Qué maravilla es poder escuchar a este hombre; Fernando Ribeiro, líder y vocalista de Moonspell, lector, estudioso y con formación en historia y filosofía, capaz de dotar a todas sus obras de un calado enorme. Entrar en profundidad con él es ahondar en mil cosas, y todas interesantes. Pero lo realmente grande es que no tuvimos los 25 minutos de rigor y pudimos alargarnos hasta casi una hora. Yolanda Sabater y Jordi Tàrrega encantados…
Hola, Fernando, otra vez, porque ya te entrevisté por el disco con la orquesta Opus Diabolicum, no hace mucho. Somos Yolanda Sabater, desde Canterbury, y Jordi Tárrega, desde Barcelona. Ambos escribimos para Stairway to Rock, y como puedes ver, llevamos las camisetas con el logo.
Ante todo, felicidades por el nuevo Far from God, que me parece uno de los mejores discos de Moonspell. Me gustaría saber qué opinión te han transmitido los periodistas que te van entrevistando.
Es un placer estar de regreso en Stairway to Rock. Voy a expresarme en portuñol, porque para mí es muy raro hablar en inglés con vosotros, no me sale de forma natural. Así que espero que no os moleste. La reacción de los fans y de los medios está siendo muy, muy buena, pero yo no doy nada por garantizado. Todo forma parte de un proceso: el proceso de promoción y también el de defender el disco y sus canciones sobre la carretera.
Cuando Moonspell publica un disco, siento que deja de pertenecernos y pasa a ser un disco de toda una comunidad. Claro que me encanta ver que la gente está entusiasmada con él, que le gusta, que los números acompañan, ya sea en redes sociales, en YouTube o en cualquier otra plataforma. Y todo eso está ocurriendo. Pero me gusta pensar que todo eso se debe a la calidad de la música y a la inversión espiritual, musical y artística que hemos hecho en este álbum.
Es un disco muy directo, muy sencillo, quizá con canciones más pegadizas y más simples, sin tantas capas como los discos anteriores. Y eso está conectando muy bien con el público. Estoy muy contento porque, a veces, trabajamos muchísimo y el resultado no acaba siendo el que esperábamos. Eso pasa en todas las bandas, en todos los oficios y con toda la gente que se dedica a la música.
Con este disco queríamos hacerlo todo muy bien, rozando la perfección, aunque sin obsesionarnos con ser perfeccionistas. Hay errores y hay cosas que no necesitan ser completamente clínicas o impecables. La decisión de volver a un metal gótico más sencillo, con canciones que apelan más al sentimiento que al debate en redes sociales, nos ha sentado muy bien como banda.
Ahora mismo la confianza del grupo es mucho mayor. El disco ya está publicado y la gente nos felicita por la música, por las letras, por los vídeos y por todo lo que rodea al álbum, que es mucho más que solo música.
Fernando, quería comentarte una cosa. No sé si sueles leer críticas de discos, pero un compañero nuestro ha reseñado el álbum y puedo decirte que la crítica es espectacular. Las preguntas que voy a hacerte ahora son, de hecho, de su parte. Le habría encantado estar en la entrevista, pero está regresando del Rock Imperium y no ha podido ser.
Habéis descrito este álbum —o al menos así se comenta en la promoción— como una especie de Irreligious del siglo XXI. Es una comparación que se ha repetido bastante. Sin embargo, Moonspell siempre ha sido una banda que ha querido mirar hacia el futuro. ¿Por qué ahora habéis decidido tener tan presente vuestro pasado?
Porque Moonspell es una banda del presente, pero también una banda construida con todos sus tiempos, y todos ellos son importantes. Yo comprendí realmente el legado de Moonspell cuando celebramos los treinta años de la banda, hace cuatro o cinco años. Hasta entonces nunca pensaba demasiado en el pasado; siempre creía que había que seguir adelante.
Pero durante aquellos conciertos entendí que había muchísimas historias compartidas con nosotros, muchísima memoria. La música de Moonspell había sido importante no solo para nosotros, sino también para muchos fans, acompañando momentos de alegría, de tristeza, de melancolía, de victorias y de derrotas.
