Entrevista a Diva Satánica de Bloodhunter: «Si me meto en otro proyecto tan grande, mi banda terminaría desapareciendo.»

Tras cuatro años de silencio discográfico, Bloodhunter vuelve con un nuevo trabajo que marca un punto de inflexión en la trayectoria de la banda gallega «Sons of the Abandoned». Con un sonido más directo, unas letras más personales y el respaldo internacional de Roar, Diva Satánica nos habla de la larga gestación del álbum, de los desafíos que afrontan hoy las bandas de metal y de cómo ha evolucionado tanto su forma de escribir como de entender la música. Una conversación sincera sobre creatividad, sacrificio y supervivencia en una escena cada vez más competitiva.

 

¿Qué tal, seguidores de Stairway to Rock, gente que nos lee y gente que está aquí atenta a nuestro canal de YouTube? Como podéis ver, hoy estoy solo con chicas, por fin. Junto con Irene, hoy tenemos el placer de estar con Diva Satánica, que viene presentando un nuevo disco con Bloodhunter.

 

—Muy bien, encantada de estar aquí entre mujeres. ¡Qué gusto!

 

Venimos a hablar de disco nuevo porque regresáis con material después de casi cuatro años y con bastantes novedades. Así que, bueno, ¿cómo estáis viviendo estas primeras presentaciones y la promoción, teniendo en cuenta que el disco aún no ha salido y se publica el 12 de junio?

 

—Pues con muchas ganas, porque cuatro años dan para mucho. Ya se había hecho muy largo el proceso. La verdad es que el disco estaba terminado ya en 2024: videoclips grabados, todo listo. Pero lo que suele pasar es que las discográficas tienen sus agendas y luego hay que esperar a que planifiquen todo.

 

Al final, otra vez nos hemos plantado en junio, igual que con el disco anterior. Eso significa que, por ejemplo, las presentaciones de verano en festivales este año ya no tocan. Quiero pensar que para el año que viene sí, igual que nos pasó con el disco anterior.

 

Lo que sí vamos a hacer ahora son unas fechas abriendo para Crypta aquí en España. Será la primera vez que presentemos el disco en directo, así que qué mejor lugar para hacerlo. Después del verano habrá más cositas, pero de momento está todo un poco en el aire.

 

 

Hablando de este disco y de todo lo que supone este lanzamiento, habéis fichado por Roar, que me parece un salto bastante importante en vuestra carrera. Es como una etapa más internacional para la banda. ¿Creéis que con este disco habéis conseguido el sonido más puro de Bloodhunter, más cercano a lo que sentís vosotros?

 

—A ver, yo creo que existe ese cliché que todos decimos: que el último siempre es el mejor. Pero es que tiene una parte de verdad. Siempre perfeccionas cosas con respecto al disco anterior: la técnica, las habilidades a nivel de composición, el equipo que necesitas para mezclar…

 

Todo eso ha ido mejorando con cada disco. Y creo que, a diferencia de los anteriores, este es un trabajo menos denso y más directo. También lo compusimos de una forma más natural, sin la presión de pensar: “hay que hacer un disco”. Creo que eso se nota mucho en cómo fluyen las canciones a lo largo del álbum.

 

Y también a nivel de letras. Yo siempre he vivido muy encerrada en el cajón del metal extremo, así que hay temas sobre los que no te atreves a escribir porque piensas que pueden sonar ridículos o demasiado pastelosos. Acabas evitando hablar de ti misma.

 

Siempre he utilizado muchas metáforas, filosofía y ocultismo, que son cosas que me encantan. Pero hacer siempre lo mismo también termina saturando. Una cosa que siempre he hecho, aunque nunca había utilizado para las letras, es escribir notas. A veces en el móvil, otras en alguno de los cincuenta cuadernos que tengo por aquí.

 

Para este álbum, cuando algo me inspiraba, lo escribía. Luego, al revisar las demos instrumentales, me acordaba de esos textos: “aquello que escribí viendo no sé qué me recuerda a esta sensación”. Entonces los utilizaba y, de alguna manera, hice el proceso al revés. Creo que ha aportado frescura, o al menos esa es la sensación que tengo.

 

¿Podrías decir que es, posiblemente, vuestro álbum más personal a nivel de letras?

 

—Sin duda. En todos los discos hay muchas cosas que nacen de vivencias y experiencias propias, pero siempre estaban muy camufladas y conectadas con conceptos más generales.

