Deaf To Our Prayers
22 de agosto de 2006
Century Media Records
Veinte años después de su publicación, Deaf to Our Prayers sigue ocupando una posición interesante dentro de la discografía de Heaven Shall Burn. Por aquel entonces ya les respaldaba y se publicó por Century Media Records en agosto de 2006, y el álbum llegaba apenas dos años después de Antigone (2004), el trabajo que había marcado un antes y un después para los alemanes. Y quizá ahí esté también su principal hándicap: Deaf to Our Prayers no reinventaba aquella fórmula. Más bien la endurecía, la pulía y terminaba de convertirla en una identidad propia encontrando su sonido.
La crítica de la época ya incidió precisamente en ese carácter continuista. Sputnikmusic señalaba que el disco seguía claramente el camino iniciado por Antigone, aportando pocos impulsos realmente nuevos, aunque reconociendo la solidez del resultado. Otras publicaciones fueron bastante más entusiastas: Chronicles of Chaos le otorgó un 8,5 sobre 10 y percibió un mayor alejamiento de las raíces hardcore en favor de una brutalidad más próxima al death metal, llegando a citar a Bolt Thrower, At the Gates o The Crown como referencias.
Y probablemente ahí oestuvo la verdadera importancia de Deaf to Our Prayers. No fue un álbum revolucionario, pero sí uno que ayudó a asentar las bases del sonido que Heaven Shall Burn terminaría llevando a otra dimensión con Iconoclast (Part I: The Final Resistance) en 2008. Una combinación de contundencia rítmica, guitarras profundamente graves y melodías heredadas del death metal sueco que acabaría formando parte del ADN de la banda y que también puede rastrearse posteriormente en multitud de formaciones que surgieron en los 2010 situadas entre el metalcore y el death metal melódico.
Más allá de la brutalidad, aquí son fundamentales los arreglos y, sobre todo, las guitarras de Maik Weichert y Alexander Dietz. Las melodías no suavizan las canciones: funcionan como unión magistral con riffs y doble bombo. Es cierto que por momentos puede aparecer cierta monotonía, tanto en la batería de Matthias Voigt como en el registro vocal prácticamente constante de Marcus Bischoff, pero creo que el extraordinario trabajo de las guitarras compensa ampliamente esas carencias. Dietz y Weichert firman algunos de los momentos instrumentales más inspirados del álbum, con riffs, armonías y melodías que terminan siendo una parte esencial de la personalidad de Deaf to Our Prayers.
Y basta escuchar “Counterweight” para entenderlo. El tema que abre el disco se ha convertido con los años en una de las composiciones fundamentales de Heaven Shall Burn y ya en 2006 aparecía incorporado a sus directos. Su entrada demoledora, el diálogo entre ambas guitarras y esas líneas melódicas elevándose sobre una base absolutamente aplastante condensan buena parte de lo que terminaría definiendo a la banda. La propia crítica contemporánea destacaba precisamente ese contraste entre riffs pesados y desarrollos melódicos.
Pero no nos quedemos solo en “Counterweight”. “Trespassing the Shores of Your World” mantiene el ritmo mientras introduce arreglos de carácter épico y orquestal; “Stay the Course” explota especialmente bien las armonías de guitarra; y el tramo formado por “Of No Avail” y “Armia” rebaja momentáneamente las revoluciones con un medio tiempo para demostrar que Heaven Shall Burn también sabía construir atmósferas sin perder contundencia. “Dying in Silence”, por su parte, introduce elementos electrónicos e industriales que amplían ligeramente una fórmula deliberadamente compacta. El álbum reúne once canciones y fue concebido por la propia banda como un trabajo más crudo, directo y brutal que Antigone.
Dos décadas después, quizá Deaf to Our Prayers siga viviendo inevitablemente entre dos gigantes: Antigone y Iconoclast. Pero precisamente ahí reside su valor. No cambió las reglas que Heaven Shall Burn había establecido dos años antes; las convirtió en cimientos. Y sobre ellos levantarían buena parte de todo lo que vino después.

Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
Descubre más desde Stairway to Rock
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