La música de Moonspell es una gran novela de emociones. Nunca hemos escrito dos veces el mismo disco ni hemos encontrado una fórmula definitiva para nuestra música. Seguimos siendo una banda bastante imprevisible para nuestros seguidores, y eso supone un desafío para ellos cada vez que publicamos un nuevo álbum.
Este es nuestro decimocuarto disco, y la gente no sabía qué esperar. Cuando escuchan un trabajo mucho más cercano al metal gótico, más sencillo y con ciertos elementos que recuerdan a Irreligious, se sorprenden, sobre todo teniendo en cuenta cómo era el disco anterior.
Hermitage era un disco mucho más complicado, con muchas más capas y con una reflexión mucho más filosófica sobre la sociedad. Hablaba de eremitas y de todo eso; era un disco quizá un poco más alejado de lo que nuestros seguidores esperan de Moonspell. Y sí, tiene cierta conexión con Irreligious. Ya sabes que los textos promocionales siempre son muy grandilocuentes: hay que decir muchas cosas en tres o cuatro líneas.
Claro que me trae recuerdos de Irreligious, porque es un disco mucho más sencillo, construido sobre melodías y canciones. También los temas tienen algunos puntos en común con Irreligious, pero no tengo ninguna duda de que Far from God es un disco de nuestro tiempo. Es un álbum compuesto hace un año y medio y grabado con la tecnología del presente. Es muy diferente, aunque mantiene una relación con el metal gótico que hacía tiempo que no explorábamos de una forma tan clara como en Far from God.
Yo estoy en paz con todas las etapas de Moonspell. Los músicos no pueden vivir en el pasado, pero sí deben respetarlo, sobre todo por los fans, que guardan recuerdos maravillosos de los años noventa. Pero tampoco queríamos hacer un simple ejercicio de repetición de Irreligious, porque Irreligious pertenece a su tiempo, igual que Antidote y todos los discos de la discografía de Moonspell.
No podemos repetirlos. Aunque lo intentáramos, no conseguiríamos un resultado auténtico. Lo que sí existe es una identidad Moonspell, y tanto Far from God como Irreligious son discos muy importantes para construir esa cultura y esa personalidad de la banda.
Far from God es un disco que puedes escuchar y reconocer inmediatamente como un álbum de Moonspell. Y eso es muy bueno, porque, aunque tenemos muchas influencias de otras bandas, después de tantos años seguimos entrando al estudio convencidos de que vamos a hacer un disco que suene a Moonspell.
La gran sorpresa de este álbum es que no experimentamos tanto. Probablemente la gente esperaba que fuéramos hacia el metal industrial o incluso hacia un metal más extremo, pero fuimos hacia el metal gótico. Apostamos por ello y creo que acertamos. No siempre hemos acertado con lo que pasa por la cabeza del público. Es muy difícil; si te obsesionas con eso, acabas volviéndote loco. No puedes dejar que tu música esté controlada por los fans.
Pero, por supuesto, los fans son el apoyo que toda banda necesita. Hay seguidores de Moonspell a los que les gusta Wolfheart, otros prefieren Far from God, otros Irreligious, y otros disfrutan más de nuestros discos más extraños. Es muy complicado hacer algo que satisfaga todas las sensibilidades de los seguidores de Moonspell. Por eso tomamos nuestras propias decisiones, cerramos los ojos y esperamos lo mejor. Es un poco así.
Mi canción favorita es “Far from God”. Qué fuerza tiene ese título… ¿Qué significa, en estos tiempos, estar lejos de Dios?
Para mí, Dios es sobre todo una metáfora. Pero Dios tiene una importancia enorme en la música metal y en sus letras. Tanto si eres Behemoth y estás quemando una Biblia como si eres Moonspell y lees la Biblia para inspirarte y contar una determinada historia sobre los hombres, las mujeres y la civilización, estás dialogando con esa idea.
En particular, Portugal y España son países que nacieron bajo el signo del cristianismo católico. No somos sociedades tan paganas como las de los países nórdicos. Por eso creo que nuestra comprensión de Dios es mucho más profunda.
La distancia respecto a Dios es una metáfora del mundo. Dios es solo una palabra, pero una palabra muy importante; un concepto muy importante. Porque, tanto si blasfemas como si intentas comprender el misterio o el conflicto interior que Dios despierta en ti, al final estás hablando de lo mismo.
