Vindicta convierte Razzmatazz 3 en un auténtico ritual de metal

Vindicta 

12 de Julio 2026

Razzmatazz 3, Barcelona

Organiza: Madness Live

 

Olvídate de los estadios fríos y de las vallas a tres metros de distancia. Si la noche anterior en el festival Zurbarán Rock de Burgos supuso el baño de masas definitivo ante miles de almas, lo vivido en las entrañas de Razzmatazz 3 fue, sin paños calientes, el mejor concierto de la banda hasta la fecha.
Hablamos de un exorcismo musical en toda regla; un ritual a puerta cerrada ante apenas 200 devotos donde el calor humano, el sudor pegajoso y los amplificadores al límite crearon una atmósfera asfixiante y eléctrica. Aquí no hay trampa ni cartón. En este rincón oscuro de la Ciudad Condal, el quinteto demostró que no tiene el más mínimo miedo a mirar a los ojos a su pasado. Al contrario: reivindicaron y defendieron con uñas y dientes las canciones de su ex banda, plantándose en el escenario para reclamar la autoría, el sudor y el alma de unos temas que les pertenecen por derecho propio y que ahora, bajo su absoluto control, suenan más libres, crudos y cabrones que nunca.

Una velada de metal en estado puro que, sobre el papel, arrancaba fuerte. Azalea eran el complemento perfecto para abrir la noche junto a Vindicta este pasado 12 de julio; sin embargo, por estrictos motivos de agenda, nos fue imposible llegar a tiempo a la sala y, lamentablemente, nos perdimos su actuación. Nos quedamos con muchas ganas de presenciar su potente descarga y la versatilidad de su propuesta en directo, por lo que les seguiremos la pista de cerca para resarcirnos en sus próximas fechas.
Desde que se apagan las luces de la sala, la cercanía es tan bestial que puedes ver las gotas de sudor y los detalles del maquillaje de las músicas. Razzmatazz 3 se transforma de inmediato en una auténtica olla a presión. La banda arranca las cadenas de su anterior etapa sin pedir permiso ni perdón, encadenando tres trallazos incontestables que vuelan la cabeza de los allí presentes: «Forbidden Zone» abre la veda con una violencia inusitada, seguida de la demoledora «Made Her Mine» y esa oda a la tentación carnal llamada «My First Peak». El público, apretujado y eléctrico, responde al instante desatando la primera gran locura colectiva de la noche con pogos que ocupan prácticamente toda la pista. No hay espacio para respirar, y a nadie le importa.

 

 

La comunión entre el escenario y la pista es total, un magnetismo animal potenciado por la agresividad sónica de «Carnal Liberation», donde las paredes de la sala vibran como si fuera a colapsar el techo. Es el preámbulo perfecto para que la demoledora base rítmica de la banda tome el control absoluto y nos recuerde que Vindicta no ha venido a jugar. Wena Velasco (Medea) sostiene el templo con unas líneas de bajo gordas, nítidas y sumamente pesadas que se te clavan directamente en el pecho, mientras Gemma Sofia Salvatori (KaliF) se adueña de todas las miradas ejecutando un hipnótico, técnico y salvaje «Drum Solo». Gemma revienta los parches con una precisión de cirujano y una fuerza de demolición, dejando clarísimo por qué esta nueva maquinaria rítmica está a otro nivel de potencia respecto a lo que tenían antes.
Sin un segundo de tregua, el delirio místico continúa con la imponente «Make Us Proud» y una catártica «Free Yourself» que, dada la historia reciente de las componentes, resuena con una fuerza casi profética y liberadora en las paredes de la sala catalana. Cada estribillo es un puñetazo sobre la mesa. Acto seguido, la banda se saca de la manga una de las grandes sorpresas de la noche: su pesada, oscura y reverberante versión del clásico de Madonna, «Like a Prayer», convertida aquí en un himno de metal gótico y pesado que las doscientas almas sedientas de metal corean a pleno pulmón, creando un eco ensordecedor que eriza la piel. La descarga sigue sin freno con la crudeza rítmica de «Bare to the Bones», la blasfema y ruda «Father I Have Sinned» y la majestuosidad de «The Dark Messiah», el corte idóneo para cerrar el set principal en el punto más alto de solemnidad y oscuridad.

 

Tras unos breves segundos de oscuridad total, bajo un clamor que suena como si la sala estuviera llena por miles de personas en lugar de doscientas, el quinteto regresa a las tablas para dar el tiro de gracia final con los bises. Y es precisamente en el penúltimo tema de la noche cuando la puta locura se desborda por completo y se rompen todas las barreras físicas entre artista y fan. Mientras descargan la brutal y adictiva «Pleasure From Pain», Patricia (Rusalka), completamente desatada y en un arranque de pura adrenalina rockera, se anima a bajar de las tablas mezclándose directamente entre el público guitarra en mano para darse su propio e íntimo baño de masas. La guitarrista murciana se mete en el ojo del huracán, ejecutando riffs incendiarios y solos afilados a escasísimos centímetros de los rostros estupefactos y extasiados de sus fieles, que no dan crédito a lo que ven. Mientras tanto, arriba en el escenario, Amber Maldonado (Lamia) sostiene la base armónica con una solidez implacable en su guitarra, dibujando un muro sónico perfecto, al tiempo que Lilith dirige la orquesta humana desde el pequeño escenario con la majestuosidad magnética de una suma sacerdotisa que controla con una sola mirada, un gesto de mano y su imponente voz cada milímetro de la sala. Es un momento jodidamente icónico.

 

El broche de oro final llega inmediatamente después de este clímax con la interpretación de su tema inédito, «The Face of the Clown», sellando una velada histórica donde Vindicta demuestra que las grandes arenas alimentan el ego, pero es en las distancias cortas, pegajosas y sudorosas donde se forjan las verdaderas leyendas de la música. Sin embargo, el ritual no termina con el último acorde ni con el pitido de los amplificadores. Demostrando una cercanía brutal y una humildad mística con sus seguidores, la banda baja las revoluciones pero no la intensidad. Al apagarse los focos, Patricia y Amber Maldonado se quedan abajo, a pie de pista, para firmar discos, camisetas, entradas y posar pacientemente para las fotos de su nueva legión de fans. La cola de fieles es interminable y los rostros de complicidad lo dicen todo: Barcelona ha sido testigo del nacimiento de un culto inquebrantable, el de unas músicas que mandaron a la mierda la comodidad corporativa para tomar las riendas de su propio destino a base de puro metal.

 

Por Markcerock


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