Chez Kane, Xeria, Future Palace, The Baboon Show, Against Myself, Saratoga, Stratovarius, Daeria, In Flames, Mind Driller, Saurom
Viernes 7 de Agosto de 2026
Polideportivo municipal de Villena (Alicante)
Redacción por Jordi Tàrrega, Yolanda Sabater, Irene Kilmister y J. A. Díaz.
Fotografías por Irene Kilmister.
En la segunda jornada del vigésimo aniversario del festival tuvimos una buena ración de melodeath, con Dark Tranquillity y Arch Enemy. Ahora era el turno de In Flames, que algo de death metal melódico guarda todavía en sus alforjas. Hubo, no obstante, oferta para todos los gustos, desde el power metal de Stratovarius al heavy en español de Saratoga, pasando por el punk de The Baboon Show. Y mucho más. Comenzamos.

Chez Kane: el hard rock sexy por excelencia (Jordi Tàrrega)
A la rockera sexy-80era era la segunda vez que la veíamos en un mes (y más que la veremos), y si en Maid of Stone ya era cabeza de cartel, en Leyendas la cambiaron del escenario New Rock al principal. Abre bajo el sol de la tarde, pero hay indicativos de que su música gusta y que los fans crecen. Si vierais la cola de gente para las firmas y fotos… ¡eso parecía Helloween! El sexteto se apoya en el teclista Oscar y en unos coros enlatados, pero piezas de la talla de “Reckless” ya nos pueden.
Las mangueras remojaban a unas primneras filas que reaccionaban bien a balas como “Nationwide” (de las más pegadizas) y “Strip Me Down”, de la que dijo que tiene amor absoluto hacia Def Leppard y la era de las hombreras. Canta mejor que nunca y combina canciones armada con guitarra y otras como frontwomen. Y lo mejor siempre cae al final: “Rocket on the Radio” y “Powerzone” son joyas que todo fan del hard rock de los 80 amará sí o sí. Chez Kane ha venido para quedarse. Es puro desparpajo, es una voz inconfundible y posee un material inflamable.
Xeria, melodía y contundencia por igual (Yolanda Sabater)
Xeria serían los encargados de abrir boca en la tercera jornada en el escenario New Rock y, alrededor de las 17:00, la banda madrileña irrumpió en escena para ofrecernos casi una hora de show con un completísimo setlist. Algo que me sorprendió muy gratamente, pues, pese a lo temprano de su actuación, pudimos disfrutar prácticamente de un concierto completo de la banda.
Era mi segunda vez con Xeria, capitaneados por la maravillosa voz de Marina, y llegaban cargados de emoción y con unas ganas terribles de comerse el escenario. Además, venían presentando su último trabajo, Fuego (2024), protagonista absoluto de buena parte de la actuación.
Grata sorpresa la que me llevé con Marina. Es una gran frontwoman y posee una potencia vocal aplastante, pero, además, hizo un estupendo trabajo a la hora de atraparnos en el concierto. Interactuó constantemente con el público, animándonos y pidiéndonos que cantáramos con ella en varias ocasiones, algo a lo que la gente respondió con ganas.
La formación se mostró muy compacta sobre el escenario. Quisiera destacar especialmente a César Manjarrés a la batería, quien demostró un gran nivel junto a sus compañeros: Carlos Z a la guitarra y Félix al bajo, ambos muy participativos y con una ejecución sólida. Carlos tuvo además ocasión de lucirse con algún riff y solo de guitarra que hizo las delicias del público, y Félix tampoco se quedó atrás, aunque he de decir que desde mi posición el bajo se escuchó poco durante buena parte del concierto. Al tratarse de una formación de cuatro músicos, complementan su sonido con algunas partes pregrabadas, principalmente teclados y ciertas dobles voces, consiguiendo así trasladar al directo un sonido mucho más completo.
Entre canción y canción también hubo tiempo para que Marina hiciera un poco de “spam”, como ella misma reconoció con humor, y recordara a los presentes que ese mismo mediodía ofrecerían también una actuación en formato acústico.
