No Code
27 de agosto de 1996
Epic
El 27 de agosto de 1996, Pearl Jam publica No Code y, en cierto modo, decide bajarse del tren que ellos mismos habían ayudado a poner en marcha. El cuarto álbum de la banda de Seattle llega cuando el grunge ya no es una revolución, es una industria, una etiqueta, una estética y, sobre todo, una expectativa. Y Pearl Jam, que llevaba años intentando escapar de las expectativas, entrega precisamente el disco menos dispuesto a satisfacerlas. Aunque, para entender No Code hay que retroceder unos años…
A comienzos de los noventa, Seattle había pasado de ser una ciudad relativamente aislada del circuito musical estadounidense a convertirse en el improbable epicentro del rock mundial. Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains, Mudhoney, Screaming Trees y una interminable nómina de grupos habían construido una escena mucho antes de que las grandes discográficas descubrieran que aquello podía venderse.
El problema fue precisamente ese: ¡que acabó vendiéndose! Pasó de ser un producto underground para las minorías, a ser algo mainstream, apto para todos los públicos. En este sentido, la prensa convirtió el término «grunge» en una etiqueta capaz de englobar bandas muy diferentes entre sí. La moda hizo el resto. Así pues, las camisas de franela, las botas y la estética deliberadamente descuidada pasaron de los locales de Seattle a las portadas de revistas y los escaparates.
El documental Hype! de Doug Pray, estrenado precisamente en 1996, retrataba una escena que llevaba tiempo intentando desprenderse de aquella etiqueta. El propio Pray explicaba entonces que cuando empezó a rodar la película en 1993 la gente de Seattle estaba tan cansada de hablar de Nirvana y Pearl Jam que prácticamente nadie quería hablar de «grunge». ¡El fenómeno había crecido demasiado deprisa!
Pearl Jam fue uno de sus principales responsables. Ten había convertido al grupo en una superpotencia del rock; Vs. había llevado esa popularidad hasta límites absurdos, vendiendo aproximadamente 950.000 copias en Estados Unidos durante su primera semana, todavía entonces el mejor debut semanal registrado por SoundScan. Vitalogy, publicado en 1994, había vuelto a superar las 800.000 copias en siete días. Pero, como ya os podéis imaginar, aquella historia tenía un lado oscuro…
Kurt Cobain había muerto en abril de 1994. La escena que había convertido la vulnerabilidad, el desencanto y el rechazo al estrellato en parte de su identidad se encontró de repente con una paradoja devastadora: había conquistado el mundo precisamente aquello que despreciaba de él.
Tras Vitalogy, la banda había comenzado a alejarse deliberadamente de los mecanismos tradicionales de promoción. La guerra contra Ticketmaster, la reducción de las giras y la negativa a fabricar videoclips para alimentar la maquinaria promocional formaban parte de una estrategia que tenía tanto de posicionamiento ético como de necesidad de supervivencia. Robert Hilburn lo resumía en Los Angeles Times pocos días antes de la publicación de No Code: el nuevo álbum parecía el trabajo de unos músicos que habían cerrado la puerta al resto del mundo, incluidas las expectativas asociadas a ser «los líderes del rock estadounidense de los noventa» («Getting Back to Fundamentals». Los Angeles Times, 25 de agosto de 1996). La clave estaba ahí. Pearl Jam ya no quería ser «la voz de una generación». Quería volver a ser una banda. Y para ello necesitaba cambiar.
No Code fue el primer álbum de Pearl Jam con Jack Irons a la batería, antiguo miembro de Red Hot Chili Peppers, cuya personalidad iba a alterar profundamente la dinámica interna del grupo. El álbum se grabó entre Chicago, Atlanta y Seattle, y volvió a contar con Brendan O’Brien en la producción junto a la propia banda. Jeff Ament explicaría años después que el proceso fue complicado:
«It was a hard record to make because we were horrible communicators at that point». [(«Fue un disco difícil de hacer porque en aquel momento éramos unos comunicadores horribles») Marks, Craig. “The Road Less Traveled.” SPIN, febrero de 1997. La entrevista fue realizada durante la etapa de No Code y posteriormente republicada online por SPIN el 27 de agosto de 2021].
