Iron Maiden: Burning Ambition

Si bien últimamente es habitual que salgan biopics sobre estrellas de la música, con bandas como Queen o intérpretes del nivel de Michael Jackson, este Iron Maiden: Burning Ambition, estrenado el pasado 7 de mayo y dirigido por Malcolm Venville, persigue un enfoque mucho más documental, con testimonios directos de los integrantes de la doncella de hierro, para repasar las cinco décadas de un legado imborrable para el heavy metal. Quién os escribe entró a formar parte de Stairway to Rock gracias a su amigo Marc Fernández, quién escribe asimismo para este medio. Ambos fuimos con varios amigos el pasado martes al cine, para ver este documental, que nos ha dejado con buen sabor de boca, si bien hay cosas también a comentar.

 

Esta película empieza explicándonos el contexto histórico de conflicto social donde aparece el grupo, en la Inglaterra industrial. Sorprende que, en ningún momento, se mencione la importancia de la NWOBHM, de la cuál Iron Maiden formaron parte. Tampoco se habla de los dos primeros cantantes, ya que se pasa directamente a Paul Di’Anno y su actitud más punkarra, como si fuera el cantante original del grupo liderado por el bajista Steve Harris. Creo que Paul Day, primer vocalista, además de Dennis Wilcock, quién lo sustituyó, se merecían como mínimo una mención. También es verdad que, como casi todas las bandas en sus inicios, pasaron muchos miembros antes de consolidar la agrupación que grabaría el debut homónimo de 1980.

 

Como bien comenta Marc, sorprende descubrir que Paul les escribió una carta de dimisión, tras publicar Killers (1981), a sabiendas de que sus adicciones al alcohol y otras sustancias le impedían asegurar el firme compromiso que necesitaba el grupo, a raíz del crecimiento exponencial que se auguraba. La idea general es que lo habían echado. También se podría haber hablado de Samson, la banda previa de Bruce Dickinson, ya que solo se explica que ya se conocían de la escena underground. Después de alcanzar el éxito con The Number of the Beast (1982), se agradecería que se explicaran los motivos del porqué Clive Burr decidió abandonar Maiden, tras haber sido una parte importante. Prefieren centrarse más en la incorporación como batería de Nicko McBrain y su icónica nariz. A todos nos encantaron los diferentes interludios animados de Eddie, la mascota oficial de la formación, si bien en algunos se utilizó demasiado CGI. Muchos ánimos desde aquí al mítico bar Hell Awaits del Paralel barcelonino, famoso por su escultura del Piece of Mind (1983), con amenazas de cierre frente a absurdas presiones del Ayuntamiento.

 

 

Después del exitoso Powerslave (1984), son interesantes las grabaciones del World Slavery Tour, que pasó por Polonia en agosto de ese año, en plena época comunista. Es graciosa la anécdota de cómo terminaron de resaca en una boda local, donde hicieron un cover del conocido «Smoke on the Water» de Deep Purple. Por mucho que se muestre a un seguidor afirmando que le gustaría ver tocar heavy metal con sintetizadores, el documental casi pasa por alto los discos más progresivos de Somewhere in Time (1986) y Seventh Son of a Seventh Son (1988), para centrarse más en los directos.

 

Una vez publicaron el popular Fear of the Dark (1992), Nicko cuenta frustrado cómo gestionaron el duro golpe que supuso en 1993 la salida de Bruce Dickinson, seguramente hastiado de las exigencias de giras continuas. Como en Becoming Led Zeppelin (2025) de Bernard MacMahon, este documento gráfico rechaza entrar en polémicas, aunque se hace mención al vergonzoso episodio en el cuál alguien del público escupió a Blaze Bailey, el reemplazo de Bruce, durante el concierto que hicieron el 29 de agosto de 1996, en el Teatro Monumental de Santiago de Chile, como parte de la gira promocional del disco The X Factor. El testimonio del propio Blaze se muestra agradecido de haber aportado su granito, en una época convulsa por el auge musical del grunge de Nirvana:

 

«The world is a better place, with Iron Maiden on it». Blaze Bailey.

 

El año anterior al nuevo milenio se ve marcado por el regreso de Bruce Dickinson y el guitarrista Adrian Smith en la agrupación. A partir de ahí, se toma una decisión crucial para el grupo: se mantiene Janick Gers en las seis cuerdas, quien había sustituido a Adrian, además por supuesto de la sonrisa eterna de Dave Murray, por lo que los tres guitarristas llevarían a la doncella a la máxima experiencia en vivo, para nuestro deleite. Quizás para no extender la duración, las últimas dos décadas de la banda son pasadas algo por encima, a excepción claro de la despedida de Nicko como batería. Mi amigo Marc hace hincapié en lo doloroso que fue para la banda, que sentían como si tuvieran que hacerle pruebas de movilidad, tras el deterioro físico que experimentó,  a consecuencia del derrame cerebral que sufrió en 2023. Su último concierto tuvo lugar el 7 de diciembre del año siguiente, en São Paulo, en Brasil. Varios seguidores locales contaron la emotiva experiencia entre lágrimas.

 

En resumen, a ambos nos parece una película para los seguidores más acérrimos, si bien muchas de las cosas que se explican seguramente ya se sabían. Una auténtica carta de amor a los fans, aunque quizás hubiesen estado mejor más declaraciones de los miembros de la banda, los auténticos protagonistas. Se entiende que aparezcan Brian Slagel de la discográfica Metal Blade, o Gene Simons, ya que fueron teloneros de Kiss durante su Unmasked Tour de 1980, aunque se hace raro que personajes como Javier Bardem hablen más que, por ejemplo, Adrian Smith o Dave Murray. En lo personal, pienso que hubiera estado mucho mejor contar también con testimonios de dos de las figuras claves para la creación del metal: Tony Iommi (Black Sabbath) y Rob Halford (Judas Priest).

 

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