 

Aquí hablo más directamente. Por ejemplo, “Devil’s Own” habla un poco de este viaje de ser músico y de vivir en la carretera, algo maravilloso pero también muy duro. Habla de la responsabilidad que sientes cuando llegas a ciertos sitios y de contar la verdad, no solo las partes bonitas que todos queremos escuchar sobre lo genial que es tocar.

 

También hay mucho sacrificio, mucho esfuerzo y días muy malos. Y, ante todo, quiero que la gente sepa que, como todo en la vida, esto no es ni blanco ni negro. Es una carrera de fondo y hay que disfrutar del proceso cuando se puede.

 

Yo quiero preguntarte por el titulo, “Songs of the Abandoned”. ¿Viene más por vivencias personales o por experiencias relacionadas con la música, quizá por algunos desencuentros dentro del sector?

 

—Cuando empecé a escribir la letra no pensaba tanto en esa idea concreta. Pero ahora que he escuchado el disco unas cuantas veces, me doy cuenta de que hay una experiencia compartida en muchos temas relacionada con nuestra generación. Estamos un poco perdidos. Existe cierta desconexión entre nosotros, con las generaciones anteriores y también con las más jóvenes. Y eso se aplica incluso al mundo de la música.

 

Si echas la vista atrás, las bandas de los ochenta tenían también sus desafíos y momentos difíciles, pero tenían otra perspectiva. No necesitaban saber mucho más allá de tocar un instrumento, actuar en directo o grabar en estudio.

 

Nosotros, en cambio, tenemos que saber de diseño gráfico, grabar videoclips, ser influencers, entender de marketing, posicionarnos en listas y gestionar un montón de cosas más.

 

Entonces es como esta idea de que nadie te ayuda a menos que trabajes con alguien o que alguien decida apadrinarte. Te sientes muy solo en medio de todo eso porque todo el mundo está igual de fastidiado que tú y tiene las mismas dificultades.

 

Yo lo siento un poco así: estamos muy desconectados. A pesar de que creo que somos uno de los géneros con una comunidad que sentimos más como nuestra, esta «metal family» que existe en la escena no la veo en otros estilos. Pero, aun así, a nivel de bandas siento que estamos muy centrados en lo individual, cada uno en lo suyo.

 

Y me da mucha pena porque en otros momentos sí he sentido que había más hermandad entre nosotros. Ahora hay tanta gente tan buena que surge esta necesidad de competir. Estás todo el día mirando: “Fíjate, esta banda ha conseguido esta gira, ¿y nosotros qué?”. Y es como: deja de mirar lo que hace el otro, céntrate en lo tuyo, trabaja por lo tuyo y ya veremos.

 

 

Claro, eso te quería preguntar. Me surge una duda: ¿crees que esta competencia o este desamparo que sienten las bandas se debe a la enorme cantidad de grupos y propuestas que existen hoy en día en todos los estilos?

 

—Creo que eso es una parte. Lógicamente, cuando alguien en su habitación, con un instrumento y un ordenador, puede grabar un disco, un single o incluso un videoclip de forma relativamente sencilla, hace que todo el mundo tenga acceso a algo que hace años era inviable.

 

Si antes salían cinco discos, ahora salen 3.500. ¿Cómo destacas entre todo eso? No es una crítica hacia lo externo porque también es parte de nuestra responsabilidad. La cuestión es cómo le das la vuelta a eso, cómo encuentras aquello que te diferencia sin repetir fórmulas ya existentes, o cómo destacas algún aspecto de tu identidad que te haga único. Pero es muy difícil y creo que es una combinación de muchos factores.

 

Por ejemplo, entiendo que también estáis en una lucha constante por no repetir siempre lo mismo. Es un cliché que se menciona mucho cuando se habla de bandas.

 

He escuchado el disco entero una vez… bueno, una vez y media y está muy bien. Tengo que decirlo.

(Sé que no es exactamente tu estilo y por eso agradezco que te hayas tomado el tiempo de escucharlo.)

Y puede ser que también, o al menos esa ha sido mi impresión, dentro de lo que es el gutural hayas intentado hacer algunas partes más limpias, sin llegar a ser melódicas.

 

Es una cuestión complicada porque siempre aparece esta pregunta: “¿Y nunca has pensado en cantar normal?”. ¿Qué significa cantar normal? ¿Por qué? ¿Por qué me preguntas eso a mí? No se lo preguntas a George Fisher de Cannibal Corpse o al cantante de Dimmu Borgir.

 

Si hago metal extremo, ¿por qué tengo que cantar limpio? Podría hacerlo, me gustaría más o menos, pero siento que no soy yo.