También recordó que gran parte del material se escribió directamente en el estudio y destacó especialmente el impacto de Jack Irons sobre las canciones.
El disco
Centrándonos ya en el disco, desde los primeros segundos, No Code deja claro que algo ha cambiado. “Sometimes” no es una apertura diseñada para conquistar una emisora. Es casi una confesión. Eddie Vedder canta sobre la fragilidad, sobre los momentos de caída y de ascenso, sobre la imposibilidad de mantener permanentemente el personaje del líder de una banda gigantesca. Y entonces llega “Hail, Hail”. Tres minutos y medio de electricidad, urgencia y guitarras que recuerdan que, aunque Pearl Jam quiera escapar de su pasado, sigue siendo una banda de rock.
Pero inmediatamente después aparece Who You Are, uno de los mayores golpes sobre la mesa del álbum. El ritmo tiene algo hipnótico, circular, casi tribal. Las guitarras ya no buscan necesariamente el riff tradicional. Jack Irons introduce una concepción rítmica diferente y Stone Gossard abandona la seguridad del lenguaje que había ayudado a construir en Ten y Vs. La canción fue relacionada en numerosas ocasiones con el trabajo de Vedder junto al cantante pakistaní Nusrat Fateh Ali Khan, con quien había colaborado en la banda sonora de Dead Man Walking.
Sin embargo, Vedder negó específicamente que esa colaboración fuese el origen de Who You Are. En la entrevista de SPIN recuperada por la propia revista, explicó que el grupo simplemente había descubierto que tenía una oportunidad para experimentar con Irons. Y ahí está probablemente la esencia de No Code: experimentar sin necesidad de demostrar nada.
Al hilo de este contexto, si hay un elemento musical que ayuda a explicar el carácter del disco, ese es Jack Irons. Su batería no funciona simplemente como soporte rítmico. En “In My Tree” parece empujar la canción hacia delante desde un lugar completamente distinto al de las anteriores baterías de Pearl Jam. Hay percusión, polirritmia, espacios y una sensación casi física de movimiento. Stone Gossard recordaría que la llegada de Irons había ayudado a modificar la relación entre los miembros. Eddie Vedder llegó a afirmar:
«This should have been the band from the beginning» [(«Esta debería haber sido la banda desde el principio») Ibid.].
Jeff Ament fue todavía más directo:
«It feels like this is how it was intended to be» [(«Se siente como si así fuese como estaba destinada a ser») Ibid.].
Por otro lado, una de las virtudes de No Code es que Pearl Jam deja de comportarse como una banda encerrada dentro de una única tradición. “Smile” mira hacia el rock americano de Neil Young. Y no resulta extraño. Pearl Jam había trabajado con Young en Mirror Ball en 1995, una experiencia que había acercado todavía más a la banda a una figura que llevaba décadas demostrando que el éxito no tenía por qué convertirse en una jaula.
En este sentido, “Off He Goes” es todavía más reveladora. Una canción íntima, acústica y vulnerable, alejada del Eddie Vedder que algunos esperaban encontrar detrás de un micrófono. “Habit” recupera el nervio punk. “Red Mosquito” construye tensión desde la sencillez. “Lukin” apenas supera el minuto y parece una explosión comprimida de ansiedad. Y después llega “Present Tense”. Cinco minutos y medio que quizá resumen mejor que ninguna otra canción la filosofía del álbum. No hay necesidad de correr. No hay necesidad de gritar. La canción habla de aceptar, perdonar y dejar de vivir atrapado en lo que ya ha ocurrido.