En términos generales, la banda sonó muy bien y transmitió muchísima energía, aunque desde las primeras filas el sonido quedó algo encapotado. En algunos momentos, además, el volumen era tan elevado que llegaba a resultar incómodo. Cosas del directo que no me impidieron disfrutar del concierto, pero desde luego fue uno de esos momentos en los que eché bastante de menos llevar unos buenos tapones para los oídos.
Para poner el broche final eligieron “Tienes miedo”, un tema con el que Marina volvió a reclamar la participación de todos los presentes. Buena parte del público terminó cantando con ella mientras la vocalista no dejaba de animarnos, consiguiendo cerrar la actuación con una estupenda comunión entre banda y asistentes.
Gran sorpresa para mí estos Xeria. Se les vio con hambre, disfrutando del escenario y sabiendo aprovechar muy bien el tiempo del que disponían. Después de esta segunda toma de contacto, desde luego es una banda a la que empezaré a seguir mucho más de cerca.
Future Palace: pura modernidad (Jordi Tàrrega)
Tengo muy escuchado el Resurgence, su última obra de estudio, y ya os digo que el show de estos alemanes era de los que más me apetecía ver. Es una prpuesta arriesgada pues ya de inicio vimos que todo se reduce a un trío, con Maria Lessing a la voz, Manuel Kohlert a la guitarra y Johannes a la batería. Eso implica que el resto va enlatado, y sí, llevan una carga importante de efectos, teclados, pianos y samplers. Pero eso no le resta méritos a ese arranque con “Deep Blue”, canción en la que la voz de Maria es limpia.
Ella va vestida de Lolita con botas militares, en una clara alusión del concepto “bella-bestia”. A mediados de los 80 había grupos que buscaban el contraste entre voces femeninas de princesita y otras gutirales, desde Jinjer, y con Tati, que lo de bella y bestia lo puede ejercer una misma artista femenina, y ese es el gran activo de Future Palace. Ese, y canciones variadas como “Uncontrolled” o “The Echoes of Disparity”, en la que antes hubo un alegato a la diversidad, a la libertad sexual y a la libertad en general. Es bonito que hay mensaje profundo en la banda.
La carga programada es constante y combina con momentos más metal cores y otros de balada como el de “Tidal Waves”, tema que explora la conexión total entre hermanas y el crecimiento mjuntas. Muy emocionante. Luego el grupo va a buscar circle pits y movilidad en “Cyclone” y ella se tira por los suelos y canta. Lucieron bajo ese logo en letras sobre una especie de aurora boreal. Genial que el Leyendas apueste por propuestas como estas y que calen entre los asistentes.
The Baboon Show y su eterna reina Cecilia
Uno de los conciertos de la jornada y, para mí, de todo el festival era sin duda el de The Baboon Show. Ver a Cecilia Boström sobre un escenario siempre es un placer y, sobre todo, un chute de energía imparable. Pocas frontwoman tienen esa capacidad para adueñarse del escenario desde el primer minuto y conseguir que resulte prácticamente imposible apartar la mirada de ellas.
La banda apareció precedida por una intro que parecía sacada directamente de una emisora de FM. Niclas Svensson fue el primero en ocupar su puesto tras la batería, mientras la espera se amenizaba con el “You Shook Me All Night Long” de AC/DC, toda una declaración de principios de lo que estaba a punto de suceder. Poco después fueron apareciendo Frida Ståhl, al bajo, y Simon Dahlberg a la guitarra, dejando para el final la entrada que todos esperábamos.
Nuestra diva favorita, Cecilia Boström, apareció vestida con una camiseta blanca con muy estética adidas punk y dispuesta a arrasar con todo lo que encontrara por delante. arrancaron con “Be a Baboon” y aquello se convirtió inmediatamente en una auténtica apisonadora. “Walk the Walk”, “Holiday” y “God Bless You All” se sucedieron prácticamente sin descanso, con una banda perfectamente engrasada, un sonido espectacular y un público que desde los primeros minutos ya estaba completamente entregado.