 

Lo que sí me ha preocupado mucho últimamente es trabajar para que la voz no resulte siempre tan monótona. Porque es verdad que yo también lo percibo. Me encanta el gutural, pero cuando es muy cerrado, apenas vocalizas y rítmicamente todo suena igual, puede resultar aburrido. Y más aún si nunca has escuchado este estilo.

 

Por eso, con cada álbum he intentado evolucionar un poco en esa línea: vocalizar mejor para que se entienda más lo que digo. Al final, sin querer, acabas incorporando algo más de voz y no tanto un gutural puro.

 

En este disco, en “Masters of the Seeds”, hay unos coros limpios que he grabado yo misma. No se los encargué a nadie. También te digo que no son perfectos ni nada extraordinario. Son unas voces que están ahí de fondo. Pero para mí también existe esa lucha constante de preguntarme: “¿Por qué tengo que hacerlo?”. Si creo que puedo aportar otras cosas, ¿para qué voy a meterme en algo que es bastante complejo y que mucha gente trata como si fuera algo sencillo?

 

La pregunta no era si te planteabas cantar melódico, sino que dentro del gutural también existe un rango enorme de variaciones y creo que las he notado. Quizá no tengo el oído más entrenado para ello, pero sí me ha dado esa sensación.

 

—En realidad, el gutural como tal no tiene tantas variaciones: o haces graves o haces agudos. Pero sí es verdad que siempre intento fijarme mucho en otros vocalistas que hacen cosas distintas.

 

Al principio me preocupaba mucho la técnica porque también se nos juzgaba mucho a las mujeres. Era aquello de: “Eres una chica, nunca vas a hacer un gutural grave”. Por eso, el primer disco que grabé con Bloodhunter es casi todo gutural grave, porque era lo que me preocupaba demostrar.

 

Después me di cuenta de que no sabía hacer guturales agudos y el segundo disco es casi todo gutural agudo. Al final te vas encerrando en pequeños cajones que hacen que todo siga sonando monótono.

 

Con “Knowledge”, que fue el disco anterior, ya había más variedad: graves, agudos, cambios de ritmo… Y quizá eso es lo más interesante dentro del gutural, porque aquí no hay tantas posibilidades de armonías o melodías, pero sí puedes jugar con la dinámica, los fraseos y el ritmo.

 

Por eso no solo escucho bandas de metal o vocalistas extremos que hagan cosas diferentes. Fíjate que a mí nunca me había gustado el rap y, últimamente, he estado escuchando mucho rap y hip hop. Ahí sí que es verdad que el fraseo es la base de todo; lo más importante es la voz. Eso, junto con los beats, me ha ayudado a entender que, combinándolo con clases y formación, puedo llevar la voz a otros lugares sin tener que quedarme encajada en la idea de que todo tiene que ser necesariamente gutural.

 

Correcto. En este disco, además, contáis con dos colaboraciones increíbles: Laura Guldemond, de Burning Witches, y Fernando Ribeiro, de Moonspell. ¿Cómo ha sido tenerlos ahí?

 

—Un sueño cumplido. En todos los álbumes hemos tenido alguna colaboración, pero siempre eliges a esas personas porque admiras su trabajo, te gustan y sigues su carrera. Esta vez ha sido diferente porque, además, los conozco personalmente y tengo cierta relación con ellos, lo que lo hace aún más especial.

 

También ayuda mucho que entiendan perfectamente lo que buscas y que exista una conexión musical. Eso hace que todo fluya mucho mejor.

 

En el caso de Fernando, prácticamente no hizo falta explicarle nada. Entendió enseguida lo que necesitábamos, nos envió varias pistas y nos dio total libertad para mezclarlas como quisiéramos. Y eso es una auténtica gozada porque no estamos hablando de alguien cualquiera al que le pides un favor para grabar una parte. Estamos hablando de un artista que ha sido referente para varias generaciones y de una banda que sigue siendo una referencia dentro del género.

 

Con Laura fue algo muy parecido. La sigo desde antes de Burning Witches, desde la época de MySpace. Creo que tiene una voz increíblemente versátil. Puede hacer cualquier cosa.

 

Además, me parece muy difícil conseguir una identidad tan marcada haciendo cosas tan distintas. Si te fijas, normalmente identificas a ciertos vocalistas por una característica concreta. Piensa en Tatiana de Jinjer: la reconoces por su gutural brutal y su voz melódica tan potente. O en Courtney LaPlante, de Spiritbox, por esa mezcla de voz suave y guturales impresionantes.

 

Pero Laura puede hacerlo todo. Le explicamos muy poco. Le dijimos que queríamos un estribillo algo más melódico y enseguida nos envió una idea. Fue como: “Lo ha entendido perfectamente”. Claro, trabajar así te facilita muchísimo las cosas.