Así pues, no es casualidad que Robert Hilburn destacara precisamente la nueva apertura emocional de Vedder. Según su lectura de 1996, el cantante había tendido a expresar su vulnerabilidad mediante la rabia o la desesperación; en No Code, en cambio, comenzaba a hacerlo desde un lugar mucho más sutil. El cambio era enorme. El Eddie Vedder de Ten parecía querer enfrentarse al mundo. El de No Code empieza a preguntarse qué hacer consigo mismo.
Como decíamos más arriba, este disco no puede entenderse sin su contexto histórico. Pero tampoco sin su historia comercial de No Code, ya que ésta es fundamental para entender cómo fue recibido. El álbum debutó en el número uno de las listas estadounidenses, pero vendió aproximadamente 367.000 copias durante su primera semana, frente a las 950.000 de Vs. y las 877.000 de Vitalogy. Para una banda normal habría sido un resultado extraordinario. Para Pearl Jam, sin embargo, parecía casi una derrota. La industria reaccionó como era de esperar. En diciembre de 1996, Vedder reconocía en Los Angeles Times:
«If you don’t operate in that framework, which we don’t, it’s obvious that you won’t sell as many records. And that’s fine. We expected this to happen much sooner than it has.» [(«Si no funcionas dentro de ese marco, que es lo que nosotros hacemos, es evidente que no vas a vender tantos discos. Y está bien. Esperábamos que esto ocurriera mucho antes») Hilburn, Robert, «Getting Back to Fundamentals». Los Angeles Times, 25 de agosto de 1996].
Difícil encontrar una declaración que explique mejor No Code.
Por otro lado, y no menos importante, en 1996, el grunge comenzaba a convertirse en pasado incluso mientras algunos de sus protagonistas seguían grabando discos. Nirvana había desaparecido. Alice in Chains atravesaba un periodo complicado. Soundgarden todavía resistía, pero terminaría separándose en 1997.
Y la propia prensa empezaba a preguntarse qué quedaba realmente de aquel movimiento que había dominado la primera mitad de la década. El Los Angeles Times resumiría posteriormente aquella evolución señalando que 1995 había sido el año en que Pearl Jam comenzó a reducir deliberadamente su exposición y que, para 1997, la separación de Soundgarden y el descenso comercial de No Code simbolizaban el agotamiento de esta escena.
Veredicto
Treinta años después, lo más interesante de No Code no es que en 1996 fuese un disco arriesgado. Lo verdaderamente interesante es que, tras estas tres décadas, sigue sonando como un disco que no necesita justificar su existencia. En 1991 Pearl Jam había ayudado a llevar Seattle al centro del mundo. En 1993 había demostrado que podía convertirse en la banda de rock más grande de Estados Unidos. En 1994 había empezado a rebelarse contra las consecuencias de esa fama.
Y en 1996 dio el paso definitivo: hizo un disco que no necesitaba parecerse a nada de lo que el público esperaba. Sin duda, No Code sigue siendo uno de los grandes ejercicios de libertad creativa de los noventa. No porque sea perfecto, ni porque resulte inmediato, sino porque representa algo mucho más importante: el momento en que una de las bandas más grandes del planeta decide que ya no quiere sonar como la banda que el planeta espera.
Hoy, en 2026, aquella decisión parece menos una huida que una conquista. El grunge había convertido a Pearl Jam en una institución. No Code fue el disco que les permitió volver a ser una banda. Y quizá esa sea su verdadera grandeza.


Jordy Stanley. Profesor de Lengua y Literatura, historiador y freaky en general, posee diferentes obras de ámbito académico y divulgativo. Su último libro, Conan a lo largo de los filmes (PanoArtBooks, 2022) ha agotado sus dos ediciones. Entre lo destacado de su discografía, podemos hallar Henry Dark (2009), de su anterior banda, HENRY DARK y el flamante LP, KISS my Covers (2024), donde tributa a KISS, la banda de su vida, de una manera muy particular. Guitarrista y cantante, otra de sus múltiples facetas es la de youtuber y redactor musical.
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