Y es que creo que resulta hasta contraproducente ponerse a desgranar tema por tema un concierto de The Baboon Show. Sus canciones se suceden a tal velocidad y con tan poco tiempo para respirar entre unas y otras que uno termina dejándose llevar por el conjunto.
Como era de esperar, tampoco tardó demasiado en abandonar la seguridad del escenario. Al principio se mostró algo más comedida y se quedó de pie sobre la valla de las primeras filas pero poco después acabó lanzándose directamente sobre el público. Hubo además espacio para alguna sorpresa, como una versión de “War Pigs” de Black Sabbath, un tema versionado hasta la saciedad y que terminaron rematándola con el inconfundible riff de “Iron Man”.
El concierto sirvió también para recuperar bastante material de Radio Rebelde (2018). Entre esos rescates apareció “Hurray”, junto a otros temas de aquella etapa como “No Afterglow”. Cecilia aprovechó precisamente esta canción para cambiar de look, aunque esta vez hubo menos espacio para sus habituales soliloquios. Con «Oddball» se bajó al público y pidió un círculo en el suelo y con todo el mundo agachado.
Todo ello respaldado por una formación que funciona como una máquina. Niclas Svensson es una garantía tras la batería, mientras que Frida Ståhl aporta una base contundente al bajo y Simon Dahlberg parece haber encontrado rápidamente su sitio a la guitarra.
Pero si hay alguien que continúa marcando la diferencia es Cecilia. Su manera de correr, saltar, bailar, subirse a cualquier sitio que encuentre a su alcance y lanzarse sobre el público mientras sigue cantando convierte cada actuación de The Baboon Show en algo tremendamente físico. No se limita a interpretar las canciones: las vive y obliga a todo el que está delante a vivirlas con ella.
Nos dolió en su momento la marcha de Håkan Sörle, pero después de ver cómo funciona esta nueva formación, pocas dudas quedan. Simon Dahlberg ha encajado perfectamente y aporta un nuevo punto de frescura a una banda que, lejos de acomodarse con los años, continúa transmitiendo la sensación de tener una necesidad casi enfermiza de subirse a un escenario y arrasarlo.
Y eso fue precisamente lo que hicieron. Una hora de punk rock frenético, diversión y actitud, con apenas espacio para respirar y con Cecilia ejerciendo una vez más de huracán particular. Si cada concierto suyo es una fiesta, esta vez salí con la sensación de haber asistido a una de las mejores versiones de The Baboon Show que recuerdo. Y eso, tratándose de los babuinos, son palabras mayores.
Against Myself, crónica de un talento que se despide (Irene Kilmister)
Against Myself se despedían ayer de los escenarios en Leyendas del Rock, poniendo punto final a una trayectoria marcada por la evolución, el trabajo y, sobre todo, el talento. Una despedida que duele porque no llega por falta de ideas o calidad, sino por la dificultad cada vez mayor de mantener una banda activa dentro del panorama musical actual.
Uno de los grandes pilares de la formación ha sido siempre Elisabeth Amaro, cuya evolución vocal ha sido especialmente destacable. Su capacidad para combinar registros melódicos y líricos con guturales ejecutados con una precisión tremenda demuestra cuánto ha crecido como vocalista y cuánto ha evolucionado también la propia banda.
El concierto fue, por tanto, algo más que una actuación como tal. Resulta inevitable sentir cierta tristeza al ver cómo músicos con talento tienen que abandonar un proyecto que todavía podría tener mucho que ofrecer. Mantener una banda exige tiempo, dinero, sacrificios personales y una resistencia enorme, y no siempre el talento recibe la recompensa que merece. Por eso solo podemos agradecer a Against Myself estos años de música y esperar que este adiós no signifique alejarse definitivamente de los escenarios.
Ojalá volvamos a encontrarlos en otros proyectos o, simplemente, disfrutando de la música desde el otro lado de la valla.