 

Hablando de colaboraciones, aunque me salga un poco de la línea del disco, quería preguntarte por las colaboraciones inversas. Porque tú también estás colaborando con otros proyectos y, además, vas a hacer algunas fechas con Venom. Lo primero, enhorabuena. Y lo segundo, cuando te ves ahí, compartiendo escenario con una banda así, ¿qué sientes?

 

—Abruma un poco. Imagínate: la primera fecha que hice con Venom. era la única chica. No había nadie más. Todo el entorno estaba formado por compañeros que llevan cuarenta años en la escena. Señores mayores, podemos decirlo.

 

Es un contraste curioso porque, en mi vida en general, siempre me he relacionado con gente bastante mayor que yo. Eso no supone una dificultad. Pero a nivel musical sí me impone porque siento que soy muy pequeñita al lado de toda esa experiencia.

 

Escuchas las cosas que han vivido y piensas: “No sé nada de esto”.

 

Pero también es muy bonito porque ellos no te tratan como si fueras menos. Entienden que es una oportunidad para ti estar ahí y valoran lo que aportas. Incluso entienden que representas un espacio para muchas chicas que todavía dudan de si pueden llegar a estar en ese tipo de escenarios. Y que te digan algo así es un halago enorme.

 

Y hablando de colaboraciones y oportunidades, ¿se te pasó por la cabeza presentarte a Arch Enemy cuando surgió todo el tema del cambio de vocalista?

 

—No. JAJAJAJA. Esto va a sonar un poco raro, pero si os contara la cantidad de mensajes que recibí de gente convencida de que era yo… Incluso músicos me escribían preguntándome: “Eres tú, ¿verdad?”.

 

Al principio empecé a guardar los comentarios porque pensaba que serían uno o dos. Y me hacía ilusión que la gente pensase que yo podía llegar hasta ahí. Pero llegaron tantos mensajes que ya era absurdo. Fue una locura. No se me ocurrió ni hacer un comunicado desmintiéndolo.

La gente veía “Diva Satánica” y pensaba automáticamente: “Tiene que ser ella”. A mí me habría encantado, claro. Podría haber sido muy interesante, no lo sé. Pero creo que ya he aprendido la lección. Si me meto en otro proyecto tan grande, mi banda terminaría desapareciendo. Y eso es algo que no quiero que ocurra.

 

 

—Y además, bueno, quizá pasaría con Leire Martínez.

 

—No queremos más Leire Martínez.

 

Hablando de eso, siguiendo un poco esta línea, lo primero que habéis presentado de este disco, en realidad, ha sido una versión de Annihilator.

 

—Qué bien que tú lo sepas, porque nos está pasando que mucha gente piensa que es un tema nuestro, y es como: “Tío, no”.

 

Además, es un tema bastante mítico.

Bueno, yo es que empecé escuchando thrash metal, más cañero y tal, y luego me he ido moviendo por muchos sitios, pero es un tema que se conoce. Es uno de los discos más emblemáticos. ¿Sabéis si les ha llegado a ellos?

 

—Yo no tengo ningún contacto con nadie de Annihilator. Me haría mucha ilusión que lo escuchasen, aunque tampoco sé cómo se manejan ellos a nivel de redes. Es que no tengo ningún contacto en común con nadie, así que por ahí creo que va a ser difícil que les llegue. Pero bueno, nunca se sabe.

 

¿Y cómo elegisteis este tema? ¿Por qué este?

 

—También es verdad que no en todos los discos hemos incluido versiones, aunque sí hemos hecho algunas a lo largo de los años. Cuando empezamos a hablar con Roar, Marcus, que fue la persona que nos introdujo un poco en la discográfica, nos propuso hacer alguna versión además de los temas que le íbamos presentando. Nos sugirió varias cosas que nos parecían interesantes, pero queríamos hacer algo que realmente nos gustase, porque una cosa es hacer algo muy diferente y llevarlo a tu terreno, y otra es escoger una canción que no te dice mucho. Yo, particularmente, creo que eso no tiene demasiado sentido.

 

Y nos propuso esta, y la verdad es que Annihilator, como tú decías, es una de esas bandas que son un poco los cimientos de casi cualquier banda del estilo. Y Alice in Hell es uno de los discos más emblemáticos del género.

 

Además, por la temática de la canción, encaja mucho con la onda del disco: esa sociedad un poco individualista, la situación política que estamos viviendo, con guerras, desgracias varias… Nos parecía que todo eso encajaba muy bien.

 

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