Lex Lüger + Montse Torres
30 de octubre de 2026
Barracudas Rock Bar, Madrid
Texto: Ángel Guerra
Fotos: Vicente Cabello
Qué lejano parecía ya el vuelo de regreso a casa cuando nos aproximábamos a la sala Barracudas. En sus inmediaciones comenzaba a respirarse algo distinto, un hechizo que flotaba en el ambiente y anunciaba que aquella noche no iba a ser una más.

Montse Torres
Nos esperaba Montse Torres, acompañada por Hugo Guzmán, dispuestos ambos a narcotizar nuestros sentidos a golpe de teclado y guitarra. Hugo ejecutaba con precisión quirúrgica los temas de la albacetense mientras Montse comenzaba a desplegar su particular embrujo. No tardó en transportarnos en su DeLorean musical a otra época, envolviendo la sala en una atmósfera tan familiar como hipnótica. Desde aquella luz de neón inicial hasta dejar Madrid ardiendo a los pies de su música.

Lex Lüger
Y entonces llegó el turno de los vampiros góticos de las tinieblas, que decidieron adelantar la «Nuei d’Almetas» (noche de almas en la tradición aragonesa) para todos aquellos afortunados que tuvimos el privilegio de dejarnos caer en sus redes.
Un recorrido más que acertado por “El rey del terror”, “Creepshow” y “Jóvenes ocultos”, con una complicidad escénica extraordinaria. Una Bloody Lycia maravillosa, ejerciendo en muchos momentos de maestra de ceremonias, y un Lex que apenas necesitó unos minutos para extender su maleficio sobre los presentes. Juntos demostraron que no necesitan más compañía para convertir una sala entera en territorio de posesión colectiva, haciendo que el público cantara, bailara y se entregara sin reservas durante todo el concierto.

Nos habían prometido sangre y rock desde el primer momento, y ambas cosas corrieron a raudales por Barracudas. Cómodos, desinhibidos y cada vez más grandes sobre el escenario, fueron encadenando algunos de sus temas más emblemáticos, como “Los chicos del maíz” o “La solitaria muerte de Jordy Verrill”. Cada canción parecía abrir una nueva puerta hacia ese universo de terror ochentero que tan bien han sabido hacer suyo.
Antes de adentrarnos en su última delicia musical, “Jóvenes ocultos”, que personalmente considero su particular Cum Laude, todavía quedaba por consumar el último ritual. Bastó con que sonara su introducción para terminar de desatar la locura entre los asistentes. Lex abandonó el escenario para mezclarse con el público, fundiéndose con él en una simbiosis perfecta, como si aquella frontera entre músicos y espectadores hubiese dejado de existir.

El aquelarre llegaba a su fin con las versiones de “He’s Back”, de Alice Cooper, y “You Can’t Hide”, de Aurograph, dos últimos mordiscos que terminaron de prender fuego a lo poco que quedaba en pie.
Y así, entre guitarras, sangre y criaturas de la noche, fuimos abandonando Barracudas con esa sensación de haber formado parte de algo mágico en este lugar. Aunque ya se sabe que hay noches que no terminan cuando se apagan las luces. Se quedan dentro, acechando en algún rincón de la memoria. Especialmente cuando llega esa esotérica hora que nos inquieta, nos atormenta y nos perturba.
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