Saratoga: un Tete Novoa con una conexión fuera de serie (Irene Kilmister)
Saratoga saltaban al escenario principal en una de las mejores franjas de la tarde y volvieron a demostrar que la formación atraviesa un momento especialmente sólido. La banda sonó compacta, potente y perfectamente compenetrada, con una ejecución técnica a la altura de un escenario de estas dimensiones. Sin embargo, después de haberlos disfrutado recientemente en Barcelona, la sensación fue algo más fría. Quizá Saratoga sea una de esas bandas que crecen exponencialmente cuando la distancia con el público se reduce y la intensidad se concentra en una sala.
Y si hay alguien capaz de romper esa distancia, ese es Tete Novoa. Su personalidad sobre el escenario es sencillamente arrolladora y su capacidad para establecer una conexión directa con el público resulta difícil de igualar. No se limita a cantar las canciones, las interpreta, las transforma y las convierte en momentos compartidos con quienes tiene delante. Durante “Lejos de ti”, ante la imposibilidad de que toda la banda pudiera acercarse a las primeras filas, Tete decidió bajar él mismo para cantar junto al público. Un gesto que resume perfectamente esa relación casi visceral que mantiene con sus seguidores.
A todo ello se suma una calidad vocal que sigue sorprendiéndonos. Tete domina los registros altos con solvencia, mantiene potencia y afinación y, sobre todo, sabe utilizar su voz como una herramienta expresiva, adaptándola a cada momento del repertorio. Su capacidad para sostener una actuación de estas características sin que la exigencia vocal le pase factura continúa siendo uno de los grandes activos de Saratoga.
El repertorio recorrió diferentes etapas con temas como “Resurrección”, “A morir”, “Hasta el día más oscuro”, “No sufriré jamás por ti”, “Inteligencia Artificial (IA)”, “Maldito corazón”, “Mi venganza”, “A toda velocidad” y “Perro traidor”, entre otros. La compenetración instrumental fue evidente, especialmente en una sección rítmica que permitió a las guitarras desarrollar toda su potencia.
El único punto que nos genera cierta duda son las continuas adaptaciones que Tete realiza sobre algunas letras. Su personalidad es parte esencial del directo, pero en determinados momentos estas modificaciones empiezan a resultar excesivas y pueden diluir ligeramente el impacto de las versiones originales. Aun así, Saratoga volvieron a dejar claro que están en un momento extraordinario y que tienen en Tete Novoa a un vocalista y frontman difícilmente sustituible.
Stratovarius nos recuerda su grandeza (J. A. Díaz)
En el Leyendas del Rock 2022, Stratovarius tuvo que tocar bajo el sol abrasador de la tarde villenera. Presentó en primicia alguno de los temas del que sigue siendo su último álbum, Survive (2022). Y ahí estuve en las primeras filas, viendo cómo Timo Kotipelto se derretía cual estatua de cera.
Es fácil intuir que alguien que se jugó la salud entonces estuviera ilusionado ante su descarga de esta edición. No sólo porque la banda finlandesa tocaba a una hora decente, como le corresponde. Especialmente, porque su setlist se anunciaba como íntegramente compuesto por temas de Episode (1996), Visions (1997), Destiny (1998) e Infinite (2000). Podemos echar en falta Fourth Dimension (1995) para completar el recorrido por su edad de oro, o añorar a un Timo Tolkki en plenitud, pero enumerar esos cuatro discos transporta a mi generación a su adolescencia.
Así que fuimos unas cuantas personas (muchas más de las que yo esperaba) las que abarrotamos el escenario Doro Pesch para empaparnos de nostalgia y de power metal de calidad. Un inmejorable aperitivo antes de recibir a Helloween en la última jornada.
Sería injusto, de todos modos, reducir el indudable éxito de este concierto al factor nostálgico. Para empezar, en primera fila había una niña a hombros cantando de memoria todas las canciones, así que no sólo de cuarentones vive la flor de lis. Y, por otro lado, los instrumentistas rindieron a un buen nivel. El maestro sueco Jens Johansson galopa a lomos de su teclado como si todavía tuviera que cumplir los sesenta.
