Obsession VS Backrooms: terror viral desde YouTube

Durante las últimas décadas, el terror está experimentando un suceso extraño: varios creadores de contenido en YouTube, con mayor o menor éxito en la plataforma de vídeos, han decidido dar el salto a la gran pantalla. Un auténtico soplo de aire fresco, dentro de un género algo hastiado entre tantas precuelas o secuelas innecesarias, para exprimir sagas que hace tiempo que vivieron sus años dorados. Si bien una de las primeras producciones fue un fracaso rotundo como Smiley (2012) de Michael Gallagher, el primer éxito llegaría con Lights Out (2016), dirigida por David F. Sandberg. Merece la pena destacar la trepidante Talk to Me (2022) de Danny y Michael Philippou, con la conocida productora A24 detrás. Ambos sacarían después Bring Her Back (2025), el mismo año pasado en el que salió Together (2025) de Michael Shanks. Este año empezó con el terror cósmico de Iron Lung, de Mark Fischbach, que tengo pendiente de ver. No ha logrado el reconocimiento absoluto de crítica y taquilla de nuestras dos protagonistas: Obsession de Curry Backer, que en realidad fue estrenada en septiembre de 2025 para el Toronto International Film Festival, si bien no ha llegado al público general hasta mitades de mayo de 2026, además de Backrooms de Kane Parsons, que salió poco más tarde ese mismo mes.

 

Podemos encontrar varios nexos en común entre ambas producciones: se han convertido en dos fenómenos virales, a partir de un presupuesto muy reducido (Obsession costó alrededor de unos escasos setecientos cincuenta mil dólares y un millón, para recaudar hasta la fecha cerca de trescientos cincuenta millones en taquilla, mientras que Backrooms subió a unos todavía austeros diez millones de dólares, para conseguir de momento casi doscientos ochenta millones en recaudación); ambas han optado por un elenco casi desconocido, a excepción de la nominada al Oscar a Mejor Actriz Renate Reinsve, por Sentimental Value; comparten elementos de gore, así como en los dos casos el suspense es parte imprescindible de la trama.

 

Además naturalmente de las diferencias en su argumento, Backrooms claramente está hecha para que tenga secuelas, esperamos que con el mismo espíritu independiente (aunque aumente el presupuesto) y libertad creativa. Por su parte, Obsession está claro que es conclusiva. Eso no quita que puedan hacerse otras entregas, evidentemente con diferentes protagonistas.

Obsession: No, no es amor. Lo que tú sientes, se llama obsesión

«Hansel es mi alma. Amor que solo la rama de un sauce podría conjurar. Hermano, estarás dentro de mí esta noche».

 

¿Qué pasaría si, el famoso meme de 2012 de Laina Morris, qué encarnaba a la Novia Psicópata, se convirtiera en una película de terror? Eso mismo debió pensar el crack de Curry Barker, quién se encargó también de su guion. Es conocido por su canal de YouTube de comedia de That’s a Bad Idea, que creó junto a su amigo y actor en sus películas Cooper Tomlinson. Hablo en plural, ya que antes había debutado con el found footage de Milk & Serial de 2024. Aunque siempre evito hacer spoilers, aviso de antemano que hablaré de algunas escenas de ambas obras. La historia no puede ser más sencilla: Bear Bailey (Michael Johnson) está enamorado de su amiga Nikki Freeman (irónico el apellido, encarnada por una brillante Inde Navarrette), con quién comparte trabajo en una tienda de música local, junto a sus amigos Ian (Tomlinson) y Sarah Harper (Megan Lawless), la hija del propietario. Decide comprarle un regalo para conquistarla, un juguete que supuestamente cumple deseos una vez se rompe, llamado one wish willow (Barker se basó en la pata de mono de The Simpsons). Frustrado por ser incapaz de declararse, desea en su coche que Nikki «lo quiera más que cualquier cosa en el mundo», tras acompañarla a su casa. Extrañamente, la joven cambia por completo de pensamiento en la puerta, como si algo le empujara a quererle de manera obsesiva e irremediable.