Hay una herida abierta de la que tenemos que hablar, sobre la que tenemos que escribir y con la que, de alguna manera, tenemos que reconciliarnos para hacer las paces con nuestras propias dudas.
Y, por supuesto, Far from God o «Lejos de Dios» también tiene una dimensión filosófica que proviene de los estudios que hice hace muchos años en la Universidad de Lisboa. Nietzsche, el gran filósofo alemán, decía que nos estábamos alejando no solo de Dios, sino que un determinado concepto de Dios tenía que morir para que pudiéramos alcanzar una especie de renacimiento.
En 2026 pienso que ese renacimiento todavía está tardando en llegar. Basta ver que las grandes religiones monoteístas, que adoran a un único Dios, son hoy mucho más violentas. Tenemos el terrorismo islamista, tenemos la ocupación de Palestina…
Tenemos el evangelismo político de presidentes como Bolsonaro o Trump, y todo eso está muy lejos de los principios fundamentales de la religión, que deberían hacernos mejores personas, más compasivas.
Yo creo que es un diagnóstico del mundo en el que vivimos: estamos lejos de todo. Si un amigo te llama para decirte «vamos a tomar una copa«, tu cerebro responde inmediatamente: «No tengo tiempo«. Si te dice «vamos a un festival» o «vamos a ver a Iron Maiden en Lisboa«, respondes: «No tengo tiempo, no quiero«. Estamos lejos.
Hermitage hablaba un poco de eso: de la distancia entre nosotros y las personas que nos rodean; por eso utilizábamos la imagen del ermitaño. Far from God va un poco más allá. Habla de la distancia entre nosotros y nosotros mismos. Espero explicarme: estamos muy lejos de nuestro verdadero potencial. Y eso era precisamente lo que decía Nietzsche.
Él estudiaba las palabras griegas, las palabras originales de nuestra civilización —amor, muerte, virtud…— y las comparaba con el significado que tenían en su época. Llegó a la conclusión de que todos esos conceptos estaban corrompidos, igual que las propias palabras, debido a la acción destructiva del ser humano, una destrucción que también domina la política, la religión y tantos otros ámbitos.
El disco es una pequeña reflexión sobre esa lejanía. Con las redes sociales y todas las teorías de la conspiración, muchas veces sabes que algo es mentira, pero en lugar de buscar la verdad prefieres encontrar una justificación para esa mentira.
Eso resulta muy extraño para alguien que ha estudiado filosofía, porque la humanidad tiene un enorme potencial, pero estamos muy lejos de alcanzarlo. Incluso estamos lejos de Dios, entendido como una posible influencia positiva y no negativa en la vida de las personas.
Quería hacerte una observación, aunque no sé si estarás de acuerdo. Han pasado cinco años desde el anterior disco y, durante ese tiempo, habéis estado muy activos. Tengo la sensación de que Moonspell atraviesa un momento muy dulce. Sin embargo, este álbum me parece mucho más oscuro, tanto a nivel emocional como anímico. No sé si como banda o a nivel personal habéis atravesado una etapa complicada y eso ha quedado reflejado en el disco.
Sí, claro que sí. Muchas veces la música más luminosa nace precisamente de la oscuridad. Si pensamos en las bandas que nos gustan, los discos que más nos han influido suelen ser álbumes nacidos del sufrimiento.
En Moonspell estamos muy entrenados para las entrevistas y para decir que todo va bien. Pero yo creo que, si realmente todo estuviera bien dentro de una banda, no tendrías nada que decirle a tu público. No harías discos. Estarías satisfecho, lleno de dinero, de ego…
Con Moonspell todo es mucho más dinámico. Hay conflictos, hay lucha por la supervivencia. No hay que olvidar que venimos de Portugal y que, incluso para una banda de Portugal o de España, llegar al nivel de reconocimiento que hemos alcanzado es algo muy especial.
Además, estar en una banda es como una relación de pareja. Hay que entenderse con los demás y, naturalmente, surgen conflictos. La vida es conflicto y Moonspell también funciona así.
No nos peleamos en público ni nada parecido, pero siempre tenemos que volver a encontrarnos. En todos los discos de Moonspell, incluido Far from God, hay un momento fundamental: una conversación muy profunda entre todos nosotros para preguntarnos qué es Moonspell y hacia dónde quiere ir la banda. Es una conversación casi existencial.
Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
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