Donde sí sirvió que el público estuviera integrado mayoritariamente por incondicionales fue para paliar lo que ya no tiene solución. La voz de Kotipelto lleva muchos años sin ser la que fue. A base de reverb y carisma acaba sacando los temas adelante, pero aunque no hubiera cantado un solo verso, muchos ni se habrían percatado. Aquello fue un inmenso karaoke.
No me convenció que sonara por megafonía la grabación de «Destiny» para anunciar que arrancaba el concierto. La transición a la música en directo fue un tanto abrupta y empañó lo que debía haber sido el momento más épico de la velada, dada la canción de la que estamos hablando. Poco a poco el público fue entrando en ella. Siguieron «Phoenix», «The Kiss of Judas», «S.O.S.», la instrumental «Stratosphere», «4000 Rainy Nights» y «Paradise».
Llegó entonces el turno de «Black Diamond», que venía con sorpresa. Subieron al escenario varias artistas para acompañar la música con una elegante performance, portando enormes candelabros, bengalas y lanzallamas. Una puesta en escena trabajada para el momento álgido del concierto.
Después de aquello, vino un timo, y no me refiero a Kotipelto, sino a «Eagleheart», que no pertenece a ninguno de los cuatro álbumes objeto de celebración, sino a Elements Pt. 1 (2003). La canción intrusa, que fue pese a todo bien recibida al tratarse de un conocido hit, dio paso a una emotiva «Forever». Durante esta balada, que según nos dijeron sólo tocarían aquí en esta gira, la comunión con el público fue absoluta.
«Legions», «Speed of Light» y una «Hunting High and Low» marcada por la interacción con el público cerraron un setlist que se defiende solo. Una hora es insuficiente para repasar todas las joyas que contienen esos cuatro álbumes, pero con lo que nos dieron lo pasamos en grande.
Daeria: Melodía y fuerza para conquistar Leyendas (Irene Kilmister)
Daeria afrontaron su paso por el New Rock Stage con una actuación que combinó la contundencia del metal moderno con su marcada vocación melódica. La formación, integrada por Ángel Ortiz a la voz, Víctor Vázquez y Carlos Sinisterra a las guitarras, Toni Nieto al bajo y Joel Marco a la batería, mostró una compenetración notable y una ejecución especialmente sólida, algo fundamental en unas composiciones que alternan riffs potentes, pasajes melódicos y estribillos de marcado carácter épico.
El repertorio pasó por “Furia”, “Maléfica”, “Miedo”, “Siete Mares”, “Fénix”, “Vive”, “Despierta”, “Animal” y “Reina de Corazones”, permitiendo comprobar cómo la banda ha ido consolidando un sonido cada vez más definido. Las guitarras tuvieron un peso importante, combinando precisión y melodía, mientras una base rítmica firme sostuvo los cambios de intensidad y permitió que la voz de Ángel Ortiz se situara siempre en primer plano.
Especialmente interesantes fueron “Animal”, “Furia” y “Despierta”, sus últimos singles y adelantos de un nuevo trabajo que ya está en proceso. En ellos se aprecia una Daeria más directa, contundente y madura, pero sin abandonar ese componente melódico que forma parte de su identidad.
El momento más emotivo llegó cuando la banda rindió homenaje a Dani White, joven figura de la escena barcelonesa recientemente fallecido a causa del cáncer. La música dejó entonces de ser únicamente espectáculo para convertirse en recuerdo, cerrando una actuación que demostró que la técnica y la emoción pueden convivir perfectamente sobre un mismo escenario.
In Flames demostrando galones
Los claros, clarísimos cabezas de cartel del día eran los In Flames, que venían después de haber dejado grandísimas sensaciones en el Rock Imperium de hace algunas ediciones y siendo capaces de dar inicio a todo con el “Colony”, con el sexteto motivado, Fridén bajo su gorra y con una producción arriesgada y lucida. Llevaban cuatro ruedas con luces en lo alto conectadas con una especie de cables de araña, pero más como una conexión sináptica neuronal.