 

En un mundo justo, Navarrette como mínimo debería ser nominada al Oscar por semejante derroche de actuación, que recuerda a la brutalidad de Isabelle Adjani en la infravalorada Possession (1981) de Zulawski. El protagonista es egoísta, como se ve en especial en la escena de sexo, donde la chica parece una muñeca sin placer propio ni expresión siendo abusada. Ella mismo tiene momentos donde escapa esa obsesión y grita desesperada. Destaca cuando está dormida y le habla la Nikky real, aunque Bear parece ser incapaz de asumir las consecuencias de sus acciones, así como en la nota que le deja en el desayuno (Not Me), o cuando le dice que «tú mismo deseaste esto». El uso del sombreado y la fotografía, para desenfocar a Nikky cuando es necesario o ralentizar o accelerar sus movimientos, es clave para su éxito. Quizás se podría haber desarrollado progresivamente su personaje, ya que parece desquiciado desde el principio, o sino que le pregunten al pobre gatito. En mi opinión no son de lo más acertados tanto el deseo del millón de dólares, como el vómito a lo The Exorcist (1973) al final. También nos recuerda a esta última, cuando se hace sus necesidades encima. Varias de las secuencias más geniales pasan en el coche, como cuando hablan Bear y Sarah, donde se genera el suspense y la brutalidad necesarios. El verso del principio, que hace referencia al cuento infantil de Hansel & Gretel, es parte de un poema macabro que recita Nikki. Su relación de casi hermanos con Bear, es retorcida de manera sexualmente turbia, como si eso le fuera a excitar a su querido. Me parece exagerada la campaña promocional que ha hecho Universal Pictures, para aprovecharse de su popularidad actual.

 

 

Backrooms: Perderse comprando en el IKEA, o cruzando el túnel del metro de Passeig de Gràcia

«Es como pedirle a alguien que nunca ha visto un perro que dibuje uno. Podrás explicarlo a detalle, y tal vez acierte en algunas cosas, pero nunca será como la experiencia de ver un perro».

 

Kane Parsons ya había indagado en la leyenda urbana de las Backrooms, creepypasta originado en el foro de 4chan en 2019, con su webserie de veintidós episodios del mismo nombre, publicada en su canal Kane Pixels. Explota el miedo a los espacios liminales: un lugar de paso diseñado para que haya gente allí, como una habitación, pero que está completamente abandonado y parece infinito. Aunque los protagonistas de esta película son nuevos, ya se hablaba del papel del instituto de investigación Async, sobre ese fenómeno. Clark (Chiwetel Ejiofor está increíble) es el dueño de una tienda de muebles. Su vida es un fracaso, debido a que debe luchar contra su alcoholismo, así como se ve obligado a dormir en su propia tienda, tras el reciente divorcio con su mujer. Decide visitar a la terapeuta Mary Kline (Renate Reinsve no falla), quien se encuentra superando su propio trauma, derivado de una madre agorafóbica y controladora. Tras investigar unas demasiado elevadas facturas de la luz, Clark descubre en el sótano una especie de laberinto infinito que comunica con su tienda.

 

La puerta a lo desconocido que dibuja en tiza el protagonista, es un evidente homenaje a la mítica saga de ciencia ficción de The Twilight Zone (1959). Donde Rod Serling nos da la bienvenida en cada episodio de la dimensión oculta, aquí nadie nos presenta el laberinto ineludible. Esto refuerza la tensión continua frente a lo que nos encontraremos, una copia de la realidad cercana que se va deformando en diferentes capas, como bien resume la cita del principio. Me encantan las secuencias más propias del found footage, que recogen el testigo de su película anterior. El clímax del horror lo encontramos en la incómoda escena de la cena, muy estilo The Texas Chain Saw Massacre (1974), incluso en el canibalismo, tanto en las copias humanas inexactas, como en el diabólico pirata, que parece el famoso cuadro de Saturno Devorando a su Hijo (1820-1823), del maestro Francisco de Goya. También veo muy acertado ese cambio de protagonismo, que también modifica el ritmo pausado hacia uno frenético. La escena del escape final, en la escalera hacia la puerta del techo, me recuerda a Labyrinth (1986). Sobre la corporación, dejan muy en el aire la profundidad de su conocimiento de estas trastiendas, como es evidente cuando se reúnen con Mary. El silencio y la ambigüedad, partes intrínsecas de esta propuesta inquietante.

 


Descubre más desde Stairway to Rock

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta