mayor poderío de su carrera. El blues eléctrico de sus comienzos había dado paso a un lenguaje propio, capaz de combinar hard rock, folk, psicodelia, pasajes acústicos y largos desarrollos instrumentales. Led Zeppelin IV había consolidado su estatus mundial y Houses of the Holy, publicado aquel mismo año, demostraba que todavía podían ampliar sus horizontes. Los tres conciertos filmados en el Madison Square Garden, los días 27, 28 y 29 de julio de 1973, se celebraron ante un público entregado.

 

La banda se encontraba en plena gira estadounidense y Nueva York ofrecía el escenario perfecto para inmortalizar su dimensión monumental. Sin embargo, la película no presenta una actuación única reproducida de principio a fin: el montaje combina material de las tres noches y añade secuencias grabadas posteriormente. La decisión de construir una película alrededor de aquellas actuaciones respondía también a una realidad comercial. Led Zeppelin ya no era solamente un grupo que vendía discos y llenaba recintos; era un fenómeno cultural cuya imagen despertaba tanto interés como su música. El cine permitía ampliar ese universo, aunque el resultado terminaría siendo bastante menos convencional de lo que podía esperarse.

 

La banda sonora original apareció en septiembre de 1976, antes del estreno cinematográfico. Fue el primer álbum oficial en directo de Led Zeppelin y recogía interpretaciones de canciones procedentes de sus primeros cinco discos. Jimmy Page se encargó de producir y mezclar el material, con la responsabilidad de trasladar al vinilo la potencia de una banda conocida por la intensidad de sus actuaciones. El repertorio incluía piezas esenciales como “Rock and Roll”, “Celebration Day”, “The Song Remains the Same”, “The Rain Song”, “Dazed and Confused”, “No Quarter”, “Stairway to Heaven”, “Moby Dick” y “Whole Lotta Love”. La edición original no incorporaba todas las interpretaciones que acabarían apareciendo en las reediciones posteriores, pero ofrecía una panorámica representativa del repertorio de la formación en aquel momento.

 

El disco

La apertura con “Rock and Roll2 establece inmediatamente el tono: John Bonham golpea la batería con una contundencia extraordinaria, John Paul Jones sostiene el conjunto con una precisión demoledora y Jimmy Page convierte cada riff en una descarga eléctrica. Mientras tanto, Robert Plant domina el escenario con una presencia escénica que contribuyó decisivamente a definir la figura del cantante de rock durante los años setenta.

 

En “Dazed and Confused”, la banda se permite explorar territorios más experimentales. El arco de violín de Page, los cambios de intensidad y la prolongación instrumental transforman la canción en una experiencia hipnótica. “No Quarter”, por su parte, introduce una atmósfera más oscura, sostenida por los teclados de Jones y las texturas de guitarra. Son dos ejemplos de una formación que entendía el directo como un espacio para estirar las composiciones, no simplemente para reproducirlas.

 

La sección de “Stairway to Heaven” ofrece otro momento fundamental. La construcción progresiva de la canción permite pasar de la delicadeza inicial a una explosión eléctrica que el público reconoce desde los primeros compases. Y “Moby Dick”, con su extenso solo de batería, convierte a Bonham en protagonista absoluto, aunque su duración también evidencia hasta qué punto los conciertos de la época podían conceder un espacio considerable a la exhibición instrumental.

 

La película no siempre consigue capturar con fidelidad toda esa energía, pero conserva suficientes momentos extraordinarios para justificar su relevancia histórica. En este sentido, el elemento más peculiar de The Song Remains the Same aparece cuando la película abandona el escenario. En lugar de limitarse a mostrar entrevistas o escenas cotidianas, introduce secuencias simbólicas que representan la personalidad y las obsesiones de cada músico.