Buen sonido y temazos del calado de “Deliver Us” o “In the Dark”, combinando luces verdes y azules, para luego que toda la escena se bañara en turquesa en “The Quiet Place”. No daban respiro, todo era nítido y estábamos ante uno de los shows más concurridos de esta edición. Tonos rojos de vuelta para el “Meet Your Maker” y tiempo para el baladón “The Chosen Pessimist”, con una especie de mitocondrias flotando en las pantallas. Chris Broderick estuvo deslumbrante en todo momento y cuando atacaron “Cloud Conected” y “Trigger”, volvimos a los tiempos de juventud.

Pero es que entre ambas piezas “se atrevieron” a tocar el “Artifacts of the Black Rain” de su segundo disco, y eso sí fue un regalo para el fan… y para el festival. “Only for the Weak” me sigue pareciendo su mejor canción hasta la fecha, pero vino sin tanta carga de teclados. Pasamos a “Forgone Pt.2” y sólo me queda calificar el concierto de ESPECTACULAR, pues si eres fan de estos suecos capaces de definir el death melódico disfrutarías de verdad.
Tramo final con “The Mirrors Truth”, la genial “I Am Above” y el “Take this Life” de salida… Hubo un wall of death organizado y a Anders se le notó un punto de fatiga en la voz, pero todo realmente anecdótico. In Flames siguen reinando y ofreciendo unos shows intensos y espectaculares, lo que en otros festivales más grandes sí llevan pirotecnia y aquí la escatiman. Show muy superior al de Rock Imperium, pero esta vez también tengamos en cuenta que fue de noche.

Mind Driller debuta con su nueva cantante
La jornada ya iba llegando a su fin y, aunque a esas horas In Flames descargaban en el escenario principal, fueron muchos los que quisieron acercarse a ver a Mind Driller. Y había varias razones para hacerlo: primero, porque son de la terreta y lo nuestro se apoya; y segundo, porque llegaban presentando a Gaia, su nueva vocalista tras la salida de Estefanía Aledo. La banda venía dispuesta a descargar toda su fuerza y agotar las pocas energías que todavía nos quedaban.
Metal y electrónica se fusionaron en una propuesta donde la música y el espectáculo visual van siempre de la mano. Sobre el escenario son hasta siete personas, incluidos dos personajes con caretas de mono que reforzaban ese componente teatral tan característico de la formación y que se pasearon entre el escenario y el público haciendo de animadores.
V Stone, Daniel N.Q. y Gaia se repartieron las voces melódicas y guturales, mientras Javix, a la guitarra, y Pharaoh, al bajo, acompañaban la descarga con una performance constante. Reimon, algo más escondido tras la batería, completaba una puesta en escena en la que siempre estaba ocurriendo algo. Incluso hubo tiempo para que Javix y Pharaoh intercambiaran sus posiciones en el escenario con guitarra y bajo.
De las tres voces, V Stone asumió buena parte de las partes más melódicas, mientras Daniel N.Q. aportó el contrapunto gutural. Por su parte, vimos a Gaia algo más comedida al principio y bastante arropada por sus dos compañeros, algo comprensible en estos primeros conciertos con la banda. Sin embargo, conforme avanzó la actuación fue soltándose e interactuando mucho más con el público. Ella misma quiso agradecer la acogida recibida, mientras que la banda también tuvo palabras para Raúl, su técnico de sonido.
Por el repertorio fueron pasando temas como “Game Over”, “Armour”, “Psycho”, “Rotten”, “The Fallout” o “A.I.”, además de “End of the World”, cuyo videoclip habían presentado recientemente. Y como un concierto de Mind Driller también tiene mucho de fiesta y espectáculo, en un momento dado enormes pelotas de playa comenzaron a volar entre el público.