 

Jimmy Page aparece escalando una montaña y encontrándose con una figura misteriosa que termina revelándose como una representación de sí mismo. Robert Plant protagoniza una aventura medieval en la que emprende una búsqueda para rescatar a una mujer. John Paul Jones aparece en una secuencia más introspectiva, mientras que John Bonham queda asociado a imágenes que refuerzan su carácter terrenal y su vínculo con la vida familiar. También se concede espacio al mánager Peter Grant, una figura fundamental en la historia del grupo.

 

Vistas hoy, algunas de estas escenas resultan excesivas, ingenuas e incluso involuntariamente cómicas. Sin embargo, precisamente ahí reside parte de su interés. La película no intenta desmontar el mito de Led Zeppelin, sino ampliarlo. Los músicos aparecen como héroes de una historia fantástica, con una iconografía que encaja con su interés por la literatura, la mitología y el ocultismo.

 

En su reseña de la reedición de 2018 para Pitchfork, el periodista Jeremy Gordon describió la película como un documento de la etapa de máximo esplendor del grupo, aunque también señaló sus excesos. La definió como:

 

“A messy, psychedelic document of Zeppelin in their imperial era” [(«Un documento caótico y psicodélico de Led Zeppelin en su época imperial») Pitchfork, 8 de septiembre de 2018].

 

La descripción resulta especialmente acertada porque recoge las dos caras de la obra. Por un lado, tenemos a una banda extraordinaria en pleno dominio de sus facultades; por otro, un proyecto que lleva la mitología del rock hasta un territorio en el que la solemnidad y el absurdo terminan conviviendo.

 

En su momento, la película no fue recibida de manera unánime. Su largo proceso de producción, las decisiones de montaje y las secuencias fantásticas provocaron críticas. Además, el material musical no representaba necesariamente la mejor actuación posible de Led Zeppelin. En la misma reseña de Pitchfork, Jeremy Gordon recoge una valoración atribuida a Jimmy Page en la biografía When Giants Walked the Earth, escrita por Mick Wall. El guitarrista explicaba las limitaciones de la grabación con estas palabras:

 

“It wasn’t necessarily the best live material we had but it was the live material that went with the footage so it had to be used” («No era necesariamente el mejor material en directo que teníamos, pero era el que correspondía a las imágenes, así que había que utilizarlo»).

 

La explicación es reveladora. La película estaba condicionada por la necesidad de hacer coincidir sonido e imagen, y eso significaba aceptar interpretaciones que quizá no habrían sido las elegidas para un disco en directo ideal. El resultado no es una representación perfecta de la banda, sino una fotografía concreta de su realidad en 1973. Y ahí está precisamente su valor. Led Zeppelin no necesitaba ser impecable para resultar apabullante. La fuerza de Bonham, la inventiva de Page, el trabajo de Jones y el carisma de Plant seguían imponiéndose incluso cuando la ejecución no alcanzaba sus mejores noches.

 

Veredicto

Cincuenta años después de su estreno, The Song Remains the Same conserva una capacidad de fascinación que va más allá de su condición de película de concierto. Es una cápsula temporal que muestra a Led Zeppelin en una época en la que el rock podía presentarse como una experiencia monumental, casi religiosa, sin renunciar a la improvisación, la electricidad y el exceso. La película también permite observar las contradicciones de aquel universo.

 

Las fantasías visuales han envejecido de manera desigual, algunas interpretaciones presentan limitaciones y el montaje no siempre favorece la continuidad musical. Pero reducirla a esos defectos sería ignorar lo que representa: el retrato de una banda que había alcanzado una dimensión artística y comercial difícil de igualar. Por otro lado, la banda sonora merece una consideración propia.

 

Aunque no sea el testimonio definitivo del poderío de Led Zeppelin sobre un escenario, reúne interpretaciones fundamentales y permite disfrutar de la interacción entre cuatro músicos que entendían el rock como un terreno abierto a la exploración. La reedición de 2018, con el sonido remasterizado bajo la supervisión de Jimmy Page, amplió además el repertorio disponible y permitió revisar el proyecto con una perspectiva distinta.

 


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