La recta final todavía guardaba alguna sorpresa. Para el penúltimo tema aparecieron con máscaras, reforzando nuevamente la parte visual de su propuesta, antes de avisarnos de que aquello llegaba a su fin. Finalmente se despidieron con un efusivo “¡Muchas gracias, leyenderos!”. Buen concierto de Mind Driller, que supieron plantar cara a la dura competencia de In Flames y presentar esta nueva etapa con Gaia dejando buenas sensaciones. Un estupendo broche para cerrar.
Saurom, el juglar en casa
Siempre estamos encantados de que Saurom toquen en el Leyendas. José Gallardo “Joselito”, al bajo, es una auténtica apisonadora y se mueve constantemente al ritmo de la música. No hubo un momento en que se quedara parado. Sus compañeros no se quedan atrás, pero es imposible seguirle el ritmo.
Narci Lara hizo, una vez más, de hombre todoterreno y durante todo el concierto pudimos verle con la guitarra, la gaita, el whistle, la flauta, el violín… La verdad es que las capacidades de este hombre nunca dejan de sorprenderme. Algo más tímido estuvo Raúl a la guitarra, aunque también encontró momentos para hacerse notar y coger las riendas sobre el escenario. Antonio y Santi sostienen férreamente la retaguardia desde la batería y los teclados y mezclas. Tienen poco margen de maniobra para mostrarse en un papel más protagonista, pero no hay que olvidar que su labor es tan fundamental como la del resto.

Una de las particularidades de esta actuación fue la cantidad de invitados que fueron pasando por el escenario. Junto a Miguel Ángel Franco pudimos ver a Isra Ramos, Jorge Berceo, vocalista de Zenobia, Gazel e Isabel Amoedo, de Against Myself, aportando diferentes voces y matices al repertorio. A ello se sumó que trajeron a un coro que acompañó a los cantantes en ciertos momentos aunque la verdad no se escuchaba especialmente bien.
Precisamente Isabel Amoedo participó en “El Principito” y volvió a aparecer junto a Jorge Berceo en “Nostradamus”. Las colaboraciones enriquecieron todavía más un espectáculo que visualmente tampoco se quedó corto. Hubo espacio para acrobacias, telas aéreas y gegants, reforzando ese componente teatral y fantástico que tan bien encaja con el universo de Saurom.
Por el repertorio también pasaron temas como “La leyenda de Gambrinus” y “No seré yo”, además de “El rey que no sabía mandar”, perteneciente a su último trabajo. Una selección que permitió combinar diferentes épocas de la banda y demostrar la enorme cantidad de canciones que Saurom tiene ya para construir un directo.
«El Lazarillo de Tormes» volvió a ponernos las pilas y todo el público la cantó palabra por palabra. La historia del pobre chico ladrón nunca falla. Sin descanso se sucedieron «El carnaval del diablo» y, posteriormente, «El Círculo Juglar», que es ya una auténtica marca de la casa. Al círculo juglar cantado se unió otro entre el público, al que se sumó buena parte de los asistentes, convirtiendo una vez más el concierto en una enorme fiesta compartida entre banda y seguidores.
Un breve descanso sirvió para encarar lo que ya intuíamos que era el final. «Noche de Halloween» y «La Taberna» pusieron el broche de oro a otra gran actuación de los gaditanos.
Saurom reafirmaron que se encuentran en un momento dulce y, cada vez que los veo, sus shows parecen enriquecerse con un mejor sonido, más instrumentos, una puesta en escena cada vez más ambiciosa y ese entusiasmo que siempre les ha caracterizado. Da gusto comprobar que pasan los años pero Saurom siguen apostando por el estilo que ellos mismos acuñaron, sin dejar por ello de adaptarse y reinventarse. Espero poder coincidir con ellos de nuevo muy pronto.
Descubre más desde Stairway to Rock
